El bautismo de creyentes: Perspectivas históricas y teológicas
por Juan Driver, 2001
El bautismo en el movimiento anabautista del siglo XVI era un componente fundamental dentro de un contexto mucho más amplio. Si bien es cierto que el Anabautismo fue combatido por las autoridades eclesiásticas y seculares con la pena de muerte, no lo hacían por el mero hecho de rebautizar con agua a personas cristianizadas como niños. Se trataba de una cuestión sumamente más fundamental. Era parte de una lucha popular para restaurar al pueblo común acceso a los medios de la gracia de Dios que se habían concentrado en manos del establecimiento eclesiástico, con su monopolio sacramental y clerical. En el Anabautismo histórico este esfuerzo resultó en una nueva vivencia eclesial —basada en una nueva visión de la vida y misión de la iglesia, enraizada en Jesús y en la comunidad primitiva. Mediante el bautismo se creaba una nueva comunidad profética y alternativa. Los votos bautismales a seguir a Jesús eran una alternativa al juramento de lealtad con que los ciudadanos medievales comprometían su lealtad a las autoridades civiles.
Y aconteció que estuvieron reunidos hasta que comenzó el temor y los acometió, más aún: penetró en sus corazones. Entonces comenzaron a doblar la rodilla ante el supremo Dios que está en el cielo, y lo invocaron como a alguien que conoce los corazones, y oraron rogando que les permitiera cumplir su divina voluntad y que les mostrara su misericordia. Porque no fueron la carne y la sangre, ni la petulancia, lo que los impulsó; ellos sabían muy bien lo que tendrían que soportar y padecer por esto.
Después de la oración, Jorge Cajakob se puso de pie y rogó a Conrado Grebel que por amor a Dios lo bautizara con el verdadero bautismo cristiano, por su fe y su convicción. Y puesto que se prosternó con ese ruego y ese deseo, Conrado lo bautizó, porque a la sazón no había otro ministro ordenado (verordneter) que pudiera cumplir esa función. Cuando eso hubo ocurrido, los demás expresaron también su deseo. Y así se consagraron juntos, con gran temor de Dios, al nombre del Señor. Uno confirmó (bestätet) al otro en el servicio del Evangelio y comenzaron a enseñar la fe y a sostenerla.
Esta descripción del primer bautismo proviene de La Crónica de las comunidades huterianas de Moravia, probablemente basada en la memoria de uno de sus protagonistas, Jorge Blaurock, y fue escrita hacia 1565, unos 40 años después del evento. Es la interpretación más antigua que poseemos y nos ayuda a ver cómo este acto de obediencia a su Señor (y de desobediencia civil) fue comprendido en el Anabautismo primitivo. El documento incluye su apreciación de la obra reformista de Lutero y Zuinglio y en ese contexto nos ayuda a comprender su perspectiva sobre las implicaciones sociales y eclesiales de este paso de fe.
[SIGUE...]
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