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He Came Preaching Peace      | © 1985 Herald Press, Scottdale, Pennsylvania |


Vino a predicar la paz, por John Howard Yoder


Capítulo 10.
El don de la reconciliación

Según la Biblia, el propósito de Dios siempre ha tenido una forma social.  El propósito de Dios es que haya paz, como realidad compartida en la experiencia humana.  En este texto, Jesús nos instruye muy concretamente cómo ponerla por obra.  Explica un procedimiento para la superación de conflictos.

Si tu hermano peca,
ve y repréndele
estando tú y él solos.
Si te escucha,
has ganado a tu hermano.
Si no te escucha,
lleva a uno o dos otros contigo.
El testimonio de dos o tres testigos
es necesario para sostener cualquier acusación…
Ciertamente, lo que atáis en la tierra
quedará atado en el cielo.
Lo que desatáis en la tierra
quedará desatado en el cielo.

                                       Mateo 18,15-18

La resolución de conflictos ha llegado a ser un término bastante conocido hoy día.  Es una  de las ciencias sociales —una subdisciplina de la psicología— y es una destreza de servicio social.  Tomo nota de ello, no como apoyo a la enseñanza de Jesús sino como un término moderno de uso corriente, que expresa más o menos lo que Jesús ofrece aquí.

Esta enseñanza puede que sea tan de sentido común y tan funcional, incluso tan familiar dentro de tu tradición eclesial, que te puedes estar preguntando si merecerá la pena hablar de ella.  Sin embargo para otros puede que sea una novedad, les resulte poco familiar o incluso, en principio, de dudosa utilidad.  El caso es que es contraria a algunos de los patrones de buenos modales en nuestra sociedad, donde una parte importante de la madurez social consiste en aprender a no meterse en los asuntos de los demás.

Hablaba hace poco con un psicólogo que es miembro de una comuna cristiana.  Él comentaba que las personas que observan la vida en comunidad desde afuera piensan que tiene que ser muy difícil dejar a otros el control del dinero de uno.  De hecho, observaba él, no es así.  Por otra parte, mirándolo desde fuera se suele pensar que no deberá costar mucho amoldarse a vivir conforme a la idea de la amonestación fraternal, afrontando con honestidad las ofensas.  Pero decía que eso siempre resulta muy difícil, incluso después de años de experiencia de vida en comunidad.

[SIGUE...]

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