{"id":1708,"date":"2021-04-12T12:14:45","date_gmt":"2021-04-12T12:14:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.menonitas.org\/db\/?p=1708"},"modified":"2021-04-12T12:20:38","modified_gmt":"2021-04-12T12:20:38","slug":"078","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.menonitas.org\/db\/2021\/04\/12\/078\/","title":{"rendered":"Desobediencia c\u00edvica y divina protecci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"font-size:14px\">12 de abril de 2021&nbsp; \u2022&nbsp; Lectura: 7 min.<br>Foto de \u00e9poca: Protesta y represi\u00f3n policial<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A<\/strong>yer fue un d\u00eda lleno de recuerdos para m\u00ed. En primer lugar, fue el 40 aniversario de la llegada de nuestra familia a Espa\u00f1a, el 11 de abril de 1981. Hab\u00edamos salido de Argentina tres a\u00f1os antes con destino a Estados Unidos, donde yo acabar\u00eda la carrera de teolog\u00eda y Biblia. Nuestra idea hab\u00eda sido regresar a Argentina, pero entonces fuimos invitados a venir a Burgos, donde hab\u00edamos de prestar apoyo al movimiento de Comunidades Cristianas. Consentimos en venir por tres a\u00f1os, con la idea de regresar despu\u00e9s, por fin, a Argentina. Desde entonces, como dec\u00eda, han transcurrido 40 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Venir a Espa\u00f1a y dejarnos trastocar toda nuestra idea de d\u00f3nde nos radicar\u00edamos y a qu\u00e9 parte del pueblo de Dios dedicar\u00edamos toda una vida en el ministerio cristiano, fue uno de los hitos importantes de mi peregrinaje en seguimiento del Se\u00f1or Jes\u00fas. Ya hab\u00eda sentido en otros momentos de mi joven vida, que declarar a Jes\u00fas \u00abmi Se\u00f1or\u00bb significaba dejarme mandar, dejar de mandar en mi vida yo. Pero nuestro llamamiento a Espa\u00f1a dio nuevo contenido a esa realidad. Desde entonces tengo perfectamente asumido que Dios presta atenci\u00f3n cuando lo tratamos con ese t\u00e9rmino, \u00abSe\u00f1or\u00bb; y que al escuchar esa palabra en nuestra boca, se dispone a ejercer como tal.<\/p>\n\n\n\n<p>No fueron los \u00fanicos recuerdos que viv\u00ed ayer.<\/p>\n\n\n\n<p>En estos tiempos de aislarnos en casa por la pandemia, nos hemos habituado como todo el mundo a ver pel\u00edculas y series para pasar el rato. Ayer por la tarde vimos <em>El juicio de los 7 de Chicago.<\/em> Ver esa pel\u00edcula fue una experiencia dura para m\u00ed, porque me hizo rememorar lo que viv\u00ed en Estados Unidos en otra ocasi\u00f3n anterior de estudiar all\u00ed, en los a\u00f1os 1967-71. Aunque nac\u00ed en Argentina, mis padres fueron estadounidenses \u2014con lo cual adquir\u00ed yo por nacimiento esa segunda nacionalidad\u2014 y me mandaron all\u00ed a estudiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran los a\u00f1os de la expansi\u00f3n de la Guerra de Vietnam, y la conscripci\u00f3n masiva de chicos para enviar a esa guerra. Junto con esa espada de Damocles que pend\u00eda sobre toda mi generaci\u00f3n, surgi\u00f3 entonces el auge de protestas y rebeld\u00eda juvenil contra esa guerra y todo lo que representaba. A comienzos de 1968 Eugene McCarthy \u2014del mismo Partido Dem\u00f3crata que el presidente Johnson\u2014 desafi\u00f3 al presidente con su candidatura en las primarias, enarbolando la causa de poner fin a la guerra. Vistos los \u00e9xitos tempranos de McCarthy, Robert Kennedy decidi\u00f3 declarar su propia candidatura, con igual ideal. Pero en la primavera de 1968 el pa\u00eds entero se vio sacudido por sendos asesinatos: el de Martin Luther King y el de Robert Kennedy.<\/p>\n\n\n\n<p>En el verano se celebr\u00f3 en Chicago la Convenci\u00f3n del Partido Dem\u00f3crata para elegir su candidato a la presidencia. Hubert Humphrey ten\u00eda ya atados los compromisarios necesarios para triunfar, pero a Chicago se dirigieron diferentes convocatorias de protesta contra la guerra, con la intenci\u00f3n de presionar al partido y al pa\u00eds entero. La pel\u00edcula <em>El juicio de los 7 de Chicago<\/em> narra c\u00f3mo esas protestas degeneraron en disturbios y en una represi\u00f3n policial de enorme dureza. Y en un juicio rocambolesco, a la postre, a siete presuntos instigadores de la revuelta.<\/p>\n\n\n\n<p>Concluida la pel\u00edcula, empec\u00e9 a contarle a Connie por qu\u00e9 la pel\u00edcula me hab\u00eda afectado tanto.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo lo de Chicago lo viv\u00ed desde la distancia, sigui\u00e9ndolo por la televisi\u00f3n. Pero me identificaba con la causa de los que hab\u00edan ido a protestar, y que estaban siendo tan brutalmente reprimidos. Yo era pacifista por convicci\u00f3n evang\u00e9lica; y nuestra denominaci\u00f3n, la Iglesia Menonita, desaprobaba tambi\u00e9n por eso mismo todo tipo de medida de fuerza. Ese verano, adem\u00e1s, necesitaba trabajar largas horas en una f\u00e1brica de caucho, para costearme los estudios; ausentarme del trabajo era impensable. As\u00ed que no me hab\u00eda propuesto en ning\u00fan momento participar en esas protestas. Pero mi simpat\u00eda estaba con los represaliados, no con la polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En el verano de 1969, algunos de mis compa\u00f1eros de la escuela universitaria Goshen College, emprendieron un largu\u00edsimo viaje por carretera hasta Oreg\u00f3n, donde se celebraba la Conferencia General de la Iglesia Menonita. All\u00ed presentaron una petici\u00f3n de que la iglesia apoyase oficialmente a los chicos que se negaban a colaborar con el sistema de conscripci\u00f3n militar. A\u00f1os antes, las iglesias pacifistas de EEUU hab\u00edan conseguido del gobierno la excepci\u00f3n para sus j\u00f3venes, que pod\u00edan realizar trabajos de utilidad social en sustituci\u00f3n del servicio militar. Para muchos, entonces, respaldar ahora a sus j\u00f3venes que desobedec\u00edan la ley de conscripci\u00f3n que ya los exceptuaba, parec\u00eda deshonesto. Sin embargo, tras mucho debate, al final la Convenci\u00f3n General menonita apost\u00f3 por prestar ese apoyo a sus j\u00f3venes que se rebelaban contra el esfuerzo b\u00e9lico en Vietnam.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese oto\u00f1o, entonces, devolv\u00ed mi carn\u00e9 que certificaba que me hab\u00eda inscrito como pacifista evang\u00e9lico en el sistema de reclutamiento, explicando con una carta que me daba de baja. Era una acci\u00f3n del todo simb\u00f3lica, por supuesto. \u00a1Era imposible darse de baja! Escrib\u00ed un art\u00edculo para una revista evang\u00e9lica de difusi\u00f3n por todo el pa\u00eds, donde explicaba lo que motivaba ese paso para m\u00ed. Eso, y una extensa entrevista que me hizo una amiga para un peri\u00f3dico en 1971, me dio cierta notoriedad; por la que acab\u00e9 figurando entre aquel n\u00famero, proporcionalmente reducido, de objetores que el Estado consider\u00f3 necesario castigar para dar ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes, en 1970, fui llamado a una reuni\u00f3n excepcional del brazo local del sistema de reclutamiento. Los estudiantes y profesores de Goshen College se solidarizaron conmigo. Convocaron una reuni\u00f3n donde se decidi\u00f3 que me acompa\u00f1aran un profesor y una estudiante. No recuerdo qui\u00e9n fue la estudiante, pero siempre he sentido una inmensa gratitud al profesor Millard Lind, por el apoyo de su acompa\u00f1amiento. Tuve que entrar solo a declarar; pero saber que ellos me esperaban en la antesala, y que adem\u00e1s se celebraba a esa hora una reuni\u00f3n de oraci\u00f3n \u2014por m\u00ed y por el fin de la guerra\u2014 en el campus de la escuela, me infund\u00eda un \u00e1nimo que me sigue emocionando.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue al contar eso a Connie, que me desmoron\u00e9 en l\u00e1grimas y sollozos. Me sorprendi\u00f3 la intensidad de la emoci\u00f3n que me sobrevino, m\u00e1s de medio siglo despu\u00e9s, al recordar ese apoyo que viv\u00ed. Al cabo de unos instantes me repuse y pude continuar la relaci\u00f3n de mis recuerdos. (Connie, por cierto, ya conoc\u00eda por supuesto todo esto; pero se dio cuenta que yo necesitaba hablar de ello otra vez, y me escuchaba sin interrumpir.)<\/p>\n\n\n\n<p>En el oto\u00f1o de 1971 empec\u00e9 a buscar la forma de volver a Argentina. Ese verano, despu\u00e9s de un semestre en el seminario menonita, hab\u00eda servido de pastor interino \u2014a pesar de mi juventud\u2014 en una iglesia menonita hispana en el estado de Iowa. De vuelta en el seminario ese oto\u00f1o, habl\u00e9 con la agencia misionera menonita y descubr\u00ed que hab\u00edan recibido, de la iglesia de mi ciudad natal, Bragado, la petici\u00f3n de un profesor de ingl\u00e9s y director de coros de ni\u00f1os. As\u00ed es como se decidi\u00f3 que ir\u00eda yo para esas funciones en febrero, concluido el semestre de estudios en EEUU, y siendo para entonces verano en el hemisferio sur.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco despu\u00e9s de concretar ese compromiso, recib\u00ed la visita de dos agentes del FBI. Los engranajes de la justicia no ten\u00edan prisa pero eran implacables. Mi perseverancia en la desobediencia a la ley de conscripci\u00f3n militar estaba por fin desembocando en acci\u00f3n. Me intimaron que esta era mi \u00faltima oportunidad de cambiar de actitud. Que el siguiente paso ser\u00eda mi arresto y juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Fui entonces a hablar con Lorenzo Greaser, de la misi\u00f3n menonita, para explicarle que mi futuro inmediato estaba en el aire, y que no pod\u00eda garantizar que para febrero siguiera en libertad como para viajar a Argentina y cumplir con mi compromiso con la iglesia de Bragado. Le suger\u00ed que tal vez deber\u00edan buscar otra persona para esa misi\u00f3n. \u00c9l me pregunt\u00f3 qu\u00e9 pensaba hacer. Le dije que nada: que intentar\u00eda proseguir con mi vida como si nada, a ver qu\u00e9 pasaba. Me dijo entonces que si yo estaba dispuesto a eso, \u00e9l y la misi\u00f3n tambi\u00e9n. Sent\u00ed un enorme alivio, m\u00e1s que nada porque sent\u00eda que la Iglesia Menonita segu\u00eda apoy\u00e1ndome, pasara lo que pasara.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final pude viajar a Argentina en la fecha prevista, sin ning\u00fan tipo de inconveniente. Al cabo de unas semanas recib\u00ed una carta de uno de los compa\u00f1eros de la casa donde hab\u00eda estado viviendo esos \u00faltimos meses en EEUU. A la semana de marchar para Argentina, hab\u00edan llegado para arrestarme. Cuando preguntaron por m\u00ed, mis amigos se echaron a re\u00edr y dijeron que estaba en Argentina. Eso, naturalmente, les pareci\u00f3 una tomadura de pelo; as\u00ed que registraron la casa entera desde el tejado hasta el s\u00f3tano. Pero era verdad; yo ya no estaba en el pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Un colof\u00f3n final a esta historia, es que algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, ya casado y con dos hijos, regresamos a EEUU para que yo pudiera completar mis estudios en el seminario menonita. Un buen d\u00eda alguien, no me acuerdo qui\u00e9n, me dio una carta que hab\u00eda llegado a aquella casa donde viv\u00ed los \u00faltimos meses antes de marchar a Argentina. En ella se me notificaba que el presidente Carter en 1977 hab\u00eda firmado amnist\u00eda y perd\u00f3n para todos los que hab\u00edan desobedecido la ley de conscripci\u00f3n militar durante la Guerra de Vietnam; en vista de lo cual, yo ya no era considerado pr\u00f3fugo de la justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegados a este punto, supongo que deber\u00eda escribir en breve el segundo cap\u00edtulo de esta historia. En Argentina tambi\u00e9n hab\u00eda, por supuesto, servicio militar obligatorio. Mis convicciones pacifistas y desobediencia evang\u00e9lica deb\u00edan, entonces, ser puestas a prueba all\u00ed tambi\u00e9n. El riesgo que conllevaba haber nacido con dos nacionalidades.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D\u00eda de emocionantes recuerdos, ayer. Hace 40 a\u00f1os nuestra familia lleg\u00f3 a Espa\u00f1a. Acabar\u00eda siendo nuestro hogar, echando ra\u00edces ahora en tres generaciones. Y por la tarde, tambi\u00e9n ayer, mi esposa y yo vimos una pel\u00edcula basada en hechos reales, que me trajo muchos recuerdos de mi juventud, all\u00e1 por el a\u00f1o 1968. 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