Corrientes anabaptistas: La historia en conversación con el presente
Anabaptist Currents: History in Conversation with the Present
Carl F. Bowman and Stephen L. Longenecker, eds.,
Copyright © 1995 Forum for Religious Studies,
Bridgewater College, Bridgewater, Virginia, EE.UU.
Traducción: Dionisio Byler, 2009, para www.menonitas.org
Conversación X-2 — Entrega, sumisión y dar cuenta de la vida
Entrega, sumisión y dar cuenta de la vida:
Aplicaciones y perspectivas contemporáneas
por Fred W. Benedict
Floyd Mallott, historiador de los Hermanos, declaró en su «Apología» que «El partido bíblico del ala anabaptista de la Reforma representa, para nuestra generación, el linaje por el que con mayor claridad nos habla Dios».
Este ensayo sobre el anabaptismo viene a subrayar la cita que acabamos de hacer de un autor que ha sido profesor de la historia de la iglesia durante muchos años.
En primer lugar, es imperativo que definamos qué entendemos por «entrega, sumisión y dar cuenta de la vida». Hace poco me impactó el libro de Paul Johnson, Modern Times, donde describe una condición de entrega, sumisión y dar cuenta de la vida. Al venir a describir el auge del comunismo despótico ruso, explica al lector el carácter de Lenin —y a la postre también de Stalin y Hitler— y el gobierno del terror que ellos consideraban que era indispensable para el éxito de sus respectivos regímenes. De hecho, consiguieron un grado máximo de entrega y sumisión mediante el terror y el rendir cuenta de la vida por el empleo de una amplia red de informadores y la policía secreta. No hace mucho ocurrió el suceso terrible de los «Branch Davidian» en Waco, Texas, que trajo a la mente los suicidios en masa sucedidos hace algunos años en Jonestown. Desde luego entre los miembros de estas sectas parece haber existido un grado elevadísimo de entrega y sumisión y rendir cuenta de la vida, que se manifestó en desenlaces trágicamente fatales.
Ninguno de esos ejemplos nos puede satisfacer. Nos interesan en particular los anabaptistas; y entre ellos, «el partido bíblico» de los anabaptistas. Creo que una de las definiciones mejores ha sido la que brinda Donald Kraybill. Hablando acerca de los Amish, dice:
El valor de la estructura de la vida Amish descansa en Gelassenheit —la piedra de toque de los valores Amish. Traducida, esta palabra alemana viene a significar algo así como la sumisión o entrega a una autoridad superior. Conlleva la entrega del yo, la resignación ante la divina voluntad, ceder ante los demás, negarse a sí mismo, el contentamiento, mantener siempre un espíritu tranquilo, de paz interior. Para los anabaptistas primitivos, Gelassenheit significó abandonar toda ambición personal para entregarse enteramente a la voluntad de Dios —incluso hasta la muerte. Cristo los llamaba a abandonar su ego y seguir su ejemplo de humildad, servicio y padecimientos.
En el mismo libro Kraybill dice: «Hablar de la humildad es todo lo contrario a nuestro bienamado individualismo, que procura la autorrealización y los logros personales en cada oportunidad».
Harold Bender ha dicho que: «La meta inicial perseguida por Lutero y Zuinglio había sido la vida cristiana sincera». En esto se llevaron un severo desengaño; y Lutero en diversas oportunidades lamentó que sus seguidores eran peores que inconversos.
Bender ofrece tres puntos principales de énfasis entre los anabaptistas bíblicos: el discipulado, la hermandad, el amor y la no resistencia. Desde esta forma anabaptista de entender el seguimiento de Jesús como un discipulado personal intensivo, mana todo el resto de su compromiso cristiano, el principio de Gelassenheit inclusive. J. Denny Weaver ha señalado, con justicia, que una norma teológica distintiva del anabaptismo de primera generación, parece haber sido el principio de la «solidaridad con Cristo». Weaver dice que: «El principio no sólo supone que los creyentes seguirán el modelo de las enseñanzas y la conducta de Jesús, sino que también participarán activamente en su obra, a la vez que él en la de ellos —con lo cual demuestran encontrarse efectivamente entre los miembros del cuerpo de Cristo». Es fácil ver cómo una visión semejante del seguimiento de Cristo, que lo abarca y llena todo, produciría tanto la obediencia a las palabras de Jesús, como la disciplina eclesial.
[SIGUE...]
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