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La televisión

Tres principios a tener en cuenta

Hace unos días fui a hacer un presupuesto para una reforma en una vivienda donde me recibió una señora ya mayor (unos 60 años) y cuando abrió la puerta se disculpó porque «La casa no estaba recogida» y además me dijo, que la razón era que se había estado viendo un culebrón en la tele. Me dijo que le daba mucha vergüenza que le ocurriese esto porque aunque la serie le gustaba mucho, le hacia perder el tiempo y no hacía el trabajo que correspondía.

Este pequeño episodio, me sirve para ilustrar el primero de los tres principios que debemos tener en cuenta al ver la tele, porque lo que le pasaba a esta mujer es que no veía la tele en el momento adecuado.

El segundo principio es: dosis adecuadas. Es posible que estemos de vacaciones y no tengamos ninguna obligación imperiosa que realizar. Además hemos sacado nuestra colección de grabaciones del programa evangélico «Tiempo de Creer» y nos pasamos cuatro horas seguidas viendo todos los programas del último año.

La mañana ha pasado tan placenteramente que el siguiente día hacemos lo mismo con la colección de grabaciones del año anterior del mismo programa, y así pasa la semana en el sillón frente a la televisión.

Obviamente, no es un momento en que dejemos abandonadas nuestras obligaciones, y no es un programa con contenidos negativos, pero hay muchas cosas mejores que seguramente puedes hacer en vacaciones, y distribuyendo mejor el tiempo. Para empezar, aunque el programa hable de Dios y aprendamos más de él, ninguna cosa puede sustituir una relación personal y directa entre Dios y nosotros. Por lo tanto podemos orar, compartir con los hermanos, ayudar en casa, tener tiempo familiar, arreglar ese grifo que lleva un año goteando, leer un buen libro... etc. Y también, por qué no, ver media hora «Tiempo de Creer».

Para finalizar, ya hemos hecho una referencia en el punto anterior, sólo nos falta una cosa para tener la tele dominada: contenidos adecuados.

Cuando me acerco a un kiosco o tienda de prensa y revistas, me doy cuenta de que hay publicaciones para todos los temas y gustos. Revistas de chismorreos, otras de moda, reportajes científicos, el mundo de las armas y los ejércitos, artes marciales, pornografía, decoración, punto de cruz, deportes, patrones para hacerte tu propia ropa, parapsicología y ocultismo... etc. Algunas de estas revistas no harían mucho negocio con muchos como yo. Sinceramente, son sobre temas que no me interesan ni comprendo cómo pueden interesar a otros (el punto de cruz, por ejemplo). Otras tampoco las compro porque sé que no debo hacerlo, y sus contenidos no son sanos. La mayoría, aunque puede que tengan cosas interesantes, son muy caras y no tengo mucho tiempo para leerlas. Ahora bien, lo que pasa cuando tenemos una televisión, es que nos llevamos todo el kiosco a casa. Con sólo dar un botón, tenemos a nuestra disposición tal cantidad de cadenas y programas distintos que es necesario una selección y unas normas previas para dar vía a la transmisión y recepción, para que no nos traguemos el kiosco entero y terminemos viendo lo que no edifica ni conviene.

Por lo tanto, recuerda estos tres principio que deben confluir a la hora de ver la televisión:

  • Momento adecuado
  • Dosis adecuadas
  • Contenidos adecuados

Si reiteradamente descubrimos que no somos capaces de aunar los tres principios, es mejor que tiremos la tele a un contenedor de basuras: nos está haciendo perder la vida.

Agustín Melguizo, Boletín CEMB Nº 17, noviembre 1996