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La mujer en la Iglesia primitiva:
Contracultura en una sociedad patriarcal
, por Juan Driver
Congreso Anabautista del Cono Sur — Uruguay, enero de 2007

La comunidad mesiánica que surgió tras la Resurrección de Jesús y la unción de su Espíritu en Pentecostés no dudó que el reinado de Dios que Jesús había anunciado ya comenzaba a ser una realidad en su medio.  Durante los cuarenta días entre su resurrección y su ascensión Jesús dedicó sus esfuerzos a enseñarles acerca del reino de Dios y, de paso, a corregirles a los discípulos su malentendido nacionalista (Hch 1:3,6-8).  Y durante las primeras décadas de la misión de los apóstoles, el reino de Dios fue tema de su proclama a través de todo el libro de los Hechos, finalizando con Pablo, prisionero en Roma, «predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo» (28:31).

Y a mediados del primer siglo, en adelante, cuando los Evangelios Sinópticos fueron escritos para la orientación de las congregaciones que iban extendiéndose a través del Imperio Romano, los escritores seguían recordando muy especialmente lo que Jesús había dicho en relación con el reinado de Dios.  El término ocurre más de cien veces en los Sinópticos.  Ellos recordaron que Jesús les había hablado de la inminente llegada del reinado de Dios.  «Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros» (Lc 11:20).  Y Mateo también recordaba las palabras de Jesús cuando dijo que «si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios» (Mt 12:28).

Si bien es cierto que ellos recordaron que los «dos varones vestidos de blanco» les habían dicho que Jesús vendría de nuevo, y se esforzaron para mantener viva esa esperanza de la parousía en las comunidades que surgían como resultado de la misión apostólica, era su convicción que el reinado de Dios ya se hallaba entre ellos y con urgencia invitaban a todos a entrar en él y a vivir los valores de esta «nueva creación» en el poder del Espíritu del Cristo Viviente.  Esta realidad dinámica afectaba todos los aspectos de su vida, incluyendo sus relaciones sociales y económicas en medio de los contextos paganos y judíos en que se encontraban.

En ningún lugar se notó más esta dinámica de la actualidad vivencial del reinado de Dios, que en la transformación revolucionaria de la situación de los marginados, llevando a la inclusión en condiciones de igualdad de los gentiles paganos,  los esclavos oprimidos, las mujeres dominadas, los sin cultura, los niños, los obreros, los súbditos en regímenes crueles y totalitarios, etc.  Varios textos incluidos en los escritos de Pablo subrayan esta realidad.

«En Cristo … no hay varón ni mujer»

«Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.  Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3:26-28).

[...] (1 Cor 12:12,13).

[...] (Col 3:9b-11).

Esta visión parece haber sido ampliamente compartida en la iglesia primitiva, especialmente en las comunidades helenistas en el Imperio Romano.
[SIGUE...]

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