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Juan Driver, La fe en la periferia de la historia (eds. SEMILLA y CLARA, 1997)

Capítulo 21.
Las comunidades eclesiales de base
Surgimiento de las comunidades eclesiales de base en América Latina
Una preocupación por la evangelización
El movimiento de Educación de Base
Programa Pastoral Nacional
Las comunidades eclesiales de base en perspectiva eclesiológica

«En especial, hemos descubierto que las comunidades pequeñas, especialmente las CEBs, crean interrelaciones más personales, la aceptación de la Palabra de Dios, el reexamen de la vida, y la reflexión sobre la realidad a la luz del evangelio. Acentúan una participación más comprometida en la familia, en el trabajo, en el vecindario, y en la comunidad local. Nos complace señalar la multiplicación de pequeñas comunidades como un evento eclesial importante que es particularmente nuestro y como la «esperanza de la Iglesia». Esta expresión eclesial es más evidente en la periferia de las grandes ciudades y en las zonas rurales. Ellas proveen una atmósfera favorable para el surgimiento de nuevos servicios iniciados por laicos. Han hecho mucho para extender la catequesis familiar y la formación de los adultos en la fe, en formas adaptadas a la gente común.» (III CELAM: Puebla 1979,629).

Surgimiento de las comunidades eclesiales de base en América Latina

Aunque existen comunidades análogas en otros continentes, este movimiento se origina en América Latina. A partir de la década de 1950, estos nuevos «experimentos» aparecieron especialmente en Brasil, Chile y Panamá. Posteriormente, en la década de 1960, el nombre de comunidades eclesiales de base (CEBs) llegó a popularizarse. CEB viene del nombre del Movimiento de Educación de Base, uno de los movimientos anteriores en Brasil que contribuyó al surgimiento de las nuevas comunidades eclesiales. Fueron esencialmente tres —entre otras— las principales fuentes de este movimiento: una preocupación por la evangelización a nivel local en Barra do Piraí, en Brasil; el Movimiento de Educación de Base, con su enseñanza por radio; y experimentos con un apostolado laico auspiciados por el programa pastoral brasileño a nivel naciona1.

Una preocupación por la evangelización

En el año 1956, el obispo de Barra do Piraí en el distrito de Río de Janeiro inició un programa de evangelización en su diócesis. Esta iniciativa surgió cuando, durante una visita pastoral a la zona, una anciana protestó: «En noche buena las tres iglesias evangélicas del pueblo estaban todas con las luces encendidas y llenas de gente. Pudimos escuchar sus himnos … mientras que nuestra iglesia católica estaba cerrada y oscura … porque no conseguíamos un sacerdote».

Éste fue el desafío que condujo a una reflexión más profunda en la Iglesia brasileña. ¿La vida de una comunidad cristiana depende sólo de la disponibilidad de un sacerdote debidamente formado y formalmente ordenado? ¿Si falta este elemento, no hay otros que pueden aportar a la vida comunitaria?

Comenzaron a formar catequistas laicos que servían, en nombre de los obispos, como coordinadores de sus comunidades. Se reunían para orar, oír la Palabra de Dios y nutrir el sentido de comunión fraternal a nivel de la iglesia local. Los domingos y demás días festivos se reunía el pueblo para un «culto católico sin sacerdote» y, de esta manera, acompañar en espíritu la misa que se estaba celebrando en la parroquia madre distante.

Estos catequistas frecuentemente eran maestros de la escuela primaria del vecindario. Se nombraban coordinadores responsables en cada comunidad. Ellos presidían en las oraciones diarias y los cultos semanales. Administraban el bautismo en casos urgentes, ministraban a los enfermos y moribundos y servían según las necesidades. En lugar de capillas dedicadas exclusivamente al culto, construían locales utilizados para escuelas primarias, instrucción religiosa, clases de costura y centros comunales de reunión para resolver los problemas, aun los económicos, del pueblo.

El Movimiento de Educación de Base

En el noreste de Brasil la Iglesia hizo un esfuerzo por convertirse en una comunidad dedicada al servicio de los seres humanos en sus luchas. Los apremiantes problemas sociales: desnutrición, enfermedades endémicas, analfabetismo, explotación socioeconómica y estructuras injustas; llevaron a la Iglesia a buscar respuestas adecuadas.

Estimularon la formación de escuelas y centros de bienestar social e intentaron concientizar al pueblo frente a sus problemas. En este proceso, surgió el Movimiento de Educación de Base. Las escuelas por radio sirvieron como vehículos para fomentar la concientización y el sentido de responsabilidad social: semilleros de la Iglesia. Para el año 1963 había en la arquidiócesis de Natal 1 410 escuelas radiales. Por medio de ellas, las personas aprendían a leer y a formar una unidad comunitaria más pequeña que la parroquia o el pueblo.

[SIGUE...]

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