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Una muela fuera de lugar

Hoy, he dado un poco de trabajo a Álvaro, nuestro dentista, me ha sacado una muela no sin esfuerzo. Nos viene de familia, están agarradas a fondo y son de tamaño considerable. Durante la extracción, he comprendido porqué Álvaro iba dando largas a esta extracción pendiente desde hace un par de meses —cuando pasen las fiestas— decía, pero no ha podido ser, hoy es día 29 de diciembre y su fin ha llegado. Estaba casi al final de la mandíbula inferior, a la izquierda, justo antes de la muela del juicio y esta vecindad parece que ha sido la ruina de mi trituradora ya que la muela del juicio no encontraba suficiente espacio para aflorar y en su pujanza ha estado empujandoa su compañera y tratando de quitarla del medio a lo bruto. Este empuje es lo que ha provocado una caries considerable a la muela hoy extraída. Durante unos años, a temporadas yo notaba este conflicto molar, de vez en cuando notaba una tensión en la zona, no dolor, pero sí tensión y molestia y luego un buen día un trozo de la «muela estorbo» se partió y tuve que visitar al buen odontólogo para que viera lo que pasaba: «Hay que sacarla —dijo sin compasión—, pero no va ser fácil».Y como si la muela hubiera escuchado la sentencia, desde ese día empezó a dar más problemas, la molestia se fue transformando en dolorcillo, y después de la Navidad, se ve que el turrón y los mazapanes han hecho su efecto, pasé dos noches con intenso dolor. Al volver a Burgos después de pasar esa fiesta en Sigüenza, llamé y pedí cita para acabar con el tormento. «¿No prefieres esperar a que pasen las fiestas?» me ha preguntado Álvaro al entrar en la consulta, pero esta vez yo estaba decidido, un poco inconscientemente, sin saber a ciencia cierta la dificultad de la extracción.

¿Qué es lo que ha pasado para que estas dos vecinas, diseñadas y destinadas para trabajar juntas y en armonía se hayan convertido en «enemigas»?

¿Cómo puede ser que esta muela hoy perdida, estuviera tan aferrada a la mandíbula inferior, tratando de aferrarse a su misión cuando en realidad no hacía mas que estorbar?

Sencillamente, en mi boca no había sitio para las dos. Seguramente mi mandíbula tiene espacio suficiente para albergar todos los dientes preceptivos, siempre que fueran de tamaño natural, pero como digo al principio, son demasiado grandes, un poco desproporcionados, nos viene de familia.

Pienso que nuestra comunidad es como mi boca, cada uno de nosotros somos dientes, colmillos o muelas, diseñados para compenetrarnos y realizar una labor conjunta. Pero a veces trabajamos sobre una mandíbula reducida que no puede soportarnos a todos. A veces trabajamos «sobre nosotros mismo», o «siempre somos los mismos», y ese es un espacio muy reducido para que quepamos todos. Necesitamos más espacio, o sea, que tenemos que extender nuestra base de amor y servicio a muchos otros además de nosotros. Eso es algo consustancial a la iglesia, cuando no evangelizamos, cuando no nos preocupamos del prójimo como denosotros mismos, cuando el Evangelio se convierte en religión de ritos y creencias vacías, nos provocamos caries unos a otros y al final terminamos heridos por la relación infectada con el vecino. En vez de triturar y morder alimentos, nos trituramos y nos mordemos unos a otros.

Gálatas 5: 13-15; Hechos 1: 7-8

Agustín Melguizo, Boletín CEMB Nº 65, febrero 2001