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Corrientes anabaptistas: La historia en conversación con el presente
Anabaptist Currents: History in Conversation with the Present
Carl F. Bowman and Stephen L. Longenecker, eds.,
Copyright © 1995 Forum for Religious Studies,
Bridgewater College, Bridgewater, Virginia, EE.UU.
Traducción: Dionisio Byler, 2008, para www.menonitas.org

Conversación IX-1 — El ministerio

El ministerio en la tradición anabaptista
por Steven C. Ainlay

Perspectivas históricas y sociológicas

Hacer un repaso del legado del ministerio anabaptista es una labor que impone, en vista de la complejidad del movimiento anabaptista inicial y la multiplicidad de formas que ha tomado el anabaptismo en los últimos cuatrocientos años.  Sin embargo es importante abordar esta cuestión, porque habla directamente al tema que trata el presente libro.

Los debates sobre el papel del ministro, desde el siglo XVI y hasta el presente, giran en torno a la cuestión de cuáles son los rasgos característicos del movimiento anabaptista (es decir, qué es lo que lo distingue de otros grupos y movimientos cristianos) y tocan en la esencia de lo que significa ser anabaptistas.  Tras los debates se esconde la cuestión de fondo: ¿Nuestras prácticas ministeriales se ajustan en algún sentido importante a la visión anabaptista o resultan ser contrarias a ella?  Además, dentro de muchos grupos que tienen sus raíces en el movimiento anabaptista del siglo XVI, el papel del ministro ha sufrido una transformación en el último siglo por las mismas fuerzas que han hecho tan urgentes todas las interrogantes sobre la identidad anabaptista: el individualismo, la burocratización, la profesionalización, etc.

Advertencia: La búsqueda del legado puede conllevar serios riesgos para la salud (individual así como colectiva)

Para empezar, quiero que conste que investigar los orígenes de un grupo y su relación con las formas contemporáneas de hacer, puede ser una empresa arriesgada.  Uno de los riesgos es probablemente más que obvio: las maneras contemporáneas de hacer —los patrones de ministerio, formas de sostén económico, modelos de política eclesial, etc.— pueden ser muy diferentes que los orígenes cuando éstos se descubren.  Esta clase de descubrimiento puede fomentar cambios en las maneras de hacer o en las ideas de sí mismos que tienen los individuos.  De esto dan testimonio los efectos, por ejemplo, de la «Visión anabaptista» enunciada por Harold S. Bender en la vida de los menonitas durante la segunda mitad del siglo XX.

Hay otro riesgo menos obvio que encierra la cuestión de la «caza de los orígenes».  La pesquisa sobre los orígenes acabará siendo siempre un ejercicio que algunos psicólogos tachan de «interpretación introspectiva».  Puesto que estamos vinculados ineluctablemente con nuestra propia era histórica y nuestra propia situación geográfica, nunca podremos aprehender perfectamente el punto de vista de aquellos que vivieron antes que nosotros o vivieron en otro lugar.  Este problema metodológico ha resultado encerrar graves problemas para los sociólogos, antropólogos e historiadores por igual.  Es relevante también para la empresa de estar «a la caza de los orígenes».  Las personas o grupos que pretenden descubrir su legado pueden acabar contando una historia que realza aquellos aspectos del pasado que legitiman sus propias prioridades, prioridades situadas siempre en el presente.  A la vez, otros aspectos del pasado —que podrían caber en la categoría de «hechos inconvenientes» de Max Weber— se suprimen, minimizan o ignoran del todo.  En otras palabras, rara es la vez que exista un único «legado» que sea posible descubrir.

[SIGUE...]

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