Receta antidepresiva
Imagínate... que el lunes vas a trabajar, y entonces descubres que te has quedado sin trabajo. Imagínate... que el martes te llega una carta de la Hermandad de Donantes de Sangre, en la que te dice que en tu ultima donación se ha encontrado anticuerpos VIH, por lo que te recomiendan que le hagas una visita a tu médico, con lo que pides vez para una consulta.
¿Cabe preguntarte como te sientes?
Bueno, bueno, como la vida transcurre al margen de cómo te sientas, el miércoles visitas a tu médico con tu carta de la Hermandad y te comenta que tienes unas manchas sospechosas en la piel. Que debes visitar al dermatólogo, así que te da un volante para el especialista en el que te llama la atención que ponga una nota de «muy urgente». Pasas por el banco y para colmo de males descubres que te han embargado tu cuenta de ahorros ya que había unos impuestos que no habías pagado (aunque ignorabas que deberías haberlos pagado). El sábado te sorprende con la noticia de que tus hijos han tenido un accidente de trafico y han muerto.
La semana no ha podido ser peor. ¿O sí?
¿Cómo te sientes? Bueno, podemos seguir imaginando que al ir al dermatólogo te descubre que tienes un cáncer de piel, además de un sarpullido que no sabe de donde viene. Este sarpullido en la piel te hace unas llagas que echan un pus con un olor muy, pero que muy, desagradable. A medida que van pasando las semanas el olor que desprende tu cuerpo no lo aguanta ni tu mujer, la pobre, y oyes que cuando habla con tu cuñada por teléfono le dice que lo único que espera es que te mueras de una vez (al fin y al cabo ¿que hizo ella para merecer esta cruz? ) y poder cobrar la póliza de vida.
Tu caso es tan raro, que se reúne el consejo de la Iglesia y después de mucho orar y discutir te vienen y te preguntan qué pecado has cometido y por si fuera poco te explican que Dios no es tan terrible como para dejarte abandonado de su mano, que ese comportamiento de Dios no es conocido a menos que... hayas cometido algún pecado y no quieras confesarlo y sacarlo a la luz. Por más que afirmas tu inocencia, de lo cual estás convencido, sólo puedes apreciar sus caras llenas de escepticismo.
Si con tu imaginación eres capaz de llegar hasta aquí y piensas que no hay hombre en la tierra que haya pasado por esto, estas equivocado. Ese hombre se llamaba Job.
Y me pregunto: ¿Por qué hay un libro en la Biblia como el libro de Job? Mas de 20 paginas que cuentan cómo un hombre lo pierde todo menos la vida, e incluso lo que le queda de ésta no es para deseársela al peor de los enemigos. Todo el libro se dedica a argumentar con sus amigos sobre si Dios tiene derecho a hacerle esta faena. Sus amigos, grandes creyentes y conocedores de Dios, piensan que si le pasan semejantes desgracias es a causa de algún pecado que haya cometido, ya que Dios ¿cómo va a ser tan injusto de castigar de manera tan salvaje a un inocente?
Job no hace más que, página tras página, gritar su inocencia. Página tras página, sus amigos dicen que eso es imposible, que choca con lo que conocen de Dios. Se hace pesado el libro de leer. Siempre a vueltas con lo mismo. Inocencia o culpabilidad. Es deprimente. Tampoco encaja en cómo me imagino a Dios. En una situación así se me hace difícil verme diciendo «desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y El Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor». Menos mal que le quedan amigos. Aunque ya se sabe lo que dice el refrán «con amigos como estos, no hace falta tener enemigos». Intentar seguir la situación en la que se encuentra Job a medida que se lee el libro se hace depresivo. Todos los que te quieren, te acusan, aunque tú sabes de tu inocencia. ¡Qué injusticia! y para colmo Dios, a quien proclamas como tu recurso, mira para otro lado. Deprimente. Depresivo.
¿Pero que hace un hombre de Dios en una situación así? ¿Qué hace un hombre de Dios cuando no ve a su Dios? ¿Qué hace un hombre de Dios cuando las cosas van mal? (Me imagino que por eso está este libro en la Biblia.) ¿Qué hacer cuando llegas a la conclusión de que estas solo? «He aquí, me adelanto, y El no está allí, retrocedo, pero no le puedo percibir; cuando se manifiesta a la izquierda, no le distingo, se vuelve a la derecha, y no le veo. Pero Él sabe el camino que tomo; cuando me haya probado, saldré como el oro. Mi pie ha seguido firme en su senda, su camino he guardado y no me he desviado. Del mandamiento de sus labios no me he apartado, he atesorado las palabras de su boca más que mi comida» (Job 23:8-12).
Frente a mis apreciaciones sensoriales acerca de la presencia de Dios, se imponen mis convicciones de que Él sabe la forma en la que escojo vivir. Que frente a cualquier tentación de tirar la toalla, está la determinación de obedecer, de reflexionar en su palabra, de alimentarme de ella. Y cuando llegue el final (siempre hay un final) salir como el oro. ¿Cómo el oro? Sí, como el oro. Sin mancha, sin mezcla y sin concesiones. (El oro es un metal que no es amigo de mezclarse con nada. Frente a otros metales que se mezclan con el oxígeno u otros componente produciendo aleaciones, oxidaciones, etc., el oro no se mezcla con nada.)
Quizás cuando uno se encuentra en situaciones criticas, injustas, depresivas, entonces es el momento de hacer un cuestionario tipo revista del corazón. Ponte 5 puntos por cada problema gordo (pérdida de un pariente, pérdida de trabajo, desengaño amoroso, enfermedad grave...); si el problema es menos grave ponte 1 punto (se ha estropeado el repetidor regional de televisión cuando iban a retransmitir la final del campeonato mundial de fútbol, en el que jugaba España). Bien, luego al lado de tu lista pon la lista de los problemas de Job y dale puntos. Que la puntuación obtenida por ti es menor que la obtenida por Job, entonces fíate de su criterio (debe ser bueno cuando fue incluido en los libros sagrados por el pueblo de Dios). Si la puntuación que tienes es mayor que la de Job, entonces puedes hacer dos cosas: la primera es hacer lo mismo que Job. La segunda es que puedes experimentar (si te atreves) y si encuentras una solución mejor en la que Dios se agrade, entonces la podrás patentar y escribir algunos libros del tipo «Cómo superar la depresión... (el autor lo ha conseguido con este método)».
Daniel Costas, Boletín CEMB Nº 46, abril 1999 |
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