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El reino al revés, por Donald B Kraybill

© 1978, 1990 Herald Press
Traducción por Marta J. de Mejía
© 1995 Ediciones SEMILLA

12. Fracasos exitosos

La política del lebrillo

Hemos visto que Jesús tomó un camino independiente de los partidos políticos existentes en Palestina.  No respaldó a los saduceos «realísticos» que trabajaban de la mano con los romanos.  Rechazó los rituales de la religión convencional dirigidos por los progresistas fariseos.  La serena vida de la comunidad esenia tampoco sedujo a Jesús.  Y hemos visto que dio un enfático no a la violencia revolucionaria de los patriotas rebeldes.  Jesús rechazó estas cuatro estrategias para enfrentar la dominación romana.  En su reino están ausentes el templo, la ley oral, el desierto (o sea el aislamiento) y la espada.  A pesar de que Jesús no abrazó estas opciones políticas, se mantuvo en medio de los acontecimientos.

Los reinos despliegan banderas y estandartes.  Simples pedazos de tela despiertan profundas lealtades emocionales e impulsan a la acción audaz.  Las banderas y estandartes representan la identidad colectiva de un reino.  Las banderas del reino al revés, ¡también están al revés!  No son los símbolos tradicionales que enarbolan los reyes al derecho.  Las banderas de nuestro reino son un pesebre, un establo, un asno, un lebrillo —o sea una palangana— una corona de espinas, una cruz y una tumba.  Estos no son los emblemas que acompañan a un rey que nace en los recintos reservados en los hospitales para gente muy importante.  Sus signos son limosinas blindadas, coronas doradas y el aplauso internacional.

Pero no se equivoquen, Jesús es Rey.  Él no entra caminando a Jerusalén; cabalga como un rey.  Su montura, sin embargo, no es el blanco corcel de un comandante en jefe, sino el asno de un hombre pobre.  La profecía judía consideraba que el asno era la montura real de un rey justo y humilde (Zacarías 9:9-10).  Jesús es Rey; sí, pero ciertamente un rey poco común.

La cruz se ha convertido en el símbolo preeminente, en el estandarte de la iglesia cristiana.  Encarna el sacrificio expiatorio del amado Hijo de dios por los pecados del mundo.  También simboliza el camino de la no-resistencia que Jesús adoptó ante el implacable rostro del mal.  No obstante, el concentrarse únicamente en la cruz, puede infamar la misma razón de su existencia.  Tres símbolos al revés fluyen juntos de la fuente del relato del evangelio: el lebrillo, la cruz y la tumba.  El lebrillo es realmente el máximo símbolo cristiano.  Jesús mismo usó voluntariamente un lebrillo para representar su ministerio de servicio.  La cruz fue un símbolo romano, una cruel insignia del poder del Estado para ejecutar a los criminales.  Los poderes gobernantes usaron la cruz, un instrumento de muerte, como reacción ante las iniciativas de servicio del lebrillo.  La tumba vacía fue la palabra final de Dios.  A través de las edades constituye la señal de que Dios derrotará las fuerzas del mal.

En el contexto de la Última Cena, cuando su ministerio terrenal estaba por concluir, Jesús enarbola la bandera de su reino al revés.  «… Se levantó de la mesa, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido…» (Juan 13:4-5).

La toalla y el lebrillo son los instrumentos de trabajo del esclavo.  Este Rey al revés, usa las herramientas asignadas a los siervos.  En lugar de los símbolos reales de espada, carroza y blanco corcel, Jesús recoge los instrumentos de servicio.  En cualquier hogar en Palestina era costumbre que el esclavo lavara los pies de los invitados mientras éstos se reclinaban para comer.  Como maestro de sus discípulos, Jesús tenía, por tradición, el derecho de esperar que ellos lavaran sus pies.  Él se despojó de sus privilegios.  En lugar de exigir servició, él sirve.  Mientras Jesús se arrodilla para lavar pies, el discípulos se sienta en el lugar de su maestro.

[SIGUE...]

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