«Médico cúrate a ti mismo», por Dionisio Byler
Predicación, 15 de octubre, 2006 — 8º Encuentro Menonita Español — Benalmádena, Málaga
Quiero sugeriros un cuadro de Jesús para vuestra consideración y edificación, incluso para que nos identifiquemos con él. Pero quiero que sepáis que yo sé muy bien que lo que voy a decir es pura especulación mía y no debe recibirse como dogma.
Acerca de la vida de Jesús los evangelios guardan un silencio escrupuloso. Los cuatro evangelistas cuyos evangelios han sido aceptados por la Iglesia, coinciden en querer respetar la intimidad personal de Jesús y no darnos el tipo de información humana y personal que hoy día solemos valorar tan altamente.
Sin embargo y a pesar de ese escrupuloso respeto de la intimidad personal de Jesús —donde los evangelios se han querido centrar única y exclusivamente en su ministerio con otros sin contarnos prácticamente nada acerca de su familia— hay dos o tres cosas que sí nos dicen… y el propio silencio también puede ser una manera de decir algo.
En vista del silencio bíblico acerca de la vida personal y familiar de Jesús, desde la más remota antigüedad se ha dado en imaginar que Jesús siempre fue soltero y nunca se casó. Aunque esta idea ha adquirido prácticamente el rango de dogma en la Iglesia, el caso es que la Biblia nunca dice expresamente que Jesús fuese soltero durante sus años de ministerio; ni mucho menos, que nunca se hubiera casado. Sabemos claramente que Pedro tenía suegra, por lo que sabemos que tenía esposa y tal vez también hijos. Sabemos claramente que durante sus años de ministerio, Pablo fue soltero; aunque no sabemos si antes había estado casado. Solamente os pido que reflexionéis que hay más de una manera de ser soletero y una de ellas es la de nunca casarse; pero también existe la posibilidad del divorcio y de quedarse viudo. En aquella era también se podía ser soltero por el hecho de ser un esclavo, que por definición no podía ser legalmente ni esposo ni cabeza de una familia.
Ahora bien: la iglesia primitiva adoptó en los primeros siglos algunas de las presuposiciones filosóficas del platonismo y del estoicismo.
En el platonismo lo más importante era el espíritu. Se entendía que todo lo concerniente al cuerpo era corrupto. Desde luego con esas ideas, un asceta medio muerto de hambre por el ayuno y además virgen, se entendía mil veces más santo que alguien que disfruta del vino, la comida y las relaciones matrimoniales.
Mientras tanto en el estoicismo lo que primaba era el deber; y uno de los deberes más sagrados de todo ciudadano era darle hijos a Roma. Pero también se entendía que harto frecuentemente las pasiones e instintos del cuerpo estorban el ejercicio del deber. Por eso, para los estoicos todo aquel que sabía dominar sus pasiones era virtuoso por excelencia. Y con esas ideas también podía ofender la sensibilidad, quizá, imaginar que Jesús hubiera gozado del lecho matrimonial.
Aunque desde luego también es muy posible que la Iglesia de los primeros siglos recordase con fidelidad ciertos datos acerca de Jesús que no fueron recogidos en ningunos de los evangelios; como por ejemplo, el que Jesús jamás se haya casado.
Sea por el motivo que fuere, el caso es que la presuposición de que Jesús jamás se casó es poco menos que dogma en la Iglesia cristiana.
[SIGUE...]
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