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Corrientes anabaptistas: La historia en conversación con el presente
Anabaptist Currents: History in Conversation with the Present
Carl F. Bowman and Stephen L. Longenecker, eds.,
Copyright © 1995 Forum for Religious Studies,
Bridgewater College, Bridgewater, Virginia, EE.UU.
Traducción: Dionisio Byler, 2008, para www.menonitas.org

Conversación VI-1 — Lenguaje y simbolismo

Nuestros linderos han caído en lugares hermosos
por Gerald Shenk

Espero conseguir hacer recordar a todos, cada cual en su propia tradición, los linderos y las cadencias del pasado.  Para ello quisiera empezar por citar el Salmo 16.  Primero lo comprobé en la versión que tengo más a mano y luego tuve que volver a leerlo en la versión que tengo grabada en la memoria de mi niñez.  Empezaré con esa, la Reina-Valera 1909:

Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.
Dijiste, oh alma mía, á Jehová: Tú eres el Señor:
Mi bien á ti no aprovecha;
Sino á los santos que están en la tierra,
Y á los íntegros: toda mi afición en ellos.
Multiplicaránse los dolores de aquellos
que sirven diligentes á otro dios:
No ofreceré yo sus libaciones de sangre,
Ni en mis labios tomaré sus nombres.
Jehová es la porción de mi parte y de mi copa;
Tú sustentarás mi suerte.
Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,
Y es hermosa la heredad que me ha tocado.
Bendeciré á Jehová que me aconseja:
Aun en las noches me enseñan mis riñones.

Y citaré de la Reina-Valera Actualizada (1989), el versículo 6:

Los linderos me han tocado en lugar placentero;
es hermosa la heredad que me ha tocado.

Hace poco escuché bromear a los locutores de Mountain Stage, un programa radiofónico estatal de música folclórica procedente de West Virginia, que me volvió a recordar lo ambiguos que pueden resultar los símbolos.  Un invitado había traído una receta o tal vez una muestra del pastel wet-bottom shoofly pie (un pastel muy azucarado, típico del recetario Amish; la expresión wet-bottom indica la consistencia húmeda del pastel, pero también podría entenderse como «trasero mojado» [N. del tr.]).  Las bromas y risotadas consiguientes me pusieron tan a la defensiva que acabé por apagar la radio.  ¿Cómo se atreven a meterse así con un artículo emblemático de mi cultura?

De repente me sentí como el tío que describe el estudioso de los Apalaches, Loyal Jones, en su Briar Sermon («Sermón de abrojos»): huyendo por el camino para distanciarse de su trasfondo de «atraso», se encontraba a cada rato con gentes que salían de las ciudades a la búsqueda de cualquier migaja de aquel estilo de vida tranquilo que pudieran alcanzar.  Su mayor sentimiento de pérdida —todo un asalto a su sensibilidad— se produce cuando oye en la televisión a un neoyorquino engominado imitar la música de su tierra.

Y aunque yo no tengo a prácticamente nadie entre mi parentela y amistades que sea Amish, lo vivo como un ataque personal cuando veo burlas caricaturadas y estereotipadas de los Amish en programas de humor como Saturday Night Live.  Como las orejas de Ross Perot, cualquier rasgo inusual o particular lo bastante notable como para merecer la atención de los caricaturistas, acaba siendo exagerado hasta el hastío por los medios de comunicación.  En esta sociedad masificada, se recibe como toda una afronta la persistencia de subculturas que conservan rasgos particulares.  Resistirse a ser como los demás en cuanto a lenguaje, forma de vestir, incluso la alimentación, parece que fuera una actividad subversiva.  Llevar esa resistencia a la igualdad hasta el dominio de los patrones socioeconómicos, la moral sexual o los valores familiares, a la vista del rechazo que genera, parece que fuera un acto de intolerancia política.  (Lo cual comprobará cualquiera que tenga más que tres hijos.)

Se supone que nuestros símbolos son para nuestro propio uso, que nos obedecen sin rechistar y comunican exactamente la carga de significación que queremos atribuirles.  Pero inevitablemente nuestros símbolos acaban por conformar patrones tan rígidos, que casi parecieran poder comunicar por cuenta propia.

[SIGUE...]

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