La familia de Dios en un mundo violento y cruel, por
Dionisio Byler
Congreso Anabautista del Cono Sur — Uruguay, enero de 2007
Quisiera empezar contando una historia antiquísima, que nos viene en el libro de Jueces. Antes de empezar quiero recordar que el narrador del libro de Jueces crea un marco de interpretación para toda su colección de historias y leyendas sobre la vida en Israel y Judá antes de la monarquía. Esto es porque no escribía historia porque sí, porque fuera interesante o para no olvidar el pasado. Es que tenía unas teorías muy concretas acerca de la vida y acerca de la organización política que convenía a las tribus de Israel. Antes de empezar sus narraciones, entonces, nos explica que en cuanto murió Josué, Israel entró en un ciclo de cuatro etapas: (1) Cada generación se olvidaba de Dios; entonces (2) Dios los castigaba levantando enemigos que los oprimieran; entonces (3) los israelitas se arrepentían y clamaban a Dios; y (4) Dios escuchaba el clamor de su pueblo y les enviaba un libertador.
Pero no era un ciclo meramente reiterativo. El autor de Jueces quiere que sepamos que en realidad se trataba de una espiral descendente, que derivaba en cada vez más y peor corrupción. Una espiral de declive que sólo pudo ser atajada, en su opinión, por la monarquía.
La tiranía humana es el castigo del pecado
Es así como nuestra historia, como tantas otras en el libro de Jueces, empieza con la observación de que los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor. La consecuencia de esta maldad es que el propio Señor, el Dios de Israel, fortalece a Eglón, rey de Moab. Éste consigue reunir bajo su mando también a los amonitas y amalecitas. Con esta alianza de tres pueblos, Eglón presenta batalla a Israel y la derrota, tomando Jericó, a este lado del río Jordán. A la postre los israelitas sirven a Eglón durante dieciocho años.
Quizá habría que observar que tenemos aquí afirmaciones teológicas a la vez que —o tal vez más que— históricas. Al fin de cuentas, ¿cómo constataríamos, históricamente, que un rey se hace fuerte porque el Señor lo fortalece? ¿En qué se distingue un rey que prospera porque el Señor lo fortalece, de otro que prospera porque sí, porque hace bien las cosas, gobierna con sabiduría y sus soldados luchan con más destreza? Ya hemos dicho que Israel había hecho lo malo ante los ojos del Señor. ¿Y los moabitas no? ¡Claro que sí, ellos también son pecadores; de hecho, ni siquiera conocen al Señor!
¡Vaya! ¡Esto sí que es interesante! ¿Quiere decir esto que todos los que llegan al poder por la fuerza cuentan con el beneplácito de Dios? ¿Fortalece Dios, entonces, la mano de todos los tiranos con el fin de castigar a los pueblos que los tiranos tiranizan? Hay mucha doctrina social cristiana que tiene esto como su punto de partida.
[SIGUE...]
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