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El reino al revés, por Donald B Kraybill

© 1978, 1990 Herald Press
Traducción por Marta J. de Mejía
© 1995 Ediciones SEMILLA

5. Esclavos libres

Un joven del pueblo es linchado

Jesús respondió con un enfático «no» a los tres reinos al derecho.  Pero, ¿cómo era este reino suyo al revés?  Lucas 4:16-30 comienza describiendo el inicio del ministerio de Jesús en Nazaret, su pueblo natal, otorgando un significado profundo al retorno a su tierra.  Para Lucas, el sermón inaugural de Jesús delante de rostros familiares, devela los misterios del nuevo reino.  Al igual que Lucas, Marcos 1:15 y Mateo 4:17 registran que inmediatamente después de su tentación, Jesús anunció al advenimiento del reino de Dios, pero ubican el acontecimiento del retorno a su pueblo (Mateo 13:53-58, Marcos 6:1-6) más tarde en la secuencia de su ministerio, aunque los dos convienen que los que lo oían estaban maravillados por su sabiduría y poder.

El momento decisivo había llegado.  Jesús se levanta y pasa al frente en la sinagoga de su pueblo.  Se le da el libro del profeta Isaías, pero Jesús no lee, sino lo recita de memoria.  Sus paisanos no pueden creer lo que oyen.  El hijo del carpintero, el hijo de José, declara que él es el ungido.  Dice que él es Dios encarnado; y que el tan largamente esperado Mesías, está de pie delante de ellos.

Citando al profeta, Jesús resume su identidad y misión:

El Espíritu del Señor está sobre mi,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantado de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor.

Lucas 4:18-19 (énfasis añadido)

Las palabras, pregonar libertad, excarcelar, anunciar el año agradable del Señor hacían repicar campanas a los oídos de los judíos.  La gente entendía perfectamente bien lo que Jesús quería decir.  Habían escuchado muchas veces estas frases.  Poner en libertad, excarcelar, soltar, perdonar, restaurar, ¡sí, sí!; estas eran las imágenes de la esperanza mesiánica.  Esto es lo que se esperaba que hiciera el Mesías, «el ungido».

Tres elementos destacan en el uso del pasaje que hizo Jesús (Isaías 61:1-2).  Primero, Jesús revela que él es el Mesías.  Segundo, su misión es dar nuevas de liberación a los pobres, a los ciegos, a los esclavos y a los oprimidos.  Tercero, ésta es la proclamación del año agradable de Dios; luego, concluye con dinamita:  «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros».  El Mesías está aquí, ustedes son los testigos.  ¡Ustedes están viéndolo delante de sus propios ojos!  Yo soy más que el hijo de José, ¡Yo soy el Mesías!

La reacción de los amigos y vecinos ante este mensaje es fascinante.  Cuando comprendieron el impacto total de sus palabras se maravillaron; pero luego, se llenaron de ira, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle.  ¿Qué incitó esta reacción asesina contra uno de los suyos?  ¿Qué dijo Jesús que desencadenó tanta violencia?

En su sencillo anuncio del advenimiento del reino de Dios, Jesús omitió una frase al final del pasaje relativa al día de la venganza, cuando Dios castigaría a los malos.  Varias historias que Jesús incluyó al final de este sermón confirmaron justamente lo opuesto: Dios extendería misericordia y liberación aun a los malos.  Este anuncio que ponía las cosas al revés, enfureció a la multitud.

[SIGUE...]

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