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Juan Driver, La fe en la periferia de la historia (eds. SEMILLA y CLARA, 1997)

Capítulo 20.
El pentecostalismo
Los comienzos del movimiento pentecostal en los Estados Unidos
Raíces espirituales e ideológicas del pentecostalismo estadounidense
El pentecostalismo y la habilitación de los oprimidos y marginados
Actitudes hacia el poder político y participación en la guerra
El pentecostalismo negro

«Gritaron durante tres días y tres noches. Era la pascua de la Resurrección. La gente llegó de todas partes. A la mañana siguiente uno no podía ni acercarse a la casa. A medida que la gente entraba caían bajo el Poder de Dios; y la ciudad entera fue conmovida. Gritaron hasta que los cimientos de la casa cedieron, pero nadie sufrió daño.» (Pentecostal Evangel, 6.4. 1946, p. 6)

«Era algo muy extraordinario, que pastores blancos del sur gustosamente se prepararon para ir a Los Ángeles con los negros, para poder tener comunión con ellos y recibir mediante sus oraciones e intercesiones las bendiciones del Espíritu. Y fue aún más maravilloso que estos pastores blancos volvieran al sur e informaran a sus congregaciones que habían estado con negros, que habían orado juntos en un solo Espíritu y que habían recibido las mismas bendiciones que ellos.» (A. A. Boddy)

El pentecostalismo ha sido un movimiento explosivo, de difusión global. Es un movimiento complejo y multifacético. Incluye el pentecostalismo clásico, que surgió a principios del siglo XX, y el neopentecostalismo, o movimiento carismático, que surgió en la sexta década de nuestro siglo y que ha hecho sentir su presencia en todas las confesiones y denominaciones en el curso de la segunda mitad de este siglo. Entre estos dos tipos de pentecostalismo se destacan semejanzas fundamentales al igual que marcadas diferencias. Pero, por importante que sea el tema, dentro de los límites de este capítulo sólo será posible describir el primero de estos movimientos, muy a grandes rasgos, y examinar especialmente la forma en que ha sido un movimiento de los marginados y des-heredados y un esfuerzo por restaurar la visión y la dinámica del cristianismo primitivo en el poder del Espíritu de Aquel que fue «ungido para dar buenas nuevas a los pobres».

Los comienzos del movimiento pentecostal en los Estados Unidos

Charles F. Parham (1873-1929), hombre un tanto excéntrico, inquieto en su búsqueda espiritual, intenso en su actividad, valientemente profético, intransigente en la controversia y motivado por cierto sentido de destino divino, representa la quinta esencia de la personalidad pentecostal. Fue criado en el seno de una familia humilde de pioneros, en las vastas praderas del viejo oeste en el estado de Kansas. A los doce años tuvo su primera experiencia religiosa bajo el ministerio de un predicador congregacionalista itinerante que visitaba su pueblo. Posteriormente la familia estableció relaciones con el pastor de una denominación que enfatizaba la santidad de vida y una experiencia espiritual de tipo carismático, elementos que habrían de caracterizar el ministerio de Parham.

Tras la muerte de su madre, el padre de Parham se casó con la hija de un predicador metodista itinerante. Era una mujer de profunda espiritualidad y fortaleza de carácter, con una predilección por las manifestaciones de poder de la religión de antaño. Y a la edad de quince años encontramos al joven Parham comenzando sus primeras reuniones de evangelización. Estudió dos años del curso normal en la academia asociada de una institución metodista en un pueblo cercano, pero reconoció que sus «tareas religiosas» no le dejaban tiempo adecuado para sus estudios. Su estado de salud nunca había sido muy bueno, y cuando ésta se deterioró al punto de poner en riesgo su vida, a los dieciocho años de edad, Parham suplicó la sanidad prometiendo dedicarse al ministerio cristiano.

A partir del año 1893 Parham comenzó una serie de pastorados en congregaciones metodistas con licencia provisional. Pero después de un par de años sin resultados visibles se volvió inquieto, renunció a su afiliación metodista y se inició en un ministerio evangelístico independiente. Pensaba que el verdadero cristianismo bíblico difícilmente podía experimentarse en un contexto denominacional tradicional y comenzó a llamar su visión «la fe apostólica». En su itinerancia encontró a muchas personas abiertas a sus ideas y sus preocupaciones por la santidad de la Iglesia. Entre sus contactos personales se encontraba un cuáquero inglés, David Baker, con quien se dedicó al estudio y la interpretación de la Biblia que contribuyó al radicalismo que habría de caracterizarlo durante el resto de su vida. Formalizó esta nueva predilección por la espiritualidad cuáquera, con su dependencia directa en el Espíritu de Dios y su profunda antipatía hacia las instituciones y convenciones de la cristiandad establecida, y se casó con la nieta de Baker.

Una nueva crisis de salud le llevó a orar por su sanidad, y, una vez restablecido, comenzó a integrar la sanidad en su mensaje evangelístico. En su ministerio enseñaba la salvación, la sanidad y la santificación por la fe, la imposición de manos, el bautismo del Espíritu Santo y fuego y la segunda venida de Cristo. Enfatizaba cada vez más la sanidad y llegó a señalar que ésta es parte de la obra redentora de Cristo y debe ser tanto un aspecto del evangelio como lo es el perdón de los pecados. Finalmente, llegó a abogar por la normatividad de la santificación como una segunda obra de gracia —posición sostenida por el movimiento de santidad presente en las corrientes wesleyanas— y también por una experiencia adicional: el bautismo del Espíritu Santo.

Después de viajar por todo el sector noreste de los Estados Unidos, y aun hasta Canadá, para explorar «las últimas verdades restauradas por los movimientos de los postreros tiempos», abrió una escuela bíblica para difundir su visión en Topeka, Kansas. En sus viajes, Parham había recibido la influencia de un ex-ministro de los bautistas libres que compartió su visión de «la restauración de todas las cosas» y la realización del reino de Dios. Entre otras cosas, esto incluía la recuperación de una fe plenamente apostólica en los últimos tiempos, intensidad de la experiencia religiosa y apertura a las revelaciones del Espíritu. Por su parte, Parham había llegado a enseñar un bautismo del Espíritu y fuego como experiencia posterior a la santificación.

El primero de enero de 1901, una de las estudiantes en la escuela bíblica de Parham pidió oración, con imposición de manos, a fin de recibir el bautismo del Espíritu Santo y fuego, y efectivamente, recibió el don de lenguas. A los pocos días, más de una docena de personas habían hablado en lenguas, y Parham concluyó que el don de lenguas era la evidencia bíblica de haber sido bautizado en el Espíritu Santo. La experiencia de las lenguas era para Parham una dimensión más de la fe apostólica neotestamentaria, que él intentaba restaurar.

Esta experiencia de restauración de la fe apostólica marcó el fin de la escuela bíblica. En los meses siguientes Parham visitó a sus simpatizantes en Kansas y Misuri para compartir sus nuevas experiencias. En enero de 1904, el diario de Joplin, Misuri, informó que 8 000 personas habían encontrado la salvación y 1 000 habían sido sanadas.

[SIGUE...]

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