Cinco disciplinas para una vida cristiana normal
Disciplinas. Una palabra que suena a castigo, y que sin embargo es todo lo contrario. Las disciplinas son aquellas medidas que se imponen para conseguir una meta, generalmente una virtud muy anhelada.
Estoy convencido, no me cabe la menor duda, de que la pesadez espiritual que aqueja a tantísimos cristianos no se debe a siniestros ataques demoníacos, ni tal vez a grandes pecados profundamente corrosivos para la espiritualidad. Se debe sencillamente a la dejadez, la falta de disciplina, el ir siempre a lo fácil, la regla del mínimo esfuerzo. Con la excusa de la pretensión de que la vida cristiana debe ser siempre «espontánea», «natural», muchos cristianos bien intencionados se dejan arrastrar por los estados de ánimo de su carne, privándose de aquellas disciplinas, aquellas virtudes hechas hábito por el mucho esfuerzo, que podrían llenar de poder y dinamismo su relación con Dios.
Si estas cinco disciplinas, estos cinco hábitos naturales a todo cristiano «normal», no son habituales en ti, lo que tú más necesitas no es que «te ministren», ni que venga un forastero a tirarte al suelo con el poder de sus oraciones (por mucho bien que ello sin duda te haría). ¡Vergüenza debería darte quedarte de brazos cruzados esperando a que aparezca por aquí un «hombre de Dios» para darte una infusión del poder espiritual que debería ser tuyo por derecho propio! Poder que será tuyo si te dedicas a las disciplinas normales, ¡en absoluto extraordinarias!, que se encuentran presentes, sin excepción, en las vidas de todos los cristianos medianamente maduros.
¡Basta ya de excusas, de cuentos, de papanatismo espiritual! Que nadie alegue que se siente un enano raquítico en las cosas de Dios, incapaz de aprender a ser un cristiano normal, es decir disciplinado. ¡Dios mismo tiene metas para todos sus hijos sin excepción, metas dignas de gigantes victoriosos, metas que él piensa conseguir por su poder y su gracia que actúa en cada uno de nosotros!
El Apóstol Pablo compara la vida cristiana con la de un atleta, que para poder competir entrena a diario con una disciplina férrea. Claro está que un atleta «espontáneo» jamás ganará el premio en una competición. Alternativamente, Pablo compara la vida cristiana a la del soldado. Supongo que si el soldado hiciera lo que le viene «natural», saldría corriendo antes de meterse en la batalla. Cuando todo su ser reclama ponerse a salvo del peligro, disfrutar de la vida con sus padres, o con su mujer y sus hijos, el soldado se somete a la disciplina militar y hace lo que sabe que es su deber, por poco natural y espontáneo que le resulte.
¡Adelante, entonces! Si de verdad te lo propones, el Espíritu Santo que mora en ti, que ha hecho de tu cuerpo su Templo, te dará la fuerza interior para que estas cinco disciplinas lleguen a ser algo habitual en ti.
Biblia: Leerla cada día, procurar comprenderla, meditar y aprender versículos de memoria, obedecer.
Oración: En tiempos fijos diarios y en todo momento, alabanza, petición, escucha, oraciones hechas.
Desprendimiento: Diezmos, generosidad, despreocupación confiada en Dios, fidelidad en el trabajo para tener qué dar.
Arrepentimiento: Confesión, disposición a cambiar, reconciliación con el prójimo, humildad de corazón.
Iglesia: No faltar a reuniones, participación activa, compromiso fraternal, amor y unidad.
Dionisio Byler, Boletín CEMB Nº 51, noviembre 1999 |
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