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La familia de Dios:
Modelos bíblicos de relación familiar, por Dionisio Byler
Congreso Anabautista del Cono Sur — Uruguay, enero de 2007

Pablo en Jerusalén

Quiero empezar con un episodio decisivo en la vida del apóstol Pablo.  En Hechos 21 Pablo llega a Jerusalén después de una larga ausencia.  A cada paso del camino los creyentes cristianos en las sinagogas que visitaba le instaban, con gran preocupación, a dar media vuelta y no seguir el camino hacia Jerusalén.  Con profecías y señales le anunciaron claramente que sería mal recibido por las autoridades judías.  Sin embargo Pablo había hecho oídos sordos a todas las advertencias y ahora se halla en Jerusalén.

Ahora los líderes de la comunidad de cristianos en Jerusalén idean un proyecto para atajar el peligro que se cierne sobre Pablo.  Recordemos que todos ellos, incluso Pablo mismo, son seguidores de Jesús y a la vez, naturalmente, judíos en toda regla.  La única diferencia entre ellos y los demás judíos es que ellos pensaban que Jesús había sido el Mesías mientras que la mayoría de los judíos, si es que creían en tal cosa como el Mesías, tenían bien claro que todavía no había llegado —puesto que los romanos seguían mandando en Jerusalén y todo seguía igual que antes.

Pero si parece ser que los judíos cristianos y los demás judíos de Jerusalén vivían en paz y armonía, el caso de Pablo es muy particular.  Sobre él circulan rumores muy inquietantes.  Se decía que Pablo enseñaba a los judíos que vivían entre gentiles, que no debían guardar la ley de Moisés.  Veamos: Nadie acusa a Pablo de decir que los judíos que viven en comunidades judías cerradas, aislados de los gentiles, deban abandonar la Ley.  Y todo el mundo aceptaba que es natural que los gentiles no estén obligados a obedecerla, incluso aunque adoren al Dios de Israel y se manifiesten creedores en Jesús como Mesías de los judíos.  Al fin de cuentas la función de la Ley de Moisés que está en juego aquí —concreta­mente la circuncisión y las leyes de alimentación— tienen como único propósito, desde una muy remota antigüedad, crear un distingo claro entre los judíos y las demás naciones.  Por tanto sería absurdo exigir que los gentiles que creen en Dios o que opinan que Jesús es el Mesías, deban obedecer esas leyes.  De lo que se acusa a Pablo, sin embargo, es que allí donde conviven estrechamente judíos y gentiles por su común creencia en el Dios de Israel y en Jesús como Mesías, los judíos deben abandonar la Ley de Moisés.

Naturalmente, si esto fuera lo que Pablo enseñaba, sería lo mismo que decir que los judíos debían dejar de ser judíos, es decir, convertirse a gentiles.  Aunque sabemos que los judíos no tenían problemas con la idea de que los gentiles pudiesen adorar y agradar a Dios sin convertirse a judíos, sí les resultaba inaceptable la idea de que los judíos debieran convertirse a gentiles para poder agradar a Dios.  El caso es que si leemos las cartas de Pablo vemos que él hilaba muy fino en este tema y no es siempre fácil seguir los detalles exactos de su argumentación.  Sinceramente, después de leer sus cartas, no me sorprende en absoluto que corrieran estos rumores acerca de él.
[SIGUE...]

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