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Corrientes anabaptistas: La historia en conversación con el presente
Anabaptist Currents: History in Conversation with the Present
Carl F. Bowman and Stephen L. Longenecker, eds.,
Copyright © 1995 Forum for Religious Studies,
Bridgewater College, Bridgewater, Virginia, EE.UU.
Traducción: Dionisio Byler, 2008, para www.menonitas.org

Conversación III-1 — La interpretación de la Biblia

Comunidad como conversación:
Un nuevo modelo de hermenéutica anabaptista

por John D. Roth

En un ensayo publicado en 1955, Harold S. Bender —el afamado historiador y teólogo menonita— resumió las presuposiciones hermenéuticas que influían en la interpretación anabaptista de la Escritura.  Los anabaptistas, según él, se adhirieron al lema Reformado de sola Scritura, aunque al contrario que los Reformadores (que se habrían visto «impulsados a veces por consideraciones teológicas o prácticas a desviarse de la enseñanza estricta de la Escritura»), los anabaptistas fueron «más radicales y consecuentes en su aplicación del principio».  Además, los anabaptistas daban por supuesta «la supremacía del Nuevo Testamento» sobre el Antiguo, procuraban hallar un sano equilibrio entre la Palabra Interior y la Palabra Exterior, e «intentaron obedecer literalmente los mandamientos de Cristo y las enseñanzas del Nuevo Testamento».

En las décadas posteriores al artículo de Bender, el estudio del anabaptismo ha sufrido una transformación importante.  Si Bender y su generación se centraron especialmente en Zúrich y el círculo de los allegados a Grebel como la cuna del movimiento, los estudios más recientes han demostrado que un alegato legítimo de ser el origen del anabaptismo podría hacerse también en relación con los seguidores de Melchor Hoffmann en los Países Bajos o los conversos de Hans Hut en Alemania Central.  Un campo dominado inicialmente por teólogos, ha pasado a interesar a historiadores sociales, que han investigado el contexto económico y político donde el movimiento anabaptista tomó su forma característica.  Y la antes cómoda noción de un «anabaptismo evangélico» como norma claramente definida, a la luz de cuyo resplandor era posible medir y juzgar otras expresiones de la fe en el siglo XVI (y también en el siglo XX), ha cedido el paso a la visión de un anabaptismo cuyas fronteras fueron siempre mucho más fluidas y dinámicas que lo que estaban dispuestos a admitir los historiadores de aquella generación.  A pesar del hecho de que estos nuevos énfasis y estas nuevas formas de investigación han estimulado una reconsideración de casi todas las presuposiciones de la historiografía anterior, parece ser que el estudio de la hermenéutica anabaptista sigue más o menos inmune a esos impulsos revisionistas.  Aunque el estudio posterior a Bender ha matizado su resumen y ampliado su campo de investigación, no ha cuestionado las premisas ni el contenido esencial de sus conclusiones.

El presente ensayo no pretende poner patas arriba el consenso académico establecido acerca de la manera anabaptista de entender la Escritura.  Intentará, eso sí, sugerir que las últimas tendencias en estos estudios, en particular las que impulsan los historiadores de lo social, suscitan interrogantes respecto a la hermenéutica anabaptista que hasta ahora no han sido debidamente exploradas.  Una consecuencia de estas interrogantes podría ser una mayor comprensión de la diversidad que existió en la manera anabaptista de entender la Escritura, que sea a la vez más sensible a la diversidad que caracterizó al movimiento anabaptista, más capaz de distinguir entre los principios enunciados y la práctica real, más atenta al contexto social, político y económico en el que se produjeron los debates acerca de la interpretación de la Biblia.

[SIGUE...]

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