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El reino al revés, por Donald B Kraybill

© 1978, 1990 Herald Press
Traducción por Marta J. de Mejía
© 1995 Ediciones SEMILLA

11. Lo bajo es alto

La escalera social

En el último capítulo contemplamos la interacción humana sobre un tablero de ajedrez.  La vida social, sin embargo, no se desarrolla en un plano horizontal.  El tablero de ajedrez social lo debemos visualizar en forma vertical, con sus casillas apiladas una encima de la otra, como los apartados postales en la oficina de correos.  Unas casillas están considerablemente más altas que otras.  Capturamos esta dimensión vertical de la vida cuando hablamos de apilar órdenes y de escaleras sociales.  Tales palabras son muy descriptivas y reflejan el hecho que la sociedad no es plana.  La gente no es igual.  Algunos son más importantes y distinguidos que otros.  La estratificación es un término técnico que se aplica a la jerarquización social.  Este capítulo explora las perspectivas cristianas acerca del poder y de la estratificación.

Hay quienes prefieren sonreír dulcemente y pensar que, después de todo, todos somos iguales; pero si meditamos un poco, nos convenceremos que la estratificación existe.  Un padre orgulloso porque su hija se ha graduado de abogado, comparte entusiastamente la noticia con sus amigos.  Pero el mismo padre se avergüenza cuando cuenta que otro de sus hijos ya no quiere seguir estudiando la secundaria.

Enfrentémoslo.  El que ocupa un puesto en un comité ejerce más poder que los miembros comunes.  En el ámbito denominacional, los episcopales gozan de más prestigio que los pentecostales.  Los judíos, como grupo étnico, tienen más influencia en la política norteamericana que los amish.  Naciones, iglesias, grupos étnicos, ocupaciones y personas son jerarquizados y ocupan un rango particular en nuestra mente.  El apilamiento emerge en todas las sociedades.  Está profundamente enraizado en la experiencia humana en todo el mundo.

Los rangos sociales disminuyen el valor de algunas personas y añaden valor a otras.  Valorizamos a la gente por su habilidad para realizar un trabajo determinado.  Los presidentes, los doctores y los gerentes son valiosos.  Los lustrabotas, lavaplatos y mecanógrafos no lo son tanto.

Nuestro ingreso semanal subraya esta dura realidad.  Se nos paga de acuerdo a valores determinados socialmente.  Nuestra paga nos recuerda cuánto valemos.  Es difícil establecer la diferencia entre nuestro valor como personas y nuestro valor económico.  Vemos a los demás según el valor económico del salario que devengan.  Podemos decir a una persona que es muy importante, pero si le pagamos la mitad de lo que pagamos a los demás, esta persona sabrá muy bien qué pensamos de ella.

Un sociólogo ha observado que debiéramos escoger con mucho cuidado a nuestros padres, pues nuestro nacimiento determina el lugar que ocuparemos en el sistema de estratificación.  La altura de nuestro escalón en la escalera social ejerce un impacto inmenso en las oportunidades que tendremos en la vida.  Hay un mundo de diferencia entre nacer en una familia acaudalada, o en una pobre.  Su influencia va desde experimentar desnutrición o mortalidad infantil, hasta asistir a la universidad, ir a parar a prisión o caer en la tortura mental.  La calidad de nuestra vida, cuidado médico, educación, trabajo, vivienda, aun nuestra misma longevidad, dependen en gran medida del escalón en donde nos toque nacer.

[SIGUE...]

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