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Guiar y seguir: ¿Un gozo o una aflicción?

La buena comunicación es crítica para conservar la vitalidad de nuestra vida en común.

En nuestras comunidades, son los ministerios de pastor y anciano (o diácono), los llamados a «cuidar del rebaño de Dios que os ha sido encomendado, ejerciendo la supervisión, no por obligación sino voluntariamente, conforme al deseo de Dios» (1 Pedro 5.2).

El llamado a servir como pastor o anciano en la iglesia viene de Dios y se pone a prueba y fomenta en la comunidad. El sentido interior de llamamiento que experimenta un aspirante al ministerio se somete a la comunidad para su mayor discernimiento a fin de que la persona y la comunidad puedan llegar a un sentido claro de la dirección de Dios. De esta manera, los pastores y ancianos pueden emplear sus dones con gozo en el servicio de la comunidad, y las comunidades pueden reconocer y recibir con gratitud el don de los líderes que vienen de Dios.

Según Hebreos 13.17, la obra del ministerio en la comunidad se puede realizar con gozo o bien con aflicción. A veces los pastores y ancianos se preparan su propia aflicción por una manera incorrecta de relacionarse con los demás o por un estilo de liderazgo ineficaz. Sin embargo a veces es la comunidad la que genera la aflicción por su manera de responder cuando los pastores y ancianos intentan realizar de verdad aquella obra a la que han sido llamados, la obra de guiar y dirigir. Como dijo alguien, «yo creo que es necesaria la dirección. para los demás». Tanto como los pastores y ancianos necesitan aprender cómo ser guías eficaces, las comunidades necesitan aprender cómo ser seguidoras eficaces.

Seguir es fácil y guiar es un gozo cuando todos están de acuerdo. La prueba determinante viene cuando surgen los desacuerdos. Demasiadas veces el desacuerdo entre el pueblo y los líderes de la comunidad se vuelve negativo no por causa del desacuerdo en sí (no es justo esperar que todos deban estar siempre de acuerdo) sino por la manera que se aborda el desacuerdo. El desacuerdo suele degenerar en contienda y tensiones en la comunidad, apartando nuestra vista de la visión de extender el reino de Cristo. Existe una manera de abordar los desacuerdos de tal manera que no distraigan de su objetivo unánime a la comunidad.

A veces surge tensión entre los miembros de la comunidad y sus líderes por causa de sentimientos heridos, quizá por malentendidos o por comentarios y acciones hirientes. En ese caso ambas partes se encuentran bajo la obligación bíblica de abordar el asunto de una manera propia de cristianos, comprometidos al diálogo. El patrón bíblico y la recomendación de la Iglesia Menonita coinciden en exigir que se hablen las cosas cara a cara con la otra persona (véase Mateo 5.23-24; 18.15-20). Abrirse así al diálogo brinda una oportunidad para que se aclaren las cuestiones de fondo y se pongan a prueba las ideas preconcebidas. Muchas veces reaccionamos basándonos en lo que nos imaginamos que piensa o siente la otra persona, o las motivaciones que nuestra imaginación le atribuye para haber actuado o hablado como lo ha hecho. Pero es imposible saber lo que otra persona está pensando o sintiendo sin poner a prueba lo que nos hemos imaginado, mediante un diálogo abierto y honesto. Compartir estas cosas cara a cara, aunque supone un riesgo y muchas veces tememos hacerlo, crea una oportunidad para la confesión, el perdón y la restauración de la relación. Ya que es imposible evitar todas las heridas y los malentendidos que pueden surgir en nuestra vida como comunidad, cultivar un diálogo eficaz, lo cual significa hablar las cosas cara a cara y saber escuchar, es indispensable para conservar la vitalidad de nuestra vida en común.

Los sentimientos heridos no son siempre el punto de contienda entre los líderes y los miembros de la comunidad. A veces una persona sencillamente no está de acuerdo con la dirección en que los pastores y ancianos quieren guiar a la comunidad. ¿Qué deben hacer las personas que se encuentran en desacuerdo con los líderes de la comunidad?

1. Estudiar: Ya que el punto de partida es la convicción de que nuestros líderes han recibido dones de parte de Dios y han sido llamados y comisionados por Él para comprender y comunicar la verdad y la voluntad de Dios, quien se encuentre en desacuerdo con ellos antes que nada deberá estudiar la Biblia y orar, pidiendo a Dios una mentalidad bíblica, rogándole que manifieste su verdad y delate cualquier espíritu de «rivalidad o vanagloria» (Filipenses 2.3) que podría afectar la situación. En este texto de Filipenses, Pablo también pide humildad, lo cual exige que nos abramos a la posibilidad de que necesitemos recibir ajustes o correcciones en nuestra manera de pensar. El Espíritu Santo puede realizar tales ajustes si nos entregamos al estudio y la oración.

2. Escuchar: Si después de dedicar una temporada al estudio y la oración las personas siguen convencidas de que los líderes no están mostrando sabiduría o que la dirección o mentalidad de sus líderes no es auténticamente bíblica, entonces deben —con mucha oración— emprender el siguiente paso, que una vez más es el del diálogo. Vete a los líderes y pídeles que te expliquen cómo es que lo ven ellos. Comparte con ellos tu desacuerdo y buscad juntos el corazón de Dios para que él conceda una mayor claridad. Este paso es importantísimo por el mero hecho de que los líderes no son infalibles. A veces promueven sus propias prioridades o no acaban de entender la guía de Dios respecto a algún particular. La vocación del pueblo de Dios es estar siempre discerniendo. Dios bien puede valerse de los diversos miembros de la comunidad para hacer que los líderes se ajusten más a los planes que Él tiene para ella.

3. Orar: El diálogo abierto y eficaz puede que resuelva el desacuerdo y puede que no. Los líderes pueden sentirse obligados a mantener su postura. Supongamos que una persona se entera bien de los motivos y la base bíblica que inspiran el punto de vista del líder y sin embargo sigue sin estar de acuerdo. ¿Es entonces la única opción la de hacer las maletas e ir en busca de otra comunidad? ¡Dios nos guarde! Los lazos de amor que nos unen en comunidades no deberían poder romperse tan fácilmente. El camino más cristiano es el de la oración diligente, ferviente y perseverante. Ora por los líderes, que Dios abra sus corazones y mentes a mayores verdades y a la más pura dirección del Espíritu Santo. Pide lo mismo para ti también. Ruega por otros, pidiendo que Dios desate verdad, sabiduría y discernimiento sobre toda la comunidad.

Nunca se sabe qué es lo que Dios pueda llegar a hacer por causa de un compromiso así con la oración.Dios está más interesado que nosotros en la verdad y en una dirección justa para la iglesia.Después de todo, la iglesia es el cuerpo de Cristo, sus manos y pies actuando sobre la tierra.Dios quiere que la iglesia mantenga el norte y permanezca centrada.Toda oración rogando que los líderes conozcan y obedezcan la verdad es una oración conforme a la voluntad de Dios.Si Dios es capaz de levantar y derribar a los reinos de este mundo, no cabe duda de que será capaz de brindar a sus hijos la oportuna corrección.

Sin embargo, muchas veces somos impacientes. Como no estamos convencidos de que Dios de verdad vaya a hacer a tiempo lo que hace falta, nos tomamos las cosas por cuenta propia y nos empeñamos en nuestros esfuerzos por hacer que las cosas se hagan como pensamos que deberían hacerse. Son demasiado frecuentes las veces que el resultado no trae más que dolor. La oración es un camino mejor. El Salmo 37.5 pone, «Encomienda al Señor tu camino, confía en él que él actuará». Sobre todo, debemos rogar a Dios que Satanás no nos distraiga del llamado que nos hace Dios, junto con toda la comunidad, a conservarnos «en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio» (Filipenses 1.27).

Bien es cierto que habrá algunas situaciones donde quizá resulte inadecuada la manera que aquí se sugiere de abordar los desacuerdos y las heridas. En aquellas situaciones donde ha habido un claro abuso de poder, como por ejemplo una insinuación sexual por parte del líder, normalmente no será posible enfrentar las cosas a solas, en un diálogo cara a cara. Las víctimas de tales abusos tendrán que contar su experiencia a personas de confianza que puedan hacer de portavoces para ayudarles a enfrentarse a quien ha incurrido en la falta.

Para la mayoría de las situaciones, sin embargo, el compromiso de la comunidad a emprender el diálogo y la oración perseverante manifestará la realidad de una comunión envidiable y ayudará a los líderes a hacer con gozo aquello para lo cual han sido llamados, lo cual redundará en mayor provecho para toda la comunidad. Y ayudará al pueblo a conservar la unidad de mente y espíritu, para centrarse en la expansión del reino de Cristo.

[Marlin Birkey es pastor de Ashton Mennonite Church, de Sarasota, Florida, USA.Este artículo apareció en inglés el 23 de enero en The Mennonite.Tradujo: D.B.] Boletín CEMB Nº 67, abril 2001