Reflexiones sobre el terrorismo, por Dionisio Byler — diciembre2002
1. El terrorismo puede tener muchos puntos de parecido con la religión:
- El fanatismo, la dedicación total, donde ninguna otra cosa importa…
- Es un fenómeno imposible de comprender desde fuera: sólo tiene sentido y lógica para quien está adentro.
- La convicción absoluta de las ideas; no cabe la duda, la certeza es total: es un planteamiento de fe respecto al futuro que se pretende.
2. Vemos en la historia bíblica algunas conductas que podrían parecer propias de la mentalidad del terrorista:
- Abraham dispuesto a sacrificar a Isaac (y en general el fenómeno de los sacrificios humanos/infantiles).
- Pero muy especialmente, el relato bíblico de la Conquista de Canaán. Este es el caso más antiguo de que yo tenga conocimiento, de guerra puramente religiosa; y resulta una guerra extrañamente moderna, extrañamente parecida a los conflictos típicos del siglo XX. Desde el nazismo en Alemania y el sionismo en Israel, pasando por Irlanda del Norte, Bosnia, Ruanda y Kosovo, y llegando hasta el radicalismo vasco, los planteamientos son siempre parecidos a la Conquista de Canaán en la Biblia:
- Alguien se siente con derecho «divino», incuestionable, sobre un territorio nacional que hasta ese momento es de otro grupo étnico, o lo más frecuente, que en ese momento comparte con otros grupos étnicos por circunstancias históricas de inmigración, conquista, conversiones religiosas, etc.
- Se llega a estar convencido de que la única manera de hacer justicia, ser felices, vivir vidas dignas, humanas y libres, es separarse de esa población extraña, extranjera, distinta a uno. La presencia de ese «otro» en la tierra es una abominación, algo inaguantable, porque impide el pleno desarrollo del potencial humano de los que son como uno…
De los que son como uno en ese único factor del que se ha decidido que pende lo verdaderamente humano y digno: religión, lengua, clase social, raza, etc. Si lo importante es la religión, la lengua, la clase social y la raza no importan; si lo importante es la raza, no importan la religión ni la lengua ni la clase social; si lo importante es la lengua, no importan ni la religión ni la clase social, etc.
Partiendo desde este punto de partida en que se han fijado, entonces…
- Hace falta templar el corazón y no dejarse ablandar por sentimentalismos débiles ante la necesidad histórica de la muerte, la guerra y la crueldad más absoluta. Cuando a uno le tiembla el pulso, es necesario recordar que las víctimas son distintos a uno en ese rasgo que se ha decidido que es el más importante y fundamental, y que por tanto las víctimas quizá no sean del todo seres humanos, por lo menos no de la misma manera que uno y los suyos lo son. Luego también hay que recordar que las víctimas, antes de ser víctimas, son la causa de la deshumanización que padece la etnia de uno. Incluso la aparente bondad de una víctima en particular es engañosa: esa persona no es perjudicial porque sea personalmente malvada o contraria a los intereses de uno, sino porque su misma existencia perjudica los intereses de uno; y así quizá resulte incluso más perjudicial siendo bueno que siendo malo, porque siendo bueno es más difícil acabar con él.
Todo esto, como he dicho, donde primero se vio fue en la Conquista de Canaán según el relato bíblico, según la lectura más natural y superficial que se suele hacer del texto.
- Sin embargo, aunque las religiones se han prestado frecuentemente a fanatismos homicidas enormemente afines con el terrorismo en su talante y disposición asesina, yo estoy convencido de que Jesús de Nazaret nos quiso enseñar otro camino, muy distinto.
[SIGUE...]
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