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El amor rompe la maldición

Uno de los efectos de la caída en el Edén, una de las maldiciones que le tocan concretamente a la mujer junto con los dolores del parto, es que «tu deseo será hacia tu marido». Génesis 3.16.

En el Cantar de los Cantares 7.10(11) hay una frase casi idéntica, pero con el sentido contrario. Aquí, «su deseo [de él] es hacia mí [ella]». Inmediatamente a continuación ella toma la iniciativa; en los versículos siguientes (Cant. 7.11-13) es ella la que decide qué es lo que han de hacer los dos.

¿Cómo saber si el autor (o la autora) del Cantar estaba haciendo una cita consciente de Génesis 3.16? Casi más probable es que se trate de una simple coincidencia. Consciente o no, el efecto es de defender que en una verdadera relación de amor, la mutualidad y el compromiso mutuo son más fuertes que la maldición del Edén. Que es posible resistir la maldición, luchar contra ella y vencerla, logrando una relación esposa-esposo de equilibrio y mutualidad, más que de dominio y poder.

¿Ofende la sensibilidad espiritual este concepto de lucha contra la maldición edénica? ¿Acaso no nos parece natural tomar medidas contra el dolor excesivo en el parto? ¿Es acaso una blasfemia utilizar un tractor o trabajar en una oficina, minimizando así «el sudor de tu frente» de la maldición de Adán?

Si el efecto de la frase en Génesis es que «él tendrá dominio sobre ti» (o «se enseñoreará de ti»), en Cantares el efecto de la frase empleada por la mujer es restaurar la mutualidad y el equilibrio de fuerzas, un equilibrio basado en el amor. No es que ella ahora domine o se enseñoree de él, puesto que la frase anterior dice claramente «Yo soy de mi amado».

«Yo para mi amado y hacia mí su deseo» es la armonía total. Incluso antes de Cristo, como premonición precoz de la obra y las actitudes de Cristo, la maldición del Edén pierde su efectividad en el matrimonio que se basa en el amor. En Cristo, ya nadie será nunca más «señor» de nadie.

Dionisio Byler, Boletín CEMB Nº 3, verano 1995