Juan Driver, La fe en la periferia de la historia (eds. SEMILLA y CLARA, 1997)
| Capítulo 5. |
| El monasticismo |
Introducción al movimiento monástico egipcio
Antonio y el monacato anacoreta
Pacomio y el movimiento cenobita
Conclusión |
«Los peces mueren cuando están mucho tiempo fuera del agua. Así también los monjes, que se tardan mucho fuera de sus celdas, o juntos con los hombres del mundo, perderán su deseo por la soledad. Como el pez sólo puede vivir en el mar, así también nosotros tenemos que volver apresurados a nuestras celdas. Pues, tardándonos afuera, corremos el peligro de perder nuestra fortaleza interior».
Introducción al movimiento monástico egipcio
Para poder comprender el movimiento monástico primitivo es necesario tomar nota del contexto socioeconómico y político en que surgió el monacato en Egipto, a fines del siglo III y comienzos del siglo IV. El testimonio evangelizador de las comunidades apostólicas y postapostólicas había conducido al crecimiento de la Iglesia, especialmente en los principales centros urbanos del imperio romano. El movimiento cristiano de los primeros cien años se encontraba limitado principalmente a las ciudades. Pero a partir de las grandes persecuciones, del siglo II en adelante, empezamos a notar excepciones. Como ya hemos mencionado, el movimiento montanista surgió en una zona esencialmente rural con su centro en Frigia, una provincia de Asia Menor, tras una severa persecución imperial a que fueron sometidos los cristianos.
En el año 250, el emperador romano, Decio, lanzó la primera persecución sistemática, y de alcance universal, comenzando con la ejecución, en enero de 250, de Fabián, obispo de Roma. A mediados de ese año se decretó que todos los ciudadanos debían probar, mediante una certificación oficial, el haber sacrificado al emperador. Hubo miles de mártires. Pero algunos de los cristianos claudicaron, unos cedieron a las presiones, y otros se salvaron mediante sobornos, u otros medios. Esta experiencia condujo a una crisis en la Iglesia sobre la cuestión de cómo tratar a los lapsos penitentes. Esta crisis, como veremos más adelante, contribuyó al surgimiento del movimiento donatista, con serias consecuencias que afectaron la unidad de la Iglesia norteafricana. Otra ola de persecución, bajo Valeriano, se dio unos siete años más tarde.
Entre las víctimas estaban Sixto, obispo de Roma, y el pastor y teólogo de la Iglesia norteafricana, Cipriano de Cartago.
Sin embargo, fue en Egipto donde las consecuencias de estas persecuciones produjeron los resultados más inesperados. Las persecuciones, por un lado, y los apremios económicos, por el otro, forzaron a muchos a abandonar las principales ciudades y las aldeas situadas a la orilla del Nilo en el bajo Egipto, y a marcharse hacia el desierto en busca de nuevas posibilidades de supervivencia. A los cristianos que huían de la persecución en los centros de población egipcia se unieron los campesinos humildes de la zona, quienes, en ocasiones al borde de la desesperación, tuvieron que desplazarse buscando cómo sobrevivir. De modo que a partir del año 250 en adelante, descubrimos una creciente presencia de cristianos marginados en las zonas desérticas egipcias.
Antonio y el monacato anacoreta
Nuestra principal fuente para conocer la vida y la obra de Antonio se encuentra en los escritos de Atanasio (296-373), obispo de Alejandría. Aunque polémico en sus actitudes y acciones, Atanasio fue todo un personaje en la Iglesia de su época. Era un ferviente defensor de la ortodoxia doctrinal contra las opiniones de los disidentes de su tiempo, como Arrio y Melito. Pero antes de ceder a las presiones imperiales en el este, estuvo dispuesto a huir y a vivir en el exilio. A pesar de sus muchos contactos en los círculos oficiales, compuestos por los emperadores y obispos de la cristiandad constantiniana, siguió siendo amigo y defensor de los monjes, Antonio, Pacomio y Serapión. Gracias a sus esfuerzos, el monacato egipcio llegó a conocerse a través de todo el imperio romano. Atanasio fue el autor de una biografía de Antonio, La vida de Antonio, probablemente escrita poco después de la muerte de éste en el año 356.
Antonio (251-356) nació en el seno de una familia cristiana en el bajo Egipto.
[SIGUE...]
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