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Congreso de la Global Mission Fellowship — Almaty, Kazajstán, 18-20 de septiembre, 2006
Estrategia de misión (3)

Una perspectiva anabaptista de la misión, por Wilbert R. Shenk

1.  Introducción

En el transcurso de los años que me he visto involucrado tanto en la práctica como en la reflexión sobre la misión, siempre me han movido dos inquietudes.  La primera, que la misionología debe ser coherente con la visión teológica de la iglesia que envía.  Es un problema con dos aspectos.  Por una parte, son harto frecuentes los casos donde los misioneros han discrepado con la iglesia que les envía, respecto a cuestiones teológicas importantes.  Esto no debería sorprender mucho, si se tiene en cuenta que el misionero ha pasado largos años de su vida lejos de la iglesia que le envió, inmerso en otra cultura y ocupado en el desarrollo de la iglesia allí.  También es cierto que la iglesia que envía tampoco para quieta.  La cultura eclesial es dinámica y fluida en todas partes, siempre que la iglesia siga viva y esté procurando dar respuestas dentro de su propio contexto.  De manera que el misionero que se ausenta durante largos períodos, acaba por perder contacto con los temas candentes a que tiene que hacer frente la iglesia que le ha enviado.

El problema puede surgir por otro cuartel.  Si la visión teológica de la iglesia que envía no es muy clara, esa propia falta de claridad se acabará trasmitiendo a la iglesia donde trabaja el misionero en otro contexto diferente.  Aunque llevamos más de treinta años enfatizando la importancia de que la misión se realice de una manera apropiada a su contexto, no debemos ignorar cómo las ideas se acaban transportando de una cultura a otra.  A veces esto sucede sin que se piense en ello y por tanto no intencionadamente.

No es baladí señalar que fueron los líderes de las iglesias menonitas y de Hermanos en Cristo en África, América Latina y Asia, las que primero expresaron esta inquietud.  Reiteradamente les hemos oído preguntar:  ¿Por qué los misioneros que trabajaron con nosotros no nos compartieron la historia y teología de los anabaptistas?  ¿Por qué no nos facilitasteis el acceso a la historia anabaptista/menonita?  Era una pregunta válida; pero, sinceramente, a nosotros en Occidente nos produjo bastante zozobra.  No teníamos —y hasta el día de hoy seguimos sin tener— una respuesta satisfactoria.  De hecho, esta respuesta (o falta de respuesta) ha puesto de manifiesto la distancia que existía entre la teología de la iglesia que enviaba, y la misionología que guiaba al misionero.

La segunda inquietud es que tenemos que poder explicar nuestra visión teológica de una manera misionológica.  La mayoría de nosotros no nos sentimos preparados para hacer esto.  Al hablar con colegas de otras tradiciones eclesiales, descubro que es una cuestión que ellos tampoco han abordado.  Uno de ellos me dijo hace poco:  «No sabría por dónde empezar si tuviera que hablar sobre las derivaciones misionológicas de mi tradición».  Por demasiados años hemos aceptado sin cuestionamiento, que puestos a hablar sobre la iglesia y la misión o la teología y la misión, la una no tiene nada que ver con la otra.  Es como si la iglesia fuera por unas vías de ferrocarril y la misión por otras.  Se da por supuesto que ningún teólogo que se precie hablará sobre la misión y que ningún misionólogo se atreverá con el trabajo teológico serio.  Por demasiadas generaciones hemos mantenido estos compartimentos estancos y ahora, a pesar de que empezamos a albergar serias dudas sobre la legitimidad y utilidad de esta división categórica, nos cuesta una enormidad cambiar nuestros patrones de pensamiento y acción.

Es mi firme convicción que la única visión teológica digna del cuerpo de Cristo es aquella que estimula y motiva a la iglesia para dedicarse a la misión que Jesús encomendó a sus discípulos...

[SIGUE...]

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