Juan Driver, La fe en la periferia de la historia (eds. SEMILLA y CLARA, 1997)
| Capítulo 7. |
| Pedro Valdo y los valdenses |
Contexto socioeconómico y religioso del valdismo medieval
Los comienzos del valdismo: Pedro Valdo y los Pobres de Lyon
Confrontación con el poder eclesiástico y excomunión
La difusión del movimiento de los Pobres de Lyon
Los Pobres lombardos: una segunda tributaria del valdismo medieval
Las estructuras fundamentales del valdismo medieval
El desarrollo posterior del movimiento valdense |
«Se les puede reconocer por sus costumbres y por su modo de hablar. Regulados y modestos, evitan el lujo en el vestido. … Viven como obreros, del trabajo de sus manos. Sus propios maestros son tejedores o zapateros. No acumulan dinero y se contentan con lo necesario. Son castos, … moderados en las comidas, no frecuentan ni las hosterías ni los bailes, porque no gustan de tales frivolidades. Siempre aplicados al trabajo, sin embargo, encuentran tiempo para enseñar y estudiar. Destinan también algún tiempo a la oración. Van a la iglesia, participan del culto, se confiesan, comulgan y asisten a las predicaciones, aunque lo hacen con la finalidad de advertir errores en el predicador. Se les reconoce también por su conversación sobria y discreta. Rehuyen la maledicencia, se abstienen de chácharas ociosas y bufonescas como también de las mentiras.» (Seudo Rainerio, observaciones hechas por los inquisidores de Europa Central en el año 1270.)
Contexto socioeconómico y religioso del valdismo medieval
Las así llamadas «reformas» del Papa Gregorio VII (1073-1085) condujeron a un proceso de institucionalización en la Iglesia. La lucha entre la curia romana y el poder imperial desembocó en una humillación inaudita del emperador Enrique IV. La Iglesia experimentó una creciente centralización del poder con la supresión de la elección de los obispos y la reducción al mínimo de la participación de los laicos en la vida eclesiástica. Un siglo más tarde, bajo Inocencio III, el papado alcanzó la cumbre de su poderío terrenal. La jerarquía eclesiástica se convirtió en un poder absoluto y universal.
Pero en lugar de rechazar las condiciones del mundo feudal, la Iglesia adoptó el sistema con sus valores, convirtiéndose en su patrón protector. Las tierras cultivables eran consideradas de mayor valor. La cohesión social se garantizaba mediante una cadena de compromisos en que los siervos feudales, atados a las tierras, juraban homenaje a los superiores y las relaciones interpersonales en la sociedad entera se aseguraban mediante juramentos santificados por la Iglesia. El incumplimiento de éstas traía sanciones, tanto religiosas como civiles.
Mientras tanto, con el desarrollo de ciudades en Italia y en el sur de Francia, el centro de gravedad se iba cambiando desde los campos hasta los centros urbanos, donde surgió una nueva agrupación social mercantil. Con todo, la Iglesia no pensaba renunciar a sus privilegios, dando lugar a cambios socioeconómicos.
[…]
En el curso del siglo XII llegaron oleadas de bogomilos de tierras bizantinas. Vivían en comunidades fraternales de tipo agrícola que luego adoptaron formas semimonásticas y ascéticas. Su concepto del bien y del mal consistía en un dualismo extremo. Para el año 1170, el catarismo francés llegaba a ser una poderosa institución de carácter eclesiástico capaz de competir con la Iglesia católica en su lucha por obtener influencia y poder. A esta altura el ideal de la pobreza apostólica, que en un principio había constituido el atractivo evangélico para las masas populares, dejo de ser importante.
La extensión del movimiento cátaro en el sur de Francia coincidía con una profunda transformación de la sociedad feudal que dejaba de ser exclusivamente agrícola, convirtiéndose en economía de mercaderes y artesanos. En este contexto, Valdo renunció a sus propios bienes como un rechazo a dejarse envolver en esta evolución económica, cuyos síntomas ya se estaban sintiendo en Lyon. Pero no lo hizo para agradar a la Iglesia que, desde hace tiempo, había institucionalizado la pobreza. La solución que Valdo proponía era no seguir siendo víctima de sus propias riquezas, rindiéndose libre y confiadamente a la Palabra Evangélica en su renuncia de seguridades humanas. Y asumía la pobreza, no como un fin en sí mismo, sino en función de la predicación, con integridad, del evangelio. En este sentido, se trataba de una auténtica pobreza apostólica.
Los comienzos del valdismo: Pedro Valdo y los Pobres de Lyon
Se han señalado una serie de situaciones y experiencias que podrían haber contribuido a la decisión de Pedro Valdo, rico mercader lyonés, para despojarse de sus bienes y dedicarse a la predicación itinerante del evangelio frente a toda oposición.
[SIGUE...]
ABRIR ARCHIVO COMPLETO EN FORMATO DE IMPRESIÓN .pdf
|
|