Juan Driver, La fe en la periferia de la historia (eds. SEMILLA y CLARA, 1997)
| Capítulo 8. |
| Francisco de Asís y los Hermanos menores |
Francisco de Asís y los Hermanos menores
Las Pobres señoras de Asís
Los franciscanos terciarios
Los franciscanos primitivos y el movimiento valdense
Conclusión |
Francisco de Asís (1181-1226) nació con el nombre de Giovanni Bernardone en el pueblo de Asís, situado a unos cien kilómetros al norte de Roma en la parte central de Italia. Era hijo de un rico comerciante de telas y dedicó los primeros años de su juventud al trabajo de su padre. En su juventud era conocido por su gusto a la vida y su rebeldía juvenil. A los veinte años de edad fue reclutado para defender los intereses de su pueblo natal contra las ambiciones comerciales de la ciudad vecina, Perugia. En este conflicto Francisco fue hecho prisionero y permaneció encarcelado durante varios meses, probablemente meditando sobre los caballeros guerreros, los conflictos intervecinales entre los pueblos, y sus amargadas víctimas. Al regresar enfermo a su casa, experimentó una creciente crisis personal que le llevó finalmente a dedicarse a la oración y a una vida ambulante de solidaridad y de servicio hacia los pobres. En una visita a Roma, fue profundamente conmovido por la condición de los mendigos ante las gradas de San Pedro. Intercambió su vestimenta con uno de ellos y pasó el día en su lugar pidiendo limosnas. Se dedicó al servicio itinerante, sirviendo especialmente a los leprosos y en la reconstrucción de la iglesia de San Damián, cerca de Asís, que estaba en ruinas. Decía, «Cuando estaba aún en mis pecados, me parecía demasiado amargo mirar a los leprosos, pero el mismo Señor me condujo entre ellos, y sentí compasión de ellos. Cuando los dejé, lo que antes me pareciera amargo habíaseme tornado dulce y fácil». Luego de utilizar el beneficio obtenido, de la venta de telas pertenecientes a su padre, para sus obras de bene-ficencia, Francisco fue desheredado por su padre.
Francisco pasó los próximos cuatro años vagando por Asís y sus alrededores, ministrando a los menesterosos y restaurando iglesias en ruinas. Entre éstas estaba su favorita, la Porciúncula, situada en las afueras de su pueblo. Fue allí que un domingo oyó las palabras de Cristo a sus apóstoles, «Yendo, predicad, diciendo: el reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos … de gracia recibisteis, dad de gracia. No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos…» (Mateo 10:7-14). El mensaje fue el mismo que unos treinta años antes había conmovido a Pedro Valdo, el rico comerciante de Lyon, en el sur de Francia.
Francisco no tardó en poner esta visión en práctica. «El Altísimo me reveló que yo debía vivir según el modelo del santo evangelio.» Se deshizo de su bastón y sus zapatos. Se puso una larga túnica oscura con un cinto de cordón, asumió una pobreza apostólica, y se dedicó a la evangelización itinerante. Dentro de poco tiempo se encontraba rodeado de una banda de hombres con una vocación similar.
Para ordenar la vida de este grupo, Francisco redactó una regla primitiva, basada principalmente en textos tomados de los Evangelios que incluía las exhortaciones de Jesús. Con esta base, y acompañado de una docena de sus compañeros, acudió a Inocencio III, por el año 1209-10, para solicitar el reconocimiento papal, mismo que les fue otorgado. Esta nueva asociación se llamaba originalmente los penitentes de Asís. Más tarde serían llamados por Francisco, los Hermanos menores, o Humildes.
[SIGUE...]
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