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Predicación compartida, domingo 28 de mayo
Libertad es compromiso
Marion Bruggen (de Holanda) sobre el texto de Romanos 12: 1-2, 13-18

Queridos hermanos y hermanas,

Durante estos días en el CME, nos hemos reunido alrededor del tema: «Libertad es compromiso». Un tema con una curiosa tensión. Una tensión que quizás también hemos experimentado en nuestros encuentros.

Porque una solidaridad que garantice la libertad, eso parece casi imposible.

Esta es la razón por la que este tema abarca mucho más. Es un mandato para todos nosotros durante este CME. Una llamada a buscar el compromiso común a pesar de nuestras diferencias. No solo a causa del pasado, pero sobre todo a causa del futuro de nuestro mundo.

Nos hemos reunido en Barcelona, la ciudad de Gaudí, la ciudad de la Sagrada Familia. ¿Hemos sido una familia tan santa durante estos días?, ¿Hermanos y hermanas que buscan la salud de los demás y la del mundo?, ¿Una Sagrada Familia para la cual el compromiso y la libertad van unidos?

Como en la iglesia de Gaudí. Considero este edificio como un ejemplo de colores y contrastes y a pesar de ello coherente. Cada fachada (la del nacimiento, la de la pasión y la de la gloria) cuentan su propia historia por su forma particular. Hay lugar para estilos diferentes y a pesar de ello todo forma una unidad. Se puede decir que cada una de estas diferentes partes encuentra su significado gracias al conjunto. Libertad, pero al tiempo compromiso.

Me he preguntado como es posible esto. ¿Podría ser que la solución de este misterio se encuentre en el hecho de que la iglesia está siempre en construcción? La construcción no ha terminado.
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Dejémonos transformar
Corinna Shmidt (de Alemania) sobre Romanos 12,2

No os dejéis amoldar por el mundo actual, sino que dejaos transformar por medio de la renovación de vuestro pensamiento, para que podáis discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto (Romanos 12,2)

Queridos participantes al CME, venidos de cerca y de lejos.

Nos encontramos a principios de abril, habéis oído bien, y yo me encuentro en un convento benedictino para empezar mi tiempo anual de ayuno en tranquilidad. Escucho las palabras de la carta a los Romanos: «No os conforméis a este mundo…» y veo las monjas que atraviesan el patio del convento a la hora de la oración; todo está bien regulado según un ritmo que se renueva cotidianamente. Ellas viven las reglas monásticas establecidas por san Benito; los cinco momentos de oración dan el ritmo a la actividad de cada día.

Efectivamente, aquí vivo otra dimensión del tiempo que aquella que reina en el mundo. Es por esta razón que me encuentro aquí. He buscado este lugar para disminuir mi ritmo, para liberarme del activismo que a menudo me domina, para tomar distancia frente a la corriente de este mundo.

Para mí, un lugar como este, es como una ayuda para andar, una muleta de la fe, para recogerme, para concentrarme en Dios y también para cambiar. En relación con el ayuno, esta paz monacal y la oración hacen que algo se renueve en mí. Ya sé de antemano que seré transformada cuando deje este lugar, después del tiempo pasado aquí.

Hoy, necesitamos lugares para hacer el balance sobre nosotros mismos y sobre nuestra fe, sin tener en cuenta las exigencias y expectativas de los demás. Estos días en el CME, puedo compararlo a este tipo de lugar; hasta hoy, día en el que tengo que hablar, he tenido la oportunidad de escuchar muchas cosas, he vivido encuentros, he vivido la riqueza, he descubierto el tesoro de nuestros diferentes caminos de fe; he aprendido sobre las diferencias de nuestras comunidades, y como cada una tiene su lugar, realiza su misión, donde cada una ha recibido una tarea diferente. Haciendo un pequeño camino juntos, también nos hemos parado, nos hemos liberado de nuestra vida cotidiana, hemos vivido la comunión, hemos orado, hemos  podido —eso espero— fortificarnos recíprocamente en la fe.
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