Juan Driver, La fe en la periferia de la historia (eds. SEMILLA y CLARA, 1997)
| Capítulo 17. |
| Juan Wesley y los metodistas |
Juan Wesley y los comienzos del metodismo
La evangelización de los pobres
Solidaridad con los pobres
Economía de compartir
Las sociedades metodistas
El legado wesleyano |
«Desde el día en que la Iglesia y el Estado, los reinos de Cristo y de este mundo, fueron unidos de forma tan extraña y tan contraria a su naturaleza, el cristianismo y el paganismo resultaron tan completamente entrelazados entre sí, que difícilmente podrán volverse a separar hasta que Cristo venga a reinar sobre la tierra. Así que, en lugar de soñar con esa gloria de la Nueva Jerusalén que cubrirá la tierra en esa era, somos testigos de la realidad terrible que desde entonces, y hasta ahora, estamos cubiertos del humo que sale del abismo sin fondo.» (Juan Wesley: De los primeros tiempos)
«Muchos de sus hermanos, amados del Señor, no tienen alimentos que comer; no tienen vestimenta con que cubrirse; no tienen lugar donde descansar la cabeza. ¿Y por qué están en esta aflicción? Porque ustedes en su impiedad e injusticia y crueldad retienen aquello que el Maestro suyo, y el de ellos también, coloca en las manos de ustedes a fin de suplir las necesidades de ellos.» (Juan Wesley: Causas de la ineficacia del cristianismo)
Juan Wesley y los comienzos del metodismo
Juan Wesley (1703-1791) nació en el seno de la Iglesia anglicana. Su padre Samuel era párroco y ardiente defensor de la alta tradición católica —en el anglicanismo— y de su cabeza, el monarca inglés. Su madre Susana era hija de un ministro disidente de renombre. Ella era una decidida no conformista, tanto en lo religioso como en lo político. Susana era una mujer realmente notable, santa, matriarca, maestra y madre. Con gran disciplina se dedicó a la crianza y a la formación cristiana de sus hijos. Juan era el número quince en una familia de diecinueve. Cuando el pequeño Juan tenía seis años, la casa parroquial se incendió y el niño fue salvado por una ventana de la planta superior, en el último momento. De allí en adelante su madre le recordaría como «un tizón arrancado del fuego».
Juan Wesley adquirió una excelente formación académica en Oxford desde 1720. A partir de 1725 experimentó la primera de una serie de «conversiones». Esta experiencia de conversión radical, que Wesley posteriormente contaría varias veces, era el resultado de una serie de influencias sobre su vida: su formación en el seno de un hogar realmente notable; su propio proceso de maduración; una amiga espiritual; y lo que aprendió mediante su lectura de Taylor, Kempis y Law —que la vida cristiana implica comprometerse enteramente en el amor a Dios y al semejante, tanto en el vivir como en el morir.
«Cuando tenía 23 años de edad, encontré [la obra] Reglas y ejercicios para el vivir y morir en santidad, del obispo Taylor. … Fui profundamente tocado … y decidí dedicar mi vida entera a Dios, todos mis pensamientos, palabras y acciones. … En el año 1726 encontré El patrón cristiano, de Kempis. … Me di cuenta de que entregar toda la vida a Dios … no me aprovecharía en nada, a menos que le entregara mi corazón, sí, todo mi corazón a Él. … Un año o dos más tarde, me entregaron en las manos La perfección cristiana y Un serio llamado, de Guillermo Law. Éstos me convencieron más que nunca de la imposibilidad absoluta de ser un cristiano a medias, y determiné por su gracia (que reconocí era absolutamente fundamental) comprometerme enteramente a Dios; entregándole mi alma entera, mi cuerpo y mis bienes.»
[SIGUE...]
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