John Howard Yoder, He Came Preaching Peace © 1985 Herald Press, Scottdale, Pennsylvania
Capítulo 8. La ciudad sobre un monte Queremos poner la mente en una imagen maestra de la literatura profética de la Biblia Hebrea, una imagen que aparece en más de un texto, viendo con especial atención lo que esa imagen comunica en Isaías, Miqueas y Zacarías, aunque sin olvidar sus paralelos en los libros de Ezequiel y Apocalipsis.
La ciudad de Dios sobre un monte a veces (como en Isaías, Miqueas y Zacarías) destaca por encima de los demás montes (a pesar de que hoy, como entonces, los montes vecinos a Jerusalén son más altos) por obra de algún tipo de milagro geológico.
En Apocalipsis, sin embargo, la ciudad desciende desde el cielo, sin dejar de ser de alguna manera equivalente o paralela a Jerusalén y el Monte de Sion.
Frecuentemente (como en Ezequiel, Zacarías y Apocalipsis) la ciudad es fuente de agua que fluye hacia el oriente y el occidente a la vez, dando vida a los árboles que crecen en sus riberas.
Ese cuadro profético reiterado tiene algo permanente que decirnos acerca de los propósitos de Dios para el mundo. Quiero intentar parafrasearlo o traducirlo, sugiriendo aunque más no sea tentativamente, cómo encaja en nuestro programa. Veamos primero el texto que hallamos en Zacarías:
Cuando llegue ese día,
no habrá más frío ni heladas;
Será un día admirable,
sin alternancia entre día y noche.
De Jerusalén fluirán aguas vivas;
la mitad hacia el Mar Oriental,
la mitad hacia el Mar Occidental.
Fluirán en verano e invierno,
y Yahveh será el rey de todo el mundo.
Jerusalén será la cumbre más alta
sin cambiar de lugar:
Jerusalén será un refugio donde vivir.
La meta de Dios al final de la historia es construir una ciudad —un proceso civilizador. La historia empezó con un hombre y una mujer solos en un huerto. Empezó con Noé que toma tierra en la cumbre de una montaña en el extremo noreste del mundo conocido. Pero alcanzará su culminación triunfal en una ciudad: una ciudad ajardinada, situada en una cumbre donde todo el mundo la verá, asentada justo en el medio del mundo. Porque Dios está en medio de la ciudad, no hacen falta candelabros (salvo en Ezequiel) ni templo. Todas las naciones vendrán a ella para traer tributo y para aprender.
Esto significa (en segundo lugar) que el propósito de Dios es un proceso de enseñanza —cuyo fin es llegar a todas las naciones.
Se describe en términos legales:
De Sion saldrá la ley;
Él juzgará…
Él decidirá…
Pero este «juicio» no supone castigo ni acusación. Supone establecer un orden correcto.
Notamos que las naciones no vienen para hacerse israelitas. No se dice que vayan a cambiar de costumbres de alimentación. No hay mención de circuncisión. Ni tampoco, siquiera, de sacrificio. Vienen para aprender la ley del Señor. Vienen voluntariamente.
[SIGUE...]
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