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Cristiano: Una definición

¿Qué significa este vocablo? Indudablemente, según quien eres y cual ha sido tu experiencia con el cristianismo y con los cristianos, así será un poco tu propia definición. Para unos la palabra cargará con el mal aliento de rituales arcaicos y mohosos, de manipulación psicológica de las masas. Para otros habla de una experiencia dinámica que ha cambiado su vida. Para otros, de una religión entre otras que ayudan al hombre a llegar a la Verdad. Para otros, de un sistema de pensamiento anacrónico, imposible de reconciliar con el mundo científico del Siglo XX.

El diccionario Pequeño Larousse Ilustrado define:

Cristiano, na adj. y s. Que está bautizado y profesa la religión de Cristo: los cristianos se dividen en católicos, protestantes y cismáticos. || Propio de la religión de Cristo o perteneciente a ella: virtudes cristianas. || Fam. Español, en contraposición a otro idioma: hable usted en cristiano. || Fam. Persona: no se ve un cristiano por las calles a esta hora.

Hum… Con esto no vamos muy lejos. ¿Habrá algún procedimiento mejor para definir el término? Posiblemente. Un procedimiento apropiado podría ser el de dirigirnos al Nuevo Testamento y ver lo que significa para sus autores ser cristiano.

Cristianos en el Nuevo Testamento. Esto puede parecer sorprendente: la palabra «cristiano» aparece sólo tres veces en todo el Nuevo Testamento. En Hechos 26.28 y en l Ped 4.16, la palabra se emplea como término de insulto o desprecio contra los «cristianos». En el primer caso, un juez se burla de Pablo diciéndole: «¡A ver si me lavas el cerebro y me hago cristiano!» En el segundo caso, Pedro habla de sufrir persecuciones como cristianos. La tercera oportunidad en la que aparece la palabra en el Nuevo Testamento sí que puede aportar algo a una definición. En Hechos 11.26 dice que fue en Antioquía donde primero se les llamó «cristianos» (sería en son de burla o desprecio, naturalmente) a los discípulos.

O sea que podríamos definir al «cristiano» como «discípulo».

Y bien: ¿quién es un discípulo?, y ¿qué caracteriza al discípulo?

La palabra «discípulo» indica una relación. Es un poco como la palabra «presidente»: no se puede ser «presidente» sin ser presidente de algo o de cierta agrupación de personas. Del mismo modo, el «discípulo» es sólo discípulo con relación a alguien, del cual es discípulo. El discípulo cristiano lo es sólo con relación a Jesús.

Esa relación, además, es una relación muy particular. Antes que nada, es una relación de aprendizaje. Jesús manda a sus discípulos a hacer a su vez otros discípulos, «bautizándolos… y enseñándoles a guardar todas las cosas que os encargué» (Mat. 28.19,20). El discípulo de Jesús es, entonces, la persona que está embarcada en un proceso de aprender a guardar todas las cosas que Jesús encomendó a sus primeros discípulos. Y éstos eran a su vez personas que aprendían directamente de Jesús esa misma enseñanza.

Pero un discípulo no es lo mismo que un alumno o que un estudiante. Hay algo exclusivista en la relación de discípulo/maestro, que difiere de la experiencia estudiantil corriente. Se puede ser discípulo de una sola persona a la vez. Ser discípulo es un poco como afiliarse a un partido político. No puedes militar en más de un partido. Si yo estoy en un partido, es porque estoy convencido de sus supuestos filosóficos, de su modo de encarar la realidad, de su estrategia para lograr cambios. Ese partido llega a definirme a mí. Soy socialista, comunista o lo que sea.

En ese sentido, el discípulo de Jesús es cristiano. O sea, su relación de aprendizaje de Jesús va tanto más allá de un simple curso de estudios, que hasta llega a definir quien es, como persona. Decidirse a ser un discípulo de Jesús es, entonces, un proceso de autodefinición.

Jesús exige que te definas. Jesús mismo exige esa definición de sus discípulos: «Oísteis que se dijo (refiriéndose a otros maestros, otras tradiciones) . . . pero yo os digo» (Mat. 5). Jesús no admite mediatintas acerca de su persona y de su autoridad. Sólo hay blanco y negro. O aceptas que sus palabras gozan de mayor autoridad que las de cualquier otro (sea gobernante, sea fundador de religión; sea filósofo, sea gurú), o te quedas con aquel otro. No puedes combinarlos, coger lo que más te guste de aquí y de allá.

En otra ocasión dio: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al padre si no es por medio mío» (Juan 14.6). Se trata de una definición de fe: Es cierto lo que dice, es cierto que nadie va al Padre si no es por medio suyo, de Jesús de Nazaret, judío, soltero, de 33 años, profesión curandero y arengador ambulante… O si no, son mentiras. Es verdaderamente el único capaz de conducir al hombre a una relación legítima con Dios, o es él un iluso vanidoso y fanfarrón.

Los apóstoles lo reconocían: las pretensiones de Jesús eran escandalosas. Pablo hasta tiene que aclarar, por lo embarazosas que resultan esas pretensiones: «Y sin embargo no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todos los que creen» (Rom. 1.16).

Este es entonces el cristiano. Es el que se juega toda su vida, toda su existencia, toda su integridad intelectual, al definirse como discípulo de Jesús de Nazaret. Es el que acepta la autoridad incondicionable de las palabras de Jesús. Es aquel cuya postura ante Jesús es una de aprendizaje, de aceptación incuestionable de todo lo que él quisiera enseñar.

[Dionisio Byler, 1988, Como un grano de mostaza,
capítulo 25, pp. 183-186.]

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