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1 – Leer la Biblia

—Señor, yo quiero ser tuyo. Toda mi vida es para ti. Estoy tan agradecido por lo que has hecho por mí. ¿Qué quieres que haga para ti? ¿Cómo quieres que viva?

—Perdona que desconfíe, hijo. ¿De verdad quieres saber lo que yo quiero?

—Sí, sí, de verdad. Lo que tú mandes, eso haré.

—Bien. En ese caso. Léete esto. Aquí viene todo.

—Vaya cacho libro ¿no?

—Para que no me vengas en unos meses diciendo que ya te lo sabes todo. Tienes material ahí para toda una vida.

—¡Oh, gracias Señor! ¿Cómo puedo agradecértelo?

—Léetelo. Ahí viene todo; ya verás.

Que Dios me perdone si esto es juzgar al hermano, pero no me entero cómo algunos pretenden vivir vidas cristianas «normales» (o sea conseguir algo de madurez y solvencia en su vida y llegar a ser un ejemplo serio para otros cristianos más recientes) sin leer el manual.

Hombre, a los tumbos y cometiendo toda suerte de errores, es posible ir sacando en limpio algunas pautas sobre la voluntad de Dios. De hecho, tres cuartos de la Biblia tiene precisamente ese formato: el de relatar las vidas y experiencias de hombres y mujeres como nosotros, que a tropezones y tientas de ciego, en el transcurso de más de mil años, fueron acumulando un riquísimo caudal de experiencia humana en relación con Dios.

Escrito está: Quien no sea capaz de aprender de la historia está condenado a cometer los errores de la historia. (No, no viene en la Biblia; lo dijo un historiador.) Como la vida es demasiado corta como para tirarla repitiendo mil años de errores y aciertos hasta poder sacar en limpio lo que todo cristiano debe saber, uno de los pilares de la vida cristiana normal, una de las disciplinas cristianas por excelencia, será siempre la lectura bíblica.

¿Cómo hay que leerla?

Casi da igual, con tal de que se lea.

Como toda disciplina personal, toda virtud humana de la que pretendemos que tarde o temprano sea habitual en nosotros, conviene empezar poco a poco. Si no lees la Biblia habitualmente y te planteas leer una hora por día, lo más probable es que abandones después del segundo día. O del primero.

Mejor es cinco minutos, pero fijos, inamovibles, contra viento y marea, no importa lo ocupado que estés. Cuando ya te hayas creado el hábito podrás, si quieres, ampliar a diez minutos, o quince, o incluso media hora o más, según te vaya pareciendo.

Sugiero que es importante conseguir un conocimiento básico de los contenidos, antes de tratar de meditarles unos significados profundos a los versículos sueltos. Es necesario familiarizarse con los personajes, leer como se leería una novela, para ver cómo se va desarrollando la trama a grandes rasgos. Tienes que hacerte de nociones sobre quién fue Enoc o los mellizos Jacob y Esaú, quién fue Débora o Ana o Rahab o Rut o Jezabel. ¿Qué transición histórica importante sucedió en tiempos de Josué? ¿Y en tiempos de Samuel? ¿Y de Jeremías? ¿Y de Esdras y Nehemías? Y cientos de personajes más en muchas más de mil páginas cargadas de anécdotas, sucesos e historias, leyendas, cuentos y parábolas.

Recomiendo leer primero las narraciones, saltándote (de momento, si se te ponen pesadas) las páginas con genealogías, o con detalles sobre la construcción del tabernáculo, o con legislación prolija sobre las labores y costumbres de la vida agraria hebrea de hace miles de años. Al principio puedes saltarte también (a no ser que te gusten) los poemas épicos e interminables arengas proféticas; los salmos de queja o llenos de violencia y venganza; y tal vez algunas partes más «pesadas» del Nuevo Testamento también.

Tarde o temprano te va a picar el gusanillo de la curiosidad por saber qué es lo que te estás perdiendo, y querrás leerte la Biblia entera sin saltarte nada. Puede ser que llegue el día que lo que hoy te saltas llegue a ser uno de tus libros o pasajes favoritos de la Biblia. Pero de momento, mientras tu objetivo es crear el hábito de lectura bíblica, no fuerces demasiado la máquina obligándote a leer lo que te aburra o resulte del todo incomprensible.

Lo que sí tengo claro y más que claro, es que es imposible avanzar muy lejos en el cristianismo sin conocer la Biblia.

¿Eres analfabeto o, en fin, no se te da la lectura [algo poco probable si has llegado hasta aquí con este artículo]? Hoy día hay solución para ti. Cómprate un juego de cintas de cassette donde te leen en voz alta el Nuevo Testamento entero. (No sé: tal vez incluso existan cintas del Antiguo). ¿Caro? ¡Claro que es caro! Consíguete un crédito o pide prestado a un hermano, yo qué sé. O empieza a leer por cuenta propia.

Hoy.

Sí, hoy. Si todavía no lo has hecho, siéntate un rato hoy con tu Biblia. Verás qué bien te sientes.

Dionisio Byler, Boletín CEMB Nº 51, noviembre 1999

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