La esperanza de Isaías
¡Mira! Esta chica que está embarazada dará a luz un hijo y le pondréis por nombre Immanu El —es decir, «Con nosotros está Dios». —Isaías 7.14 (del hebreo: D.B.)
«Consolad, consolad a mi pueblo —dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén y decidle a voces que su lucha ha terminado, que su iniquidad ha sido quitada, que ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados». —Isaías 40.1-2 (BAm)
Con estas palabras el libro de Isaías anuncia una nueva era de esperanza y de reconciliación con Dios. Isaías vivió en tiempos turbulentos y violentos, llenos de guerra y maldad. Sin embargo el rollo o libro de Isaías probablemente se encuentra entre los que más influencia ejercieron en Jesús, en cuanto a la definición de su propia identidad y labor. Porque Isaías fue capaz de encontrar en todo y a pesar de todo, un mensaje de esperanza e ilusión.
«Y brotará un retoño del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto.Y reposará sobre Él el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Se deleitará en el temor del Señor, y no juzgará por lo que vean sus ojos, ni sentenciará por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío. La justicia será ceñidor de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. El lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito; el becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, y un niño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra, y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora. No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor, como las aguas cubren el mar». —Isaías 11.1-9 (BAm)
Era tal la esperanza de Isaías en una era de justicia y equidad como jamás antes se había visto sobre la faz de la tierra, que sus palabras parecen pura fantasía: La mismísima naturaleza del mundo animal —tantas veces tan cruel en su fría necesidad de alimentarse unos de otros— se vería trastornada. Aunque tal vez Isaías escribía aquí en parábola, sobre un milagro no menos sorprendente: Que las personas con personalidad y hábitos que perjudican y destruyen al prójimo serían transformadas en su fuero interior y todos aprenderíamos a vivir en paz unos con otros gracias a la obra de Dios en nuestras vidas.
«El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos. [....] Porque toda bota que calza el guerrero en el fragor de la batalla, y el manto revolcado en sangre, serán para quemar, combustible para el fuego. Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto». —Isaías 9.2-6 (BAm)
Estos días de frío invierno, cuando alegramos nuestros corazones con luces multicolores y melodías festivas, no olvidemos soñar los sueños de esperanza de Isaías: Sueños de que un día será posible, por el Mesías Jesús, vivir en armonía y justicia, equidad y reconciliación unos con otros.
Dionisio Byler, Boletín CEMB Nº 73, diciembre 2001 |
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