¿Vas a la iglesia? ¿O sigues a Jesús?
por Lynn Kauffman

casa de reuniones   «Casa de reuniones» anabaptista en Pingjum (Países Bajos). Nótense los asientos en el perímetro. Las sillas del centro fueron añadidas posteriormente.
 
Este artículo me recuerda que los anabaptistas del siglo XVI solían prohibir ir a las iglesias, tabernas, y demás lugares de mala reputación. «Las iglesias» eran esos edificios monumentales donde se celebraba el abracadabra mistificador de una religión que no generaba seguidores de Jesús. Lo que hacían los anabaptistas —como aquí Lynn Kauffman— era reunirse en cualquier lugar que les resultara conveniente, para animarse unos a otros a la fe y a esa vida santificada para que los estaba rehabilitando el Espíritu del Señor cada día.

La propia arquitectura de las «casas de reunión» anabaptistas —cuando al final cesó la persecución y pudieron empezar a construirlas— indicaba que donde se sentían cómodos es en las cocinas de sus casas: Las sillas estaban dispuestas desde el perímetro del salón hacia el centro —para verse las caras— y no en filas hacia el frente (para verse las nucas).
—D. Byler

¿Vas a la iglesia? ¿O sigues a Jesús?

Veo que nuestra congregación va saliendo de «Egipto» y está de camino a «la Tierra prometida». Poco a poco estamos dejando atrás una manera mediocre de vivir la vida cristiana, por algo más dinámico y sano, propio de los que siguen a Jesús. Estamos distanciándonos de lo que yo tacharía de mentalidad de «ir a la iglesia», para seguir a Jesús según Marcos 1,17: Y Jesús les dijo: «Seguidme, y yo haré que seáis pescadores de hombres».

Así que estamos en un desierto por el momento. Y sí, estar en un desierto puede ser una experiencia agradable y necesaria —siempre y cuando nos estemos moviendo por donde hallemos agua, vida y renovación espiritual en el camino.

Tal vez haga falta definir qué es lo que sería esa mentalidad de «ir a la iglesia». Básicamente esta mentalidad nace de mandamientos humanos y tradiciones religiosas que al final no contribuyen a la vida. Seguir a Jesús, al contrario, es una invitación bíblica y una experiencia de vida. Es aquí donde experimentamos la vida abundante.

La mentalidad de «ir a la iglesia» tiende a centrarse en lo religioso, con sus prohibiciones y ritos. Predomina el temor no saludable a Dios, en vez saber disfrutar el amor del Padre. Las obligaciones religiosas y el rendimiento espiritual están en primer plano. Muy a menudo eso produce relaciones superficiales y rotas. Pero seguir a Jesús nos lleva a relaciones sanas —primero con Jesús, pero también con otros. Y así van en aumento el gozo y la paz. 

La mentalidad de «ir a la iglesia» hace hincapié en la reunión dominical y en un edificio religioso. Mientras que seguir a Jesús enfatiza vivir como discípulos suyos cada día de la semana y vivir la vida de Jesús, estemos donde estemos. Los adeptos a la mentalidad de «ir a la iglesia» tienden a llevar la cuenta de la asistencia a las reuniones dominicales. Los seguidores de Jesús reconocen que si es que el Señor está llevando la cuenta, va a ser de aquellos que procuran vivir como indica Marcos 1,17.

La mentalidad de «ir a la iglesia» tiene una inclinación al egocentrismo. Seguir a Jesús nos inclina a procurar servir a los demás. La mentalidad de «ir a la iglesia» roba sutilmente a muchos creyentes su llamamiento principal de conformarse a la imagen de Jesús y ser transformados en pescadores de hombres.

Irónicamente, ir a la iglesia los domingos puede constituir parte del discipulado cristiano. Nos conviene reunirnos con otros seguidores, para crecer espiritualmente, animarnos unos a otros, y prepararnos para ser mejor la sal y luz del mundo. Sin embargo, para esto es mejor recurrir a palabras bíblicas como «reunirse«, «juntarse» y «congregarse», en vez de hablar de «ir a la iglesia». Por esta razón no suelo decir que voy a la iglesia. Esa es una forma de expresarse que trae demasiado bagaje religioso en el sentido de obligación carente de vida interior. ¡Lo que a mí me ilusiona —y mucho— es reunirme con otros cristianos los domingos, y en otros contextos, para la mutua edificación! Eso, para mí, no es lo mismo que «ir a la iglesia».

Cada individuo se inclina más, o a la mentalidad de «ir a la iglesia», o bien a vivir la vida entera siguiendo a Jesús. Vamos más en una dirección o en la otra otra. Una manera de saber si estoy viviendo la vida de Jesús es preguntarme: ¿Tengo una pasión creciente por Jesús y un amor activo para con otros? ¿O me veo a mí mismo como una buena persona que va a la iglesia los domingos para cantar, escuchar un sermón y dejar mi ofrenda, pero que vive durante la semana básicamente sin pensar nada en Dios y en el bienestar de los que le rodean? La honestidad ante estas preguntas es importante.

Cuanto mayor sea la proporción de los que se comprometen a dejar atrás de una vez por todas las tradiciones de «Egipto» para ir en dirección a la «Tierra Prometida», tanto mayor será nuestro impacto en el mundo. Cuanto mayor sea el número de los miembros que se alejan de la mentalidad de «ir a la iglesia», mientras se proponen seguir más fielmente a Jesús como indica Marcos 1,17, tanto mayor será nuestro testimonio de ser sal y luz para los que nos rodean.

¿Dónde te encuentras tú en este viaje espiritual? ¿Más tocado por la mentalidad de «Egipto»? ¿O acercándote cada vez más a la «Tierra Prometida»?


Lynn Kauffman sirvió muchos años en España con los Hermanos Menonitas y otras comunidades, antes de regresar, con su esposa Mary, a su California natal.