¿En qué condiciones fue el Nacimiento?
Este año me hice con un rebaño de ovejas. Y cabras. Dos cabras y diez ovejas. Para el belén, claro. Poco a poco, año a año, el asunto va tomando forma. A ver si el año que viene por fin desembolso lo que piden por un portalito que haga juego con todas las demás piezas que hemos ido acumulando.
Claro que el tópico ese del portalito no sé de donde viene. De la Biblia está claro que no. Ni portalito ni intemperie ni qué hablar de una cueva en las colinas cercanas a Belén.
¿Dónde nació entonces Jesús? Dice Lucas (2.7) que María «dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el katályma».
Antes de poder hacernos una idea de dónde pudo nacer, será necesario ver qué fue ese lugar donde no pudo nacer porque se hallaba ocupado. Las traducciones que tengo a mi alcance ponen unas mesón, otras posada, pero la traducción más normal de katályma hubiera sido algo así como «cuarto, habitación, alojamiento», y concretamente una «habitación para huéspedes». En el capítulo 10 Lucas emplea la palabra normal para referirse a un establecimiento cuyo negocio es alojar huéspedes. Allí el buen samaritano recoge al herido y lo lleva a un pandojeîon. El pandojeîon era, como todo el mundo sabía, una posada. Las había en la antigüedad en todas las carreteras principales, que en tiempos del Cristo hubieran sido fundamentalmente las carreteras romanas.
Por la pequeña aldea de Belén no pasaba ninguna carretera de estas características. Tampoco nos consta en la historia bíblica, Antiguo ni Nuevo Testamentos, que allí jamás hubiese habido posada. Que no se la mencionase no quiere decir que no la pudo haber, por supuesto. Pero Belén hubiera sido un lugar harto extraño para poner una posada. Aparte de no estar situada sobre una carretera importante, quedaba demasiado cerca de Jerusalén como para que tuviese sentido. El viajante que llegara hasta allí podía apurar el paso y en algo más de media hora estar en disposición de pasar la noche bajo la protección de las murallas de la ciudad.
Siendo esto así, debemos suponer que lo que escribió Lucas fue que no hubo lugar en «el cuarto para huéspedes». Ahora bien: sabemos que donde nació Jesús había un pesebre, ya que allí le acostó María. ¿Indica esto un establo u otra estructura construida expresamente para animales? No necesariamente. Sabemos que aquí en Castilla las casas de pueblo solían tener cuadras en la planta baja, mientras que la familia vivía arriba. Las casas de la antigüedad en Palestina eran aún más rústicas. Solían constar de dos únicas habitaciones. La principal era un salón que compartían la familia y sus animales. La familia echaba sus esterillas sobre una especie de tarima de madera algo más alta que el nivel del suelo, que ocupaba el fondo de la casa. En la sección que quedaba para los animales estaba dispuesto un largo pesebre de piedra a lo largo de una de las paredes.
¿Y la otra habitación? Hasta nuestro propio día y nuestras propias latitudes llega la fama de la hospitalidad del Medio Oriente. Efectivamente, la segunda habitación con que disponían no todas, pero sí un gran número de las casas palestinas de entonces, era la «habitación para huéspedes», la katályma que menciona Lucas 2.7 y que nos han traducido mal como «mesón» o «posada».
La situación que describe Lucas entonces es esta: La familia donde se alojan José y María tiene ocupada la habitación para huéspedes, por lo que María comparte la habitación de la familia anfitriona. Allí tiene a mano el pesebre donde poner al niño, seguramente porque sobre la tarima ya duermen tantos que corre peligro de que le aplasten.
¿Cuál pudo ser la identidad de la familia donde se alojaban María y José? Ninguno de los evangelios lo pone. Pero está claro que se trata de alguien que les considera «familia», o por lo menos más cercanos, más íntimos, que esos otros que ocupaban la habitación para huéspedes. El hecho de que todo el mundo se sintiera más cómodo compartiendo habitación con una parturienta que dejándole la otra habitación indica un muy elevado grado de intimidad y familiaridad. Sabemos que José se censó en Belén porque su familia era de ahí. Bien pudieron haber quedado José y María donde los padres de él, o con alguna hermana de su madre, con un hermano suyo...
Esto quiere decir que tenemos que sacamos de la cabeza de una vez por todas la idea de José y María que llegan a Belén una oscura noche de invierno, dando lugar a que José busca desesperadamente un sitio para pasar la noche, cualquier cosa, mientras María sobre el burro tirita de frío y cuenta los minutos entre las contracciones que le vienen cada vez más intensas y frecuentes.
No hay nada en el relato bíblico que indique tal situación. Dice Lucas 2.6 que «mientras estaban allí (en Belén), se cumplieron los días de su alumbramiento». Podían haber llegado una o dos semanas antes.
O un mes. Teniendo en cuenta el estado de gravidez de María y el hecho de que José tenía familia en Belén, sería lógico suponer que hubieran hecho el viaje desde Nazaret dos, tres meses antes. Sabemos que José era un artesano. No estaba atado a la tierra como los agricultores. Bien pudo haberse ausentado de Nazaret varios meses, consiguiendo trabajo bien en Belén mismo con su familia o en Jerusalén, que no quedaba muy lejos y donde Herodes construía un colosal templo.
De hecho, nada en estos relatos nos impide pensar que José y María, coincidiendo con el viaje forzoso ocasionado por el censo, pudieron haberse marchado a Belén pensando instalarse permanentemente allí. Mateo no sabe nada de un desplazamiento desde Nazaret a Belén en torno al nacimiento. Él da a José y María por perfectamente instalados en Belén. Según Mateo es tan sólo después del regreso desde Egipto y porque les queda aún algo de temor respecto a Herodes hijo, que la familia se traslada a Nazaret. El hecho de que quedaban con parientes en lugar de instalarse en su casita propia no niega esta posibilidad. Los evangelios nos indican que José y María esperaron para establecer una vida familiar normal hasta después del nacimiento de Jesús.
Y bien, hermanos, ¿qué importa todo esto?No gran cosa, admito, pero me hago la siguiente reflexión, por lo que pueda valer:
Holgadamente asombroso es que el Hijo de Dios viniera al mundo a una familia campesina, sin que nosotros con nuestros arrebatos de imaginación piadosa, hagamos del nacimiento un drama de novela negra. Puestos a imaginar detalles, prefiero pensar que cuando dio a luz, María estaba rodeada de mujeres que la amaban y la atendieron con auténtico interés, en un ambiente familiar, cálido, hogareño y cómodo. Por las evidencias que vemos en cómo les salió su hijo, hemos de pensar que José y María supieron ser padres previsores y cuidadosos, brindándole un ambiente familiar cálido y afectuoso. No parecen haber sido unos atolondrados, sino una pareja digna de la responsabilidad con que Dios les honró.
Dionisio Byler, Boletín CEMB Nº 31, enero 1998 |