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Cuando el Papa pide perdón

El 12 de marzo, en una misa en la Basílica de San Pedro, el Papa pedía perdón por los pecados cometidos por los católicos a través de los siglos contra personas de otras convicciones religiosas.

Consultado al respecto, el obispo Joseph Martino aseguró que aunque no hubo mención específica de los menonitas, ellos debían darse claramente por aludidos: «No quisiera que los menonitas pensaran que no se estuviese pensando en ellos». Martino es el obispo de Filadelfia, en el estado norteamericano de Pennsylvania, donde se encuentra una de las mayores poblaciones de menonitas de todo el mundo. También preside la delegación nombrada por el Vaticano para una serie de encuentros anuales que se vienen celebrando desde 1998 entre menonitas y católicos. Estos encuentros, que se prevé continuarán hasta el 2002, procuran superar los prejuicios mutuos que existen entre estas dos confesiones cristianas.

Helmut Harder, un teólogo canadiense que preside la delegación menonita, opina lo mismo que Martino sobre las disculpas pedidas por el Papa. Refiriéndose a la mención de «hermanos separados» y a la Inquisición, Harder dice que los menonitas «nos encontramos entre las personas a quienes se dirigen».

Nunca antes se había dado el caso de que la máxima autoridad de los católicos pidiera perdón públicamente por los pecados de los miembros de esa iglesia, incluso por pecados cometidos en el nombre de la iglesia.

—No podemos más que reconocer las infidelidades al evangelio cometidas por algunos de nuestros hermanos, especialmente durante el segundo milenio —dijo el Papa en su homilía—. Pidamos perdón por las divisiones que han ocurrido entre los cristianos, por la violencia que algunos han empleado en el servicio de la verdad y por las actitudes de desconfianza y hostilidad sostenidas a veces para con los que siguen otras religiones.

Tales palabras suscitan la cuestión de cuál debería ser la respuesta de los menonitas. «La petición de perdón no pretendía conseguir nada de nadie», aclaró Martino. Pero Harder cree que deberíamos plantearnos si procede que los menonitas expresemos el perdón y también pidamos perdón. «En el fondo —dice Harder— el Papa reta a todos los cristianos a ser un pueblo que sabe perdonar».

El indonesio Mesach Krisetya, presidente del Congreso Mundial Menonita, opina que el Papa ha dado un ejemplo que otros deberían seguir: «Creo que pedir perdón es la única arma que puede resolver los problemas del mundo». Sin embargo Krisetya reconoce que es difícil que las disculpas pedidas por el Papa acaben con los sentimientos de desconfianza que albergan muchos menonitas de diversas partes del mundo en relación con los católicos. «Muchos creen que sus palabras no reflejan un verdadero arrepentimiento», añade.

Según Krisetya, es posible que el Concilio General del Congreso Mundial Menonita, a celebrar en julio en Guatemala (Carmen Ochoa, de Burgos, será la delegada española) debata la posibilidad de dar respuesta a las disculpas papales.

Es difícil pronosticar cuál sería el sentido de una hipotética respuesta menonita. Dos pastores menonitas en Alemania, Frieder Boller y Wolfgang Krauss, ya han redactado un borrador en el que se manifiestan bastante críticos de las palabras del Papa. En la opinión de ellos, Wojtyla no dijo nada acerca del tema de fondo, el de la relación estrecha entre la iglesia y el poder político y militar, que data desde la conversión del emperador Constantino al cristianismo en el Siglo III. Relación que condujo directamente a la persecución de quienes expresaban opiniones discrepantes.

«Se trata de un problema de crímenes cometidos a una con el estado y otros poderes. Crímenes no sólo cometidos sino planificados conjuntamente —escriben—. Con el fin de asegurarse el poder y la autoridad la Iglesia Católica, como institución, siguió esa política durante un siglo y medio.»

¿Qué hubiera pensado el mundo si una vez derrotado el régimen nazi, el gobierno alemán hubiera pedido disculpas por «las infidelidades» que «algunos alemanes» cometieron por exceso de celo «en el servicio de la verdad»? Lo que tiene la Iglesia Católica en su haber no son los meros excesos bien intencionados de unos pocos particulares. Al margen de lo que padecieron los menonitas, la historia del contubernio entre iglesia y estado supuso siglos y siglos de opresión sistemática y oficial, con resultado en incontables torturas y muertes, familias destrozadas, emigraciones de multitudes de refugiados. Fue la tiranía de quienes se dedicaban a exterminar a los que osaron pensar por cuenta propia. Fue una cultura trasmitida de generación en generación, dedicada a cercenar los derechos humanos en el nombre de la religión.

Aquellos días ya pasaron, por la misericordia de Dios. La Iglesia Católica de hoy ya no es la de entonces. Quizá nada demuestra el cambio tanto como estas disculpas papales, por mucho que uno pueda pensar que Wojtyla no se acaba de enterar de lo pasmosa que fue la apostasía contra el evangelio que protagonizó en el pasado la institución que él hoy preside. La misma ingenuidad bonachona y superficial de su petición de disculpas es una buena señal. Uno acaba por querer creer que este ancianito de verdad lloraría de dolor y espanto si se atreviese a considerar los terrores infernales que presidieron a sabiendas sus predecesores. Este gesto augura, tal vez, un futuro de reconciliación y de respeto mutuo entre el catolicismo y las demás confesiones cristianas.

¿Perdonar? Hoy no hay nada que perdonar. Aquellos perseguidores del pasado ya fueron perdonados en su día por sus víctimas, que como Jesús en la cruz, partían de este mundo gimiendo «¡Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen!» El papa Wojtyla no ha perseguido a nadie, que se sepa, ni somos víctimas de nadie los menonitas de hoy. Dejando atrás el pasado de tan tristes tinieblas, podemos entre todos construir un futuro mejor. Demos gracias a Dios por el hecho de que hoy día se puede discrepar con la doctrina católica tan profunda e intensamente como discrepamos, sin peligro para nuestras vidas. Estrechemos entonces hoy, sin resquemores ni reservas, la mano fraternal que nos ha sido tendida.

Dionisio Byler (Las opiniones de los últimos párrafos son de D.B.; el reportaje fue escrito por Rich Preheim para the Mennonite (9 mayo 2000), traducido y refundido para el boletín por D.B.) Boletín CEMB Nº 58, junio 2000