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La iglesia como comunidad

«La vida contemporánea sólo podrá construirse y vivirse como plenamente humana en el contexto de una comunidad de fe. La iglesia debe reformar su vida para convertirse en una comunidad para la humanización de las personas y de la vida social». Esta es una de las tesis de J. H. Westerhoff en su articulo «La iglesia y la familia» que recientemente leímos los que estamos en el curso de Terapia Familiar.

Nuestra sociedad está tan fragmentada que la familia nuclear ya no es suficiente para entender el término familia. Hay muchas personas solas, madres solteras, matrimonios que necesitan una comunidad para estabilizarse. Nos damos cuenta que muchas personas que se acercan a la iglesianecesitan ayuda como familias o necesitan una familia que les acoja, o necesitan crear una familia alternativa, que provea a sus necesidades fundamentales de orden, economía, seguridad, estabilidad, educación, apoyo, etc. Muchas de estas personas no podrán tener una vida íntegra, digna y sana si no es en el marco de una comunidad. De ahí la necesidad que tiene la iglesia de plantearse la creación de núcleos familiares con personas que estén capacitadas para ello y que acojan y convivan con quienes necesitan una familia alternativa para recomponer sus vidas y superar sus problemas.

La iglesia cristiana tiene los medios suficientes para llevar a cabo la tarea de reformar sus estructuras y adaptarlas a las necesidades de la sociedad moderna, atendiendo sobretodo a los que sufren las consecuencias de los efectos destructivos de esta modernidad. En la iglesia hay suficientes recursos para ejercer el ministerio de acogida, sanidad interior, consejería, seguimiento, etc. A menudo en la iglesia hay también empresas, o habría que crearlas para proveer medios económicos y trabajo a los que lo necesitan.

Hacen falta también lugares específicos, ya sea en pisos o en casas grandes, donde poder organizar diferentes estilos y modalidades de vida comunitaria de carácter familiar. Lo más importante son las personas con visión, dispuestas a responder a este llamado y listas a pagar el precio personal y familiar para poder llevar a cabo este objetivo de crear familias para los sin familia.

La iglesia debe ser como una familia extendida o una familia tribal que provee lo necesario para un crecimiento armonioso de cada familia y también para los que no tienen familia. La misma dinámica de la vida de la iglesia en su organización de programas y actividades debe poner el énfasis en «la iglesia como familia», con momentos sociales, comidas, excursiones, vacaciones y todo tipo de encuentros y convivencias que hagan posible una comunión íntima y una ayuda mutua de todos con todos o al menos de los más posibilitados con los más necesitados.

Según Westerhoff «necesitamos una comunidad más amplia que nos ayude en los momentos de necesidad, que nos ayude a conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas, para ser perdonados y reconciliados, a fin de que podamos crecer en nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con nuestro prójimo y con el medio ambiente. Esta comunidad de fe no es un sueño idealista, sino la realidad a la que Dios nos está llamando. Para que nuestras iglesias institucionales sobrevivan y respondan a las necesidades de la gente de nuestro tiempo tienen que transformarse en comunidades. La iglesia necesita proporcionar una calidad de vida y de experiencia esencialmente diferente de la vida en la sociedad».

Existen iglesias comunitarias de todo tipo. Hay algunas donde todos viven en comunidad de vida. Otras llevan a cabo toda su vida comunitaria con encuentros regulares para comer y convivir juntos. Las hay que tienen varios métodos de compartir recursos. Existen también iglesias que admiten en su seno estilos de vida comunitarios de diferentes grados de intensidad. Todas estas y otras formas son válidas para poder proveer de un ambiente familiar a los quelo necesitan.

Como vemos en el libro de los Hechos después de Pentecostés, la iglesia primitiva respondió al desafío de acoger a los miles de nuevos convertidos venidos de países lejanos en hogares de vida comunitaria. Entre ellosno había necesitados pues cada uno aportaba según sus posibilidades y recibía según sus necesidades.

Hoy en díafrente a los desafíos de nuestra sociedad contemporánea la iglesia debe tomar nuevas formas que puedan dar solución a los grandes problemas de las familias y de los sin familia, llegando a ser una familia de fe, de vida, de sanidad y de esperanza.

Los primeros cristianos nos dieron el ejemplo, ya que «...partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón» (Hechos 2:42).

José Gallardo, Boletín CEMB Nº 52, diciembre 1999