Hacienda y yo
Es hora de hacer cuentas… con Hacienda. Pues mira por donde, que si se tratase de hacer cuentas con Dios me parecería más sencillo. Con eso de que el amor cubre multitud de pecados, pero… no, eso con Hacienda no vale y aquello de la misericordia tampoco.
Recojo mis papeles, ¿tengo todos los certificados de retenciones? Pongo el ordenador en marcha y el programa «Renta 95» y venga a meter datos.
Ingresos, retenciones, deducciones… en fin todo un lío. Tengo prisa por llegar al final. ¿Cuánto tendré que pagar? Reviso y me estudio bien las deducciones. Está claro que a la hora de pagar soy minimalista, eso sí, si hay que cobrar entonces me convierto en maximalista. Será porque soy una persona de lo más normalita.
¿Soy normal? Pues creo que sí, aunque hay quien piensa que ser cristiano es de anormales. Ah, a todo esto: ¿qué tendrá que ver el ser cristiano con los impuestos? Ya empezamos con los líos… Si como seguidor de Jesús me tomo en serio aquello de que «Vuestro sí sea un sí, y vuestro no un no; lo que pasa de ahí es cosa del Malo», parece claro que de ocultar, distorsionar o mentir a la Agencia Tributaria nada de nada. Hombre, eso tiene que ver mucho con ver a Dios: hace falta ser un limpio de corazón.
Y puestos en las bienaventuranzas ¿qué pasa con la justicia? Pagar impuestos es bueno. Y si no… ¿no es bueno tener una sanidad pública para todos? Pshh sí. ¿Y tener una educación pública para todos? Pshh sí. ¿Y tener buenas autovías? Pshh sí. ¿Y tener un ejército profesional? Pues… sí es bueno… ¿Eh? ¿Pero qué digo? Aunque fuese bueno, Dios llama hijos suyos a los que trabajan por la paz. ¿Puedo trabajar por la paz y dar dinero para la guerra? Me parece que es difícil estar en dos bandos a la vez. No, si… por pensar siempre estoy metiéndome en líos. Está claro que elegir ser discípulo de Jesús me lleva al sendero de la paz y a… follones con la Agencia Tributaria. Ser objetor fiscal no está reconocido por la ley (tampoco es fuera de la ley). Bueno, tendré que preparar un testimonio para adjuntar a mi Renta «rogándoles» que no usen el dinero de mis impuestos para… ¿Eh? ¿Pero qué es esto? El programa Renta 95 me indica que este año no tengo que pagar un duro a Hacienda. ¡Vaya hombre, no puedo ser un colaborador económico del Estado! ¿Y para esto tanto follón? Si Dios le da tiempo a la fruta para madurar… ¿por qué no el próximo año?
Daniel Costas, Boletín CEMB Nº 12, junio 1996 |