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Juan Driver, La fe en la periferia de la historia (eds. SEMILLA y CLARA, 1997)

Capítulo 14.
El anabautismo en los Países Bajos
El movimiento sacramentista
El movimiento melchorita
El reino teocrático de Munster
Menno Simons y el anabautismo evangélico en los Países Bajos

«Se me ocurrió cada vez que administraba el pan y el vino en la misa, que no eran la carne y la sangre del Señor. Pensé que el diablo me estaba sugiriendo eso para que me apartara de la fe. Lo confesé con frecuencia, suspiré y oré, pero aun así no pude deshacerme de la idea. … Después de esto ocurrió … que un temeroso de Dios y piadoso héroe, llamado Sicke Snijder, fue decapitado en Leeuwarden por haber sido rebautizado. Sonaba muy extraño para mí oír de un segundo bautismo. Examiné las Escrituras diligentemente y las consideré con seriedad, pero no pude encontrar indicios del bautismo de infantes. … Después, las pobres ovejas descarriadas que anduvieron errabundas … después de muchos crueles edictos, garrote y matanzas se congregaron en un sitio cerca del lugar de mi residencia … Y, ay, mediante las impías doctrinas de Munster … desenvainaron la espada para defenderse, la espada que el Señor le había mandado a Pedro que guardase en su vaina. … La sangre de esta gente … me tocó tan profundamente el corazón que no pude resistir. … Meditando estas cosas mi conciencia me atormentaba tanto que ya no pude sufrirlo más. … Comencé a predicar públicamente desde el púlpito la palabra de verdadero arrepentimiento, a señalar a la gente el camino angosto … y también el verdadero bautismo y Cena del Señor, conforme a la doctrina de Cristo. … Entonces, sin presión alguna, repentinamente renuncié a toda mi reputación mundana, mi nombre y mi fama, mis anticristianas abominaciones, mis misas y bautismo de infantes, y mi cómoda vida y, voluntariamente, me sometí a las aflicciones y a la pobreza bajo la pesada cruz de Cristo.» (Menno Simons: Conversión, llamamiento y testimonio)

El movimiento sacramentista

Hacia finales de la Edad Media se desarrolló en los Países Bajos una extensa tradición de oposición a la teología eucarística sacramental del catolicismo medieval, junto con las prácticas relacionadas con ella. Las autoridades eclesiásticas y seculares, horrorizadas ante estas tendencias, le llamaron «sacramentismo» a este movimiento, y a sus adherentes les tildaron de «sacramentistas». Aunque las raíces de este movimiento no están muy claras, esta visión contribuyó a la liberación de la Cena del Señor del monopolio que había colocado esta «vía de gracia» en manos de una élite eclesiástico-clerical. El sacramentismo despojaba a la eucaristía de su dimensión sacrificial, otorgándole un carácter conmemorativo y simbólico de la comunión vivida en el cuerpo de Cristo. En el caso del bautismo —que tenía la función de asegurar el carácter monolítico de la sociedad medieval— cambiaron el uso del sacramento en la cristiandad en un instrumento para la creación de una nueva comunidad de alianza, transformando, en el proceso, el carácter de la Iglesia.

Ya a principios del siglo XII, el neerlandés Tanchelm exhortaba a sus muchos seguidores a no participar en el sacramento de los sacerdotes ni prestar atención a los curas y obispos ni pagar los diezmos exigidos por ellos.  Ideas como las de Gansfort, Erasmo y otros, que surgieron en los círculos relacionados con los Hermanos de la vida común, también contribuyeron a fermentar la insatisfacción con la teología sacramental oficial, ampliamente extendida por los Países Bajos. En 1517 el sacramentista Wouter, ex-fraile dominico, colgó su hábito y recorrió toda Holanda predicando «la verdad del evangelio». Posteriormente, uno de sus seguidores, Cornelio Hoen, abogado de La Haya, escribió que la Cena del Señor es simbólica y que la frase «esto es mi cuerpo» debe traducirse «esto significa mi cuerpo». También cuestionó radicalmente el concepto sacrificial que concebía la misa como un rito de expiación repetido indefinidamente, y propuso entenderla como una cena conmemorativa que proclama un compromiso de fe y amor entre Cristo y su pueblo.

La predicación de la reforma radical, en sus comienzos un movimiento principalmente popular y de gente común, dependía especialmente de predicadores laicos. Ellos tendían a propagar los aspectos iconoclastas entre el pueblo común, mientras que la corriente bíblico-humanista atraía más a personas de las capas intelectuales y económicamente privilegiadas. El sacramentismo también estaba entremezclado con una resistencia común a la imposición del control político extranjero católico-español. Entre los años 1525 y 1530 el movimiento creció notablemente, y sus principales portavoces eran cada vez más los predicadores laicos sin preparación teológica formal, y menos, los sacerdotes, frailes y monjes. La actitud de la primera mártir sacramentista, la viuda Weynken de Monickendam, nos ofrece un ejemplo de la entrega y la valentía con que las personas comunes abrazaban su fe. En 1527 ella fue llevada ante las autoridades y cuestionada sobre el sacramento, respondió: «Yo afirmo que vuestro sacramento no es sino pan y harina, y si vosotros afirmáis que es Dios, yo digo que es vuestro demonio». En cuanto a la extrema unción, declaró: «El aceite es bueno para la ensalada y para suavizar el calzado». Y cuando dos frailes dominicos le mostraron el crucifijo, tallado en madera, respondió: «Este no es mi Dios. La cruz por la cual yo fui redimida es diferente. Este es un dios de palo; echadlo al fuego y calentáos con él. … Mi Dios y Señor no es éste; mi Señor Dios está en mí, y yo en él».

[SIGUE...]

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