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Juan Driver, La fe en la periferia de la historia (eds. SEMILLA y CLARA, 1997)

Capítulo 13.
El anabautismo en el contexto zwingliano
Los comienzos anabaptistas en Zurich
Extensión del anabautismo suizo
El anabautismohuteriano en Austria y Moravia

«Y aconteció que estuvieron reunidos hasta que comenzó el temor y los acometió, más aún: penetró en sus corazones. Entonces, comenzaron a doblar la rodilla ante el supremo Dios que está en el cielo, y lo invocaron … rogando que les permitiera cumplir su divina voluntad y que les mostrara su misericordia. … Después de la oración, Jorge Cajakob se puso de pie y rogó a Conrado Grebel que por amor a Dios lo bautizara con el verdadero bautismo cristiano, por su fe y su convicción. … Conrado lo bautizó, porque a la sazón no había otro ministro ordenado que pudiera cumplir con esa función. Cuando eso hubo ocurrido, los demás expresaron también su deseo de que Jorge los bautizara, cosa que él hizo accediendo a su deseo. Y así se consagraron juntos, con gran temor de Dios, al nombre del Señor. Uno confirmó al otro en el servicio del evangelio y comenzaron a enseñar la fe y a sostenerla. Con eso comenzó la separación del mundo y de sus malas obras. …» (de la Crónica de los Hermanos Hutteritas, 1565).

Los comienzos anabaptistas en Zurich

Las raíces inmediatas del anabautismo evangélico se encuentran en el círculo de seguidores radicales de Ulrico Zwinglio en Zurich. Zwinglio, un sacerdote suizo de orientación erasmista, fue nombrado párroco en Zurich a fines de 1518. Gracias a su dedicación al estudio bíblico y la predicación, llegó a la conclusión de que el evangelio proveía la única base para la autoridad espiritual. Así que llegó a cuestionar toda una serie de prácticas católicas tradicionales. En noviembre de 1522, al romper formalmente con el papado, renunció a su nombramiento y salario papales. El concejo municipal rápidamente le reinstaló en su puesto, formando así una iglesia establecida, independiente del catolicismo romano.

En este círculo más allegado a Zwinglio, que luego llegaría a ser anabaptista, se encontraba Conrado Grebel, hijo de una familia de la alta burguesía de Zurich. Enviado a estudiar en las universidades de Viena y de París, había derrochado su dinero en una vida disoluta, volviendo a su casa con la salud quebrantada y sin título académico. Pero, durante la primavera de 1522, experimentó una profunda conversión, gracias a la predicación evangélica de Zwinglio, llegando a ser gran admirador de su maestro. Otro era Félix Mantz, hijo ilegítimo de un sacerdote católico, que había recibido una buena formación en los idiomas bíblicos. En el grupo también estaban Juan Brotli y Simón Stumpf, que eran párrocos de iglesias situadas en las aldeas cercanas. Baltasar Hubmaier, pastor de la iglesia en Waldshut en la frontera alemana, atraído por sus intereses comunes en una reforma basada en el evangelio, también estableció una relación estrecha con Zwinglio.

Pero, a medida que Zwinglio iba redescubriendo el evangelio y compartiéndolo en su predicación, las demandas de cambio en las prácticas impositivas de las autoridades y en el culto de la iglesia comenzaron a hacerse oír en el pueblo. Como Zwinglio había predicado que la cobranza de los intereses era contraria a la Biblia, los campesinos en las cercanías de Zurich pidieron la eliminación de estas cargas impositivas y los diezmos a que estaban sujetos. Sin embargo, el concejo municipal ordenó que continuaran pagando todas sus obligaciones económicas, tanto a la ciudad como a los monasterios. Para mediados de 1523, Zwinglio sugirió cambios en la misa para que fuera una comunión más acorde con la visión evangélica. Pero el concejo municipal, temiendo problemas con otros miembros de la Confederación Suiza, se resistió a aprobar los cambios.

Mientras tanto iban aumentando las tensiones en el pueblo. Presionado por una creciente opinión pública, Zwinglio declaró que para el día de Navidad de 1523, se iniciaría una comunión evangélica en Zurich. Una vez más, el concejo se opuso y Zwinglio tuvo que retractarse de lo dicho, aceptando postergar los cambios propuestos indefinidamente, a fin de no poner en peligro su relación amistosa con la autoridad secular.

[SIGUE...]

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