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Corrientes anabaptistas: La historia en conversación con el presente
Anabaptist Currents: History in Conversation with the Present
Carl F. Bowman and Stephen L. Longenecker, eds.,
Copyright © 1995 Forum for Religious Studies,
Bridgewater College, Bridgewater, Virginia, EE.UU.
Traducción: Dionisio Byler, 2009, para www.menonitas.org

Conversación XI -2 — Misiones y evangelización

La Visión anabaptista y las misiones modernas
por Lois Barrett

En la tradición anabaptista, se ha tendido a dar por supuesto que existe cierta tensión entre la separación que practica la iglesia con respecto al mal que hay en el mundo, y la misión al mundo que es su vocación.  Esa presuposición sucede, en parte, porque el movimiento misionero moderno impactó en las iglesias de legado anabaptista en un período cuando su separación del mundo no tenía nada de misionera.  Los largos años vividos como «los tranquilos de la tierra», les habían valido para protegerlos de la persecución.  Esforzarse por distanciarse de las modas pasajeras daba como resultado brindarles una cierta protección de la asimilación al mundo.  Pero en el proceso, parecía haberse perdido la visión misional.  ¿Podía ser relevante para otras personas la manera anabaptista de entender la fe?  ¿Tenían un mensaje que proclamar a los que no eran ya de su fe?  ¿Tenían un mensaje que proclamar a las estructuras de gobierno y de la sociedad?  En el siglo XVI los anabaptistas parecían un movimiento peligroso; sus herederos espirituales en el siglo XIX apenas si suscitaban curiosidad.

En este contexto, el movimiento misionero moderno parecía ofrecer una corrección de rumbo.  Si los Hermanos y los Menonitas habían perdido su celo misional, tal vez el nuevo movimiento misionero podía ayudarles a tender lazos más allá de sus comunidades encerradas sobre sí mismas.  Algunos de nuestros de nuestros antepasados decidieron que las viejas costumbres arraigadas jamás cambiarían y optaron por abandonar las iglesias menonitas y de Hermanos, integrándose en otros grupos que tenían actitudes más misionales.  Otros se aferraron tanto más a sus costumbres de siempre.

Pero hubo también quienes intentaron combinar la identidad anabaptista y las misiones.  Christian Krehbiel, un líder del siglo XIX en la General Conference Mennonite Church, pensaba que existían unas convicciones medulares menonitas que los menonitas debían conservar a la vez que adoptaban las virtudes que aportaba el nuevo despertar.  En su autobiografía relata una visita a la iglesia menonita de Berne, Indiana, en el último tercio del siglo XIX:

Puesto que se consideraba que los menonitas eran una secta que estaba en vías de disolverse, las otras iglesias entendían que tenían libertad para hacer proselitismo entre ellos.  Mi visita fue muy bien acogida y mi sermón fue esencialmente de ánimo, con un énfasis especial en la tradición menonita y en el nuevo despertar.  Como las puertas y ventanas estaban abiertas por el clima veraniego, alcé mucho la voz de tal manera que me oyeron algunos que estaban lejos. […] Mis declaraciones suscitaron entre los menonitas una consciencia de su hermandad y de su valía; y entre los vecinos, un nuevo respeto de los menonitas.

Participar en los «Grande Despertares» del cristianismo norteamericano, aportó savia nueva a los grupos anabaptistas.  Sin embargo su historia los ha dejado con una especie de esquizofrenia.  Cuando el tema es el discipulado o la ética, tienden a citar a H. S. Bender, H. A. Fast, o Rufus Bowman; pero cuando se trata de la misión, pinta mucho más Donald McGavran.  Los activistas por la paz y los evangelizadores —en una misma iglesia— no parecen compartir una misma teología ni tampoco, a veces, estar hablando el mismo idioma.

[SIGUE...]

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