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El reino al revés, por Donald B Kraybill

© 1978, 1990 Herald Press
Traducción por Marta J. de Mejía
© 1995 Ediciones SEMILLA

3. Piedad en el templo

Un paracaídas celestial

Gobernar el mundo por la fuerza no fue la única tentación que Jesús enfrentó; también tuvo que contender con la religión.  La siguiente treta del diablo consistió en invitar a Jesús a adherirse a la religión institucionalizada.  Había muchos judíos justos en el primer siglo; sin embargo, algunos aspectos de la religión institucionalizada habían entrado en estancamiento.  Los rituales con frecuencia eran vacíos y auto indulgentes.   Un complicado código religioso, entretejido con reglamentos acerca de lo que se debía y lo que no se debía hacer, peregrinaciones y sacrificios, enmarcaban mucha de la vida judía, desde la ley civil hasta las fiestas nacionales.

El fervor religioso era profundo y fuerte.  El sistema al revés de Jesús chocaría con los luchadores religiosos de peso completo quienes guardaban la sagrada liturgia del ritual hebreo en el nombre de Dios.  Las autoridades religiosas se enfurecerían cuando Jesús demoliera sus amadas prácticas y costumbres.  Sus dientes crujirían ante la sugerencia blasfema de que Dios estaba en medio de ellos, dando vuelta a las mesas de los cambistas en el santo templo, en el mismo corazón de todo su sistema religioso.

Un aparición súbita como un rayo, ciertamente convencería hasta al más escéptico de los saduceos de la autoridad divina de Jesús.  Así pues, Satanás ofreció a Jesús una opción sumamente atractiva: ¿Por qué no pedir a Dios que certificara su misión en forma milagrosa?  Esto eliminaría todo el hostigamiento de los líderes religiosos.  Una bendición milagrosa y divina cerca del sacro templo borraría cualquiera duda acerca de la autoridad mesiánica de Jesús.  Las masas le seguirían con presteza si los escribas y los sabios reconocieran al recién llegado como el Mesías esperado.  Dejarse caer desde el pináculo del templo haría de Jesús un Mesías instantáneo.

Y así, Satanás lo tentó:  «Vamos, Jesús, hazlo.  Elude el disgusto de los fariseos.  Olvídate de la pobreza y la enfermedad.  No agites la ira de los ricos.  ¿Por qué preocuparse por la cruz?  Hazlo, Jesús.  Sólo déjate caer.»

Treinta acres de piedad

¿Por qué Satanás presentó a Jesús esta tentación?  ¿Por qué era tan importante el templo?  El templo era el pináculo de la vida religiosa, el mismo corazón de la adoración, del ritual, de las creencias, de la fe y de emoción judías.  El templo en Jerusalén agitaba pasiones.  Estaba envuelto en misterio y temor.  era el asiento de la sabiduría, de la ley y de las Escrituras.  Cobijaba el altar judío, único en su género, en el que el sumo sacerdote realizaba los ritos sacrificiales de la expiación una vez al año para todo el mundo judío.  En este único lugar santísimo el sumo sacerdote entraba a la presencia de Dios.  Este lugar era el hogar literal de Dios.  Jerusalén era la «ciudad del templo».  Las arterias de la religión judía palpitaban al ritmo del latir del templo.  Era el lugar obvio para que el astuto Satanás tentara a Jesús.

[SIGUE...]

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