A principios de esta década se produjo un desafortunado distanciamiento entre nuestra iglesia y la comunidad de rehabilitación de toxicómanos que había ido creciendo a la par. La iglesia siempre se había volcado a apoyar esa labor que sentía muy «suya», y esa desvinculación creó al principio una sensación de desconcierto, pues se echaba a faltar un proyecto de servicio al mundo donde plasmar nuestras inquietudes como cristianos. Sin embargo Dios ya había estado creando, a la sombra, una nueva salida para estas inquietudes. En los próximos meses se constituyó, a manera de ONG, la asociación «La Casa Grande - Burgos». Su principal actividad ha sido la fundación y el sostenimiento de un hogar para niños sin familia en África, concretamente en Benín. Aunque los participantes de esta asociación la constituyen a manera personal, como socios de una entidad sin fines de lucro, «La Casa Grande - Burgos» se define en sus estatutos como perteneciente a la Comunidad Evangélica Menonita de Burgos, la cual auspicia y promueve su actividad.

En estos años también se han producido algunos cambios en la dirección espiritual de la comunidad, constituyéndose el presente equipo pastoral.
A todo esto ya estamos inmersos en una segunda generación de nuestra existencia. Muchos de nuestros hijos tienen (o superan) la edad que teníamos cuando empezamos este camino que nos ha traído hasta aquí. Damos gracias a Dios por cada uno de ellos y observamos con ilusión y esperanza cómo ellos también van decidiéndose a seguir a Cristo de una manera personal, coherente y consecuente. En nuestra iglesia ya hay una variedad generacional que incluye desde personas ancianas hasta párvulos. Y como la sociedad española en general, nuestra iglesia también empieza a contener una colorida y variopinta gama de razas y nacionalidades por el fenómeno de la inmigración.

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