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¿Termómetros o termostatos?

Seguramente, todos tenemos en casa un termómetro para conocer la temperatura del ambiente donde estamos. Es esa tablilla numerada con una frágil barrita de vidrio rellena de mercurio. Es un instrumento muy útil para dar información, pero por otra parte es un elementopasivo, detecta lo que ocurre pero no hace nada para cambiar el ambiente.

En cambio, hay otro instrumento cada vezmas complejo y sofisticado, que es el termostato. Este no sólo toma la temperatura del ambiente, sino que según se le programe y se le conecte a un sistema de calefacción o refrigeración, es capaz de mantener el ambiente a la temperatura deseada conectando o desconectando el aparato al que se le asigne sin necesidad de que intervengamos. El termostato es activo, detecta lo que ocurre y seguidamente introduce cambios para arreglar el problema. Un termostato bien programado puede realizar tareas muy útiles y prácticas. Por ejemplo cuando hace unas semanas llevé a Nicolás y Blanca al aeropuerto para su viaje a Benín, antes de despedirme, Nicolás me dio algunas instrucciones para que Miguel Ángel (su vecino) programara el termostato de su casa (la de Nicolás y Blanca) de tal manera que este conectara la calefacción y pusiera la casa a una determinada temperatura justo el día de su regreso a Quintanadueñas.

El termostato detecta el ambiente y desencadena los procesos necesarios para adecuar el ambiente al gusto del consumidor.

En la Iglesia (y en todas partes) podemos actuar también de estas dos maneras. A todos nos resulta muy fácil funcionar como termómetros, detectamos los fallos y los problemas y nos conformamos con dar esa información a todo el que se nos acerca, sin hacer nada para remediar el problema. Al contrario, a menudo el simple hecho de dar información sobre fallos en el «ambiente» a las personas inadecuadas no hace sino acrecentar el problema y complicar la posible solución al fallo detectado.

A veces comprendemos mal nuestra misión de ser «luz del mundo» y pesamos que esto consiste en «sacar a la luz» los errores que descubrimos, pero ser luz significa detectar la oscuridad y hacer los arreglos necesarios para iluminarla, y si iluminamos la oscuridad, esta desaparece y en su lugar habrá claridad.

Por eso necesitamos mejorar nuestra condición natural de termómetros y añadirle a éste unos cuantos accesorios para pasar a ser personas que no solamente detectamos los fallos sino que a continuación ponemos en marcha nuestros recursos de forma adecuada y de tal manera que contribuimos a la solución del problema y obtenemos como resultado un «ambiente agradable e idóneo para vivir en él todo el que se arrime».

¿No tendrá esto que ver con lo que dice Pedro?: «Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo» (2 Pedro 1: 5-8).

Si a nuestro ser natural que le gusta estar ocioso y sin fruto (pasivo como el termómetro), le añadimos fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor, tendremos la capacidad de crear a nuestro alrededor un ambiente saludable (el cual nuestro hacedor ha programado en cada uno de sus hijos).

¿Qué quieres ser? ¿Un termómetro que cual disco rayado repite una y otra vez los fallos que detecta, o un termostato bien programado que en silencio y sin escándalo detecta fallos e inmediatamente corrige las causas del fallo modificando el ambiente?

Agustín Melguizo, Boletín CEMB Nº 68, mayo 2001