Año nuevo, moneda nueva
Año nuevo, milenio casi nuevo, euro a estrenar. Todas las cosas se renuevan, es ley de vida. Las cosas antiguas pasan, dejan de ser y son remplazadas por nuevas. En el Museo de Burgos hay desplegados varios pequeños tesoros encontrados al excavar los subsuelos y cimientos para construcciones nuevas en el casco antiguo de la ciudad. Hay maravedíes, reales, doblones y otras muchas monedas que hace siglos dejaron de circular como moneda corriente. Hay también, por cierto, en otra planta, monedas acuñadas por los emperadores romanos.
Nicodemo era un fariseo importante, simpatizante de Jesús. («Simpatizante», esa sí que es una palabra interesante: como casi todos hoy día, Nicodemo se sentía atraído e intrigado por las virtudes humanas de Jesús. De ahí a «mojarse» con un compromiso serio... ¡hay todo un mundo!) Vino una noche para conversar con Jesús. Jesús no le habló del milenio nuevo (que también hacía poco que estrenaban), ni de las últimas monedas de oro acuñadas por el César en Roma. No no, Jesús fue directo al grano, a lo importante:
—De verdad, de verdad te digo: Quien no nace de nuevo no podrá ver el reinado de Dios. Quien no nace del agua y del viento no podrá entrar al reinado de Dios. Lo nacido de carne, carne es y lo nacido del viento, viento es. No te extrañes de que te digo "Debéis nacer de nuevo". El viento sopla donde quiere y escuchas su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del viento.
—¡Imposible!
—¿Tú eres maestro de Israel y no sabes estas cosas? De verdad, de verdad te digo que hablo de cosas que sé y soy testigo de cosas que he visto.
Hoy más que nunca es necesario recibir con fe el mensaje liberador de Jesús. Es posible nacer del viento, dejarse llevar por lo impredecible, salirse de rutinas y atreverse a ser espontáneo para la bondad, la solidaridad y la amistad. El «viento» entendido en ese sentido es Dios mismo. La palabra que aquí he traducido así del griego se puede traducir también como «Espíritu» —o sea el Espíritu Santo.
Supongo que nos costará a todos, tal vez a algunos más que a otros, acostumbrarnos a la nueva moneda europea. Pero me atrevo a pronosticar que para el próximo fin de año todos calcularemos el valor de las cosas en euros y céntimos como si jamás hubiese existido otra cosa. Los euros y céntimos son después de todo terrenales, mundanales, materiales.
Pero ¿es acaso posible acostumbrarse también a dejarse llevar por el viento? «Nacer del Viento» no indica una experiencia momentánea ni pasajera, sino una profunda transformación de nuestra naturaleza. A todo aquel que ha nacido de nuevo, del agua y del Viento, exhorto yo hoy, al empiece de un nuevo año: ¡Déjate arrastrar por el Viento de Dios adonde él quiera llevarte este año 2002!
Dionisio Byler, Boletín CEMB Nº 74, enero 2002 |
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