Corrientes anabaptistas: La historia en conversación con el presente
Anabaptist Currents: History in Conversation with the Present
Carl F. Bowman and Stephen L. Longenecker, eds.,
Copyright © 1995 Forum for Religious Studies,
Bridgewater College, Bridgewater, Virginia, EE.UU.
Traducción: Dionisio Byler, 2008, para www.menonitas.org
Conversación IX-2— El ministerio
El ministerio anabaptista
por E. Morris Sider
StephenAinlay describe varios de los elementos básicos del ministerio histórico anabaptista y ha demostrado que con el paso de los años ha aparecido una importante diversidad en la práctica del ministerio, según qué grupo. La situación es parecida puestos a identificar cómo debería ser el ministerio presente y futuro de los grupos relacionados con el anabaptismo.
Quisiera empezar a entrar al tema, con una descripción del ministerio de mi padre. Su ministerio, que cubrió el período entre la década de 1920 y finales de la de 1950, conservaba mucho del carácter del ministerio histórico anabaptista. Después quiero determinar por qué este tipo de ministerio sufrió modificaciones y preguntar si un ministerio como el de mi padre sea posible —incluso deseable— para el futuro. Por último haré algunas sugerencias para conservar determinados elementos del ministerio histórico anabaptista. Al hacerlo, estaré suscitando interrogantes más que dando respuestas, pero en el propio debate de las preguntas surgidas avanzaríamos juntos hacia las respuestas adecuadas —lo cual en sí mismo cuadra con el anabaptismo.
Mi Padre, Earl Sider, creció en Ontario, Canadá, en un hogar muy piadoso. El culto familiar, la lectura de la Biblia, oraciones tanto antes de empezar como al acabar de comer y muchos otros elementos conformaban la rutina diaria de la familia. También cantar; en el verano los padres y sus seis hijos frecuentemente se reunían en el porche de su casa para cantar —y los vecinos se sentaban en sus porches para escuchar.
Viniendo de una familia así, no es de extrañar que con el tiempo todos los hijos se involucraron activamente en alguna fase del servicio cristiano, y mi padre también. Asistió a Messiah College (que a la sazón era más un instituto bíblico que un college universitario), donde fue uno de los primeros alumnos. Mi madre también asistió al mismo college, en la misma época. Poco después de diplomarse, se casaron y regresaron al hogar paterno, donde ayudaron con la granja y se dispusieron a hacerse cargo de la misma: una granja de 100 acres (unas 47,5 hectáreas) que había sido dada a mi abuelo por sus padres cuando él todavía era menor de edad.
Entre tanto se había constituido una pequeña congregación de granjeros y sus familias cerca del pequeño pueblo de Cheapside, unas treinta millas al oeste. Durante varios años los predicadores de las congregaciones vecinas se turnaron para predicar los domingos en las casas de los miembros. Al fin la congregación pidió un pastor permanente que se radicara en el lugar.
Escogieron a mi padre. Lo conocían bien; de hecho, estaba emparentado con varios de los miembros. Ellos y otros en la congregación lo conocían de diversas actividades de las iglesias como «banquetes de amor», congresos bíblicos y reuniones denominacionales del distrito y de la provincia. Por tanto cuando la congregación buscaba un pastor, escogieron básicamente alguien de su propio entorno en la típica versión anabaptista del llamado al liderazgo pastoral.
Mi padre aceptó el llamamiento; rechazarlo le hubiera parecido negarse a cumplir con un deber cristiano. Él y Mamá cargaron todas sus posesiones y su primer hijo —mi hermana, entonces sólo un bebé— en un carromato un día de lluvia, engancharon los caballos y se mudaron a su nuevo hogar en el Oeste.
Sin ingresos ni ahorros, su elección de vivienda era necesariamente muy limitada. Desde luego la primera casa donde vivieron era muy debajo del nivel medio de sus parroquianos. Un granjero del pueblo (que no era miembro de la congregación) les ofreció una casa vieja, utilizada hasta hacía poco como criadero de pavos, por un alquiler muy bajo. Junto con una de mis tías, mis padres limpiaron esa casa, pegaron papel nuevo en las paredes y se instalaron para sus primeros años de ministerio.
Para ganarse la vida mi padre hizo lo que hacían sus parroquianos: trabajar con las manos. Los primeros pocos años trabajó como jornalero en varias granjas (en algunos casos, se trataba de sus propios parroquianos). Más tarde se hizo pintor y a la postre granjero.
[SIGUE...]
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