El reino al revés, por Donald B Kraybill
© 1978, 1990 Herald Press
Traducción por Marta J. de Mejía
© 1995 Ediciones SEMILLA
9. Enemigos que se aman
El padre tonto
La violencia es anticuada en el nuevo reino, donde el amor ágape se convierte en la nueva forma de gobierno. Ágape en griego significa amor incondicional y con frecuencia define el amor de Dios. El amor ágape es un amor totalmente despojado de egoísmo, opuesto a los patrones del mundo; es un amor que trasciende la pasión, la amistad y la benevolencia. Va más allá del interés propio. Es el amor que actúa, que ama a los que son difíciles de amar, aun a los enemigos. La compasión, la generosidad, el perdón y la misericordia constituyen la esencia del ágape.
Ágape nace y fluye del corazón del rey del reino, quien es un padre amoroso. Sus súbditos no son esclavos, sino hijos. ellos no dicen: «Sí, su Majestad», sino cariñosamente lo llaman abba, o sea «Papi». En este nuevo orden, los ciudadanos aman generosamente porque un Padre lleno de gracia los abruma con su amor. El amor divino despierta el amor en sus corazones. ¿Qué clase de Padre provoca tal amor?
Para responder a escribas y fariseos que se quejaban porque comía con los pecadores, Jesús relata una historia que demuestra cómo es el amor de Dios.
Dios, los pecadores y los fariseos se ven reflejados en la narración a través de un padre, un hijo que abandona su hogar, y un hermano resentido (Lucas 15:11-32). ¿Cómo es Dios? Esta es la pregunta central de parábola. Jesús sugiere que Dios es como este padre insensato.
De acuerdo a la costumbre judía, el más joven de los hijos tenía derecho a una tercera parte de los bienes de su padre. Las riquezas podían heredarse en dos formas: por testamento después de la muerte del padre, o como donación en vida. En contraste a la cultura occidental, si el hijo recibía la propiedad como donación, no podía disponer de ella hasta después de la muerte del padre. Disponer de ella mientras el padre viviera equivalía a tratarlo como inexistente, como un cadáver. Las costumbres judías demandaban que los hijos honraran a sus padres obedeciéndolos y sosteniéndolos económicamente.
Así pues, la falta de respeto de este hijo hacia su padre era tan mala como el vicio en que cayó mientras estaba lejos. este joven violó las costumbres culturales. Abandonó a su padre y dilapidó su fortuna, de manera que jamás podría ayudarlo económicamente en el futuro. ¡Trataba a su padre como si estuviera muerto! Esta era la conducta más grosera que un hijo podía tener hacia su padre.
Acumulando insulto tras insulto, el hijo termina cuidando cerdos. Este trabajo estaba prohibido en la cultura judía, que consideraba que los cerdos eran animales inmundos en los que habitaban demonios. El hijo no sólo toma este trabajo degradante, sino se identifica con los cerdos al desear comer lo que ellos comían. Había caído hasta el fondo del pozo social. ¡Imagínense la vergüenza del padre! Es seguro que los escribas del pueblo lo miraban con desdén. ¿En primer lugar, por qué entregó a su hijo su herencia siendo éste tan joven? La gente se ha de haber muerto de risa. El hijo había manchado la reputación, la estima y el honor del padre. Tal padre, ciertamente, era incapaz de dirigir o dar consejo sabio en la sinagoga.
Para vindicarse, un buen padre habría deplorado tal conducta públicamente. Un padre sabio no se haría el desentendido, ni aprobaría esa flagrante desobediencia. Legalmente desheredaría al hijo. Indudablemente eso es lo que habría hecho un padre prudente, pero no este padre.
[SIGUE...]
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