La mujer y la visión profética: Las precursoras de Jesús, por Juan Driver
Congreso Anabautista del Cono Sur — Uruguay, enero de 2007
Solemos leer, a través del lente de una larga tradición eclesiástica, las majestuosas líneas del Magnificat durante la temporada navideña sin reflexionar mucho sobre su profundo significado para comprender el proyecto salvífico de Dios a punto de ser llevado a su culminación a través de Jesús el hijo de esta humilde doncella galilea, provincia remota en una colonia subyugada bajo el imperio romano, que sería el Mesías de Dios en el mundo. Representa un vistazo, desde la periferia y desde abajo, que vislumbra una visión alternativa de un reino al revés.
Engrandece mi alma al Señor;
y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
[...] Quitó de los tronos a los poderosos,
Y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes,
y a los ricos envió vacíos.
Socorrió a Israel su siervo,
acordándose de la misericordia
de la cual habló a nuestros padres,
para con Abraham y su descendencia para siempre.
——————————————————————————Lc 1:46b-55
¡Palabras sumamente sorprendentes! Sobre todo si reconstruimos en nuestras mentes el contexto histórico. Son las palabras de una jovencita soltera encinta procedente de una aldea galilea y que, a esa altura, contaría con escasamente unos trece o catorce años de edad.
O sería María una niña sumamente precoz, o pertenecería a una comunidad que conservaba y compartía una tradición espiritual muy especial, alternativa a la oficial de su época, y muy diferente de las religiones patriarcales y monárquicas de los pueblos que rodeaban a Israel y que fueron una tentación aún para el pueblo de Dios. Uno se siente tentado a pensar en la última de estas dos posibles explicaciones, sobre todo cuando recordamos que sus expresiones son prácticamente una repetición de las palabras de otra mujer en la venerable tradición del pueblo de Israel. Es como si hubiera acabado de leer el cántico de Ana, la hasta entonces estéril mujer de Elcana y madre del pequeñito Samuel, en la ocasión de su presentación en el santuario en Silo más de un milenio antes de aparecer María en el escenario de la historia.
Mi corazón se regocija en Jehová,
mi poder se exalta en Jehová;
mi boca se ensanchó sobre mis enemigos,
por cuanto me alegré en su salvación. [...]
————————————————————1 S 2:1b-10
Otras semejanzas entre Ana y María son obvias. Temas específicos que María recogió de Ana (y de la tradición posterior conservada en los Salmos y los Profetas) incluyen los de una dependencia absoluta en Dios tanto para su protección frente a todos sus adversarios, como su abundante provisión para todas sus necesidades.
[SIGUE...]
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