Corrientes anabaptistas: La historia en conversación con el presente
Anabaptist Currents: History in Conversation with the Present
Carl F. Bowman and Stephen L. Longenecker, eds.,
Copyright © 1995 Forum for Religious Studies,
Bridgewater College, Bridgewater, Virginia, EE.UU.
Traducción: Dionisio Byler, 2008, para www.menonitas.org
Conversación V-2— La Cena del Señor
La Cena del Señor: Reflexiones contemporáneas
por Nadine Pence Frantz
Quisiera defender: (1) una manera de entender la naturaleza del cristianismo propia de la «Iglesia de creyentes» (Believeres’ Church), como una tradición operante a la vez que escritural; (2) una comprensión adecuada de los contextos teológicos de las épocas estudiadas (los siglos XVI y XX); y (3) un compromiso expreso con la afirmación propia de la «Iglesia de creyentes», de que nadie puede conocer ni comprender verdaderamente a Dios ni las acciones de Dios en Cristo, sin antes haber encarnado una vida cristiana. Tal encarnación, argumentaré, incluye el culto, así como encarnaciones rituales tales como la Cena del Señor o el Banquete de amor.
El cristianismo como una tradición operante
Dentro de las tradiciones del protestantismo estatal y de una mayoría sensible de las «Iglesia de creyentes», es habitual que las diversas tradiciones se describan a sí mismas como «el pueblo de la Palabra». Lo que quieren decir con esto es que son cristianos que se definen a sí mismos y su identidad, en algún tipo de relación con el hecho de que suelen leer la Biblia. Aunque sus interpretaciones de la Biblia pueden variar de grupo en grupo y su selección de valores claves y de textos bíblicos fundacionales pueden diferir radicalmente, lo que tienen en común todos estos es su orientación hacia el cristianismo como algo que viene definido por el texto escrito, es decir, que viene a conocerse y definirse por el propio acto de leer y entender la Biblia. La fuerza de esta orientación se ve con mayor claridad en el movimiento misionero, que presupone o impone una cultura alfabetizada para poder entender que sea posible explicar adecuadamente la fe cristiana. En otras palabras, al abordar culturas que no están orientadas hacia textos escritos, la primera labor del misionero es su enseñanza de las destrezas de leer y escribir, a fin de que la cultura autóctona pueda «verdaderamente recibir la palabra». Por consiguiente, el propio acto de leer las Escrituras se entiende que es constitutivo de la naturaleza de lo que significa ser cristianos.
Parte de esta orientación deviene de un deseo de hacer que la Escritura sea accesible para cada particular, en lugar de situarla en un sacerdocio compuesto por una elite alfabetizada; es una tendencia democratizadora. Pero otra parte de esta orientación ha reificado la centralidad del texto hasta tal grado que ninguna otra parte de la vida cristiana puede parecer constitutiva de la fe, es decir, ni el culto ni el servicio al prójimo, la actividad por la paz, el bautismo, etc. La capacidad de leer y recitar determinados textos acaba siendo todo lo que es necesario, como si se tratara de fórmulas mágicas.
Sin embargo, los movimientos anabaptista y pietista que conforman la tradición de «Iglesia de creyentes», contienen un elemento interno que tiende a corregir los excesos de esa orientación. Esta corrección se encuentra en la insistencia de que saber y leer la Palabra nunca es bastante, sino que la esencia de la cuestión es poner la Palabra por obra. Esta hermenéutica de obediencia o de correlación mutua entre la práctica y el conocimiento, constituye un centro robusto para la tradición de la «Iglesia de creyentes», presionando a favor de una manera alternativa de entender la naturaleza del cristianismo, una que también incorpora una orientación operante.
La manera «operante» de entender la naturaleza del cristianismo ha sido importante en la iglesia católica, centrada en el culto y los sacramentos más que en los textos de la iglesia. Sin embargo, (argumentando como se suele insistir con frecuencia que el anabaptismo no es ni católico ni protestante) los anabaptistas no encajan fácilmente en los límites de la manera católica de entenderlo porque su ritual, en lugar de carecer de contenido, promueve una orientación hacia el prójimo. Se aferran a la Escritura, entendiéndola como direcciones acerca de lo que deben hacer. Entonces los anabaptistas, aunque se impacientan con aquella orientación protestante que hace de la lectura del texto el súmmum de de la fe, tampoco se sienten cómodos con cualquiera insinuación de que la iglesia entiende suficientemente cómo actuar al margen del texto. Así las cosas, la tradición de «Iglesia de creyentes» procura sostener a la par los aspectos escriturales y operantes de la vida cristiana.
[SIGUE...]
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