Corrientes anabaptistas: La historia en conversación con el presente
Anabaptist Currents: History in Conversation with the Present
Carl F. Bowman and Stephen L. Longenecker, eds.,
Copyright © 1995 Forum for Religious Studies,
Bridgewater College, Bridgewater, Virginia, EE.UU.
Traducción: Dionisio Byler, 2008, para www.menonitas.org
Conversación I-2— Maneras de entender el pecado
Aplicaciones y perspectivas contemporáneas
por Dawn Ottoni-Wilhelm
En un congreso ecuménico para clérigos, tres de los delegados se tomaban un respiro una noche, tras las arduas sesiones del día. Vamos, que dejándonos de rodeos, el Padre O’Connell, el Reverendo Wilson y el Rabino Cohen estaban inmersos en una partida amistosa de póquer.
Desafortunadamente, en la emoción de la partida empezaron a alzar la voz más de la cuenta y el detective del hotel entró a la habitación donde se encontraban, se incautó de las fichas y cartas y los detuvo por el motivo de los estrictos estatutos locales en contra de las apuestas.
El juez ante quien comparecieron se vio en apuros ante la situación.
—Caballeros —dijo, —hubiera preferido que no nos encontráramos en estas circunstancias. Al parecer hay indicios de una infracción de la legislación local, sin embargo, y no puedo desestimar la imputación sin investigarla. Con todo, a la vista de su profesión de ustedes, creo poder fiarme de su palabra. No les pediré ninguna otra evidencia que sus propias declaraciones. Si cada uno de ustedes me puede asegurar que no apostaban por dinero, eso me valdrá para dar por zanjada la cuestión. Padre O’Connell…
—Señoría —respondió de inmediato el sacerdote, —seguramente sería importante saber con certeza qué es lo que entendemos por apuestas. En un sentido estrecho, pero perfectamente válido, lo que se describe como hacer apuestas sólo lo es si hay un deseo expreso de enriquecerse y no solamente de disfrutar el suspense de ver cómo van cayendo las cartas. Además, habría que limitar el concepto de apuestas a situaciones donde la pérdida de dinero fuera onerosa, puesto que de lo contrario podría entenderse como una tarifa variable de admisión…
—Ya veo —interrumpió el magistrado. —He de entender entonces, Padre, que usted no estaba apostando según cómo usted define el término. ¿Y usted, Reverendo Wilson?
El bueno del pastor se enderezó la corbata y dijo:
—Estoy absolutamente de acuerdo con mi ilustre colega, Señoría. Además, señalaría que las apuestas sólo son apuestas si conllevan un auténtico traspaso de bienes. Admitiendo que había dinero sobre la mesa, habría que determinar si ese dinero al final de la velada hubiera acabado en otros bolsillos que al empezar o si, al contrario, estaba siendo empleado sencillamente como una manera conveniente de llevar la cuenta de cómo iba avanzando la partida en sus jugadas sucesivas…
—Vale, vale —interrumpió el juez otra vez. —Aceptaré sus palabras como una indicación satisfactoria de que usted no estaba apostando, Reverendo Wilson. ¿Y usted, Rabino Cohen? ¿Apostaba usted?
El rabino piadoso arqueó las cejas.
—¿Y con quién iba a estar apostando, Señoría?
Aunque escrito está: «Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios en Cristo Jesús», todos nosotros, como los clérigos del póquer, hemos hallado maneras de evitar enfrentar la realidad incómoda del pecado en nuestras vidas. En las denominaciones protestantes mayoritarias estos últimos treinta años, el tema del pecado prácticamente ha desaparecido del debate en el entorno académico, cultual e informal. Puede que el pecado esté vivito y coleando en los hechos, pero en las palabras es conspicua su ausencia.
[SIGUE...]
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